El 6 de junio de 1944, el Ejército de los Aliados dio por comenzada la batalla de Normandía, con la que serían liberados los pueblos europeos ocupados por la Alemania Nazi. Tratándose de una de las operaciones clave en el desenlace de la segunda Guerra Mundial, el inicio de dicha operación fue conocido como Día D. Desde entonces, suele utilizarse esa expresión para referirse al día en que debe iniciarse una ofensiva o combate. Este es el caso de la gran final del Apertura 2018.

Redención o supremacía, gloria o humillación. Será la primera vez en la historia de los torneos cortos en que dos clubes que comparten fortaleza se enfrentarán en la última instancia del campeonato. El Coloso de Santa Úrsula tendrá a campeón y subcampeón como local de manera simultánea. Desde ahí comienza a escribirse la historia.

No es para menos que la expectativa sobre el partido del día de hoy se eleve hasta las nubes. De por sí, se habló hasta el cansancio del poderío de ambas escuadras previo a la final de ida, con el resultado del pasado jueves solo se amplifican las ansias de espectáculo. Todo aquel que ama el futbol está seguro –y desea ciegamente– de que la historia del partido anterior no puede repetirse: nadie juega dos finales seguidas como si fuesen partidos de inicio de temporada.

Entre un arbitraje penoso, estrategias tímidas en la cancha e intimidantes fuera de ella, la nota la dieron los errores más allá de las jugadas futboleras. Muchos tuvimos analepsis con respecto a altercados pasados al ver a Miguel Herrera, Jesús Corona y Paul Aguilar inflar el pecho y ponerse en guardia durante los minutos finales del encuentro. A nada estuvieron de llegar a los golpes varios que se saludaban de manera “amistosa” durante el día de medios, frente a las cámaras de Univisión.

El primer acto de esta obra concluyente del año natural fue gris, muy poco digno de lo que ambos clubes mostraron a lo largo del torneo. El exceso de patadas demostró que celestes y azulcremas jugaron a destiempo, nerviosos y herméticos. Por ello, mucha gente apuesta a que la resolución del campeonato se dará desde la distancia inmedible para las Águilas: los 11 pasos.

El Día D ha llegado. Estamos a, por lo menos, 90 minutos de conocer al sucesor de Santos Laguna. Por ahora, la corona les aprieta a ambos equipos. Solo aquel que sepa liberar las tensiones y jaquecas futbolísticas será merecedor de sacralizar al estadio Azteca con sus colores.

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