MANUEL MATA

“La felicidad no estriba
en tenerlo todo
estriba en estar contento con todo lo que uno tiene”
Tomás Calvo Mateo (autoridad ancestral maya)

Siempre que tenemos una meta, sabemos que el esfuerzo será el pago que tendremos que realizar para conseguirla, si bien nuestros objetivos pueden ser muy claros y bien establecidos a corto, mediano y largo plazo; el logro de estos puede brindarnos satisfacción, o bien, desilusión.
Avanzar en el camino hacia nuestras metas puede verse afectado por nuestra falta de estrategia, pobreza en las destrezas necesarias para los fines que pretendamos, o bien, vacilar y estar dispersos, poniéndonos con ello el pie nosotros mismos al impedirnos concentrar nuestra energía. Es como si quisiéramos iniciar un fuego con el lente de una lupa; tenemos que concentrar la energía del Sol para que esta se convierta en un punto pequeño y constante, de otro modo el fuego no podrá ser iniciado. Ya tenemos el primer paso: la energía (luz del Sol) y el segundo; la voluntad (la lupa, dirigida por nuestra mano) con un buen clima y protegiendo este primer fuego de las inclemencias ocasionadas por los demás elementos, podremos cuidar que este crezca y con ello usarlo para lo que nosotros consideremos. ¿Qué nos da la satisfacción? Ver que la chispa de nuestro deseo se ha cumplido o cuidar que la energía de ese deseo no cambie, cultivando una intención estable y disfrutando el tiempo que dure esta ensoñación hasta su consumación. ¿Se disfruta más el camino?, o ¿se disfruta más el destino?
Los planes que tenemos cuando iniciamos una relación de pareja surgen de intenciones compartidas, sueños e ideales que al enfrentarse al espejo de la realidad y en función de lo que hemos cosechado en esta vida, podrán verse realizados. Pero qué ocurre cuando estos cambian o no se cumplen, inmediatamente nos enfadamos con nuestra pareja o compañero, pensamos que no ha trabajado lo suficiente o que posiblemente nos está defraudando. Pocas veces nos detenemos a mirar hacia nuestro interior, a nuestras propias acciones, difícilmente tenemos la humildad para hacer una autocrítica y preferimos vivir en la arrogancia, sentimos que nadie tiene nada que enseñarnos y que solo nosotros tenemos la razón. ¿Qué hay de la otra persona? Ella también tiene sus metas personales, círculo social e intereses. Nos casamos con una persona por afecto, compromiso o interés; cualquiera que sea el caso, es algo que decidimos. El compartir un proyecto de vida es como construir un edificio, dependiendo de cuánto queremos que este dure, serán la calidad de los materiales que invirtamos para su construcción, si tenemos las licencias para levantar el plano arquitectónico y la experiencia previa para dirigir un grupo de albañiles, sumado a un previo estudio para elegir adecuadamente un terreno que no esté fangoso o en alguna situación legal compleja, más el dinero suficiente para completar dicha obra, podremos sentirnos más tranquilos al momento de comenzar a construir. Sin embargo, si alguna de estas causas no está presente o es de una calidad diferente, no será extraño descubrir dificultades en el proceso de construcción y más aún en el momento de su habitación, a esto es a lo que llamamos problemas, que para los profesionales representan oportunidades. Si son situaciones en donde podemos buscar un mejor material para la construcción de nuestro proyecto de vida y a esto me refiero al sistema de creencias que conforma nuestra identidad y la de nuestra pareja, sumado a su personalidad y experiencias, si nuestros sistemas son afines, entonces podemos acudir a un terapeuta de pareja, escuchar y aplicar sus recomendaciones. Si detectamos que el problema tiene que ver con las personas involucradas en nuestra relación, como la familia o amigos, será importante detener las intrigas antes de que ocasionen más daño en nuestras vidas, para ello te recomiendo que prestes atención a los cambios súbitos de comportamiento y cuando exista algún desacuerdo o incomodidad lo puedan platicar y resolver juntos.
Las mejores obras también se derrumban.
Reconstruir será el trabajo al que tenga que enfrentarse una relación de pareja después de un suceso fatal, como la pérdida de un hijo o algún bien difícil de recuperar. Vivir un duelo es un verdadero reto, enfrentar un suicidio la peor condena, salir victorioso de situaciones verdaderamente difíciles, el más grande honor y un enorme crecimiento personal.
Destruir, la acción más fácil, incluso se necesita de no pensar para ejecutarla. Aunque para algunas situaciones el término de un ciclo es el mejor camino para cerrar con una relación dañina. Comenzar primero con sanar las heridas ocasionadas por este perjuicio, heridas que al igual que una rasgadura en la piel, será importante lavar; vivir el dolor de la purificación, para dar paso a los cuidados necesarios hasta llegar a la cicatrización, de vivir este proceso de sanación y renacer como la mariposa que se permitió vivir la muerte de sí misma para desplegar sus alas y emprender el vuelo gracias a su cuerpo ligero, dejando atrás esa identidad pesada con el que se identificó por muchos años, o vivir un tiempo más, con una nueva vitalidad como el águila después de destruir su pico y otras partes de su cuerpo.
Deconstruir es un proceso arquitectónico en el que se reinterpretan elementos tradicionales de una construcción emblemática para ser contextualizados a las tendencias contemporáneas. Un ejemplo de ese proceso lo tenemos con el Caballito de Reforma, que en la actualidad es una obra que empata con las vanguardias de estilo contemporáneas de los edificios ubicados en esa importante vía pública de la Ciudad de México, el Caballito original lo encontramos en la plaza Manuel Tolsá. Las vanguardias en materia de relaciones humanas también se reinterpretan, se cambian de posición o jerarquía; las relaciones de compromiso actuales y debido a ideologías liberales, el concepto de familia ha dejado de ser la primera institución del hombre para dar paso a las relaciones de compromiso como el poliamor, así lo demuestra la reciente reforma al código civil de Colombia, en donde el pasado junio se realizó la primer trieja; unión de tres hombres. Descubrirse sapiosexual, poliamoroso, homosexual, transexual entre otras manifestaciones, nos permite recordar que la diversidad se da en todos los rubros, incluido el amor.
¿Y tú construyes, reconstruyes, destruyes o deconstruyes?

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