Qué vivan los estudiantes, jardín de las alegrías.
Son aves que no se asustan de animal ni policía.
Y no les asustan las balas ni el ladrar de la jauría.
Violeta Parra

Sí, qué vivan los estudiantes, esas miradas llenas de vida que te iluminan cuando entras a un salón de clases. Sí, que vivan las estudiantes, esas voces que te cuestionan mejor que tu propia conciencia. Quienes siempre te dan las mejores lecciones de vida, aunque pocas veces se dan cuenta. Y te obligan a mirarte como de verdad eres justo cuando estás frente a ellos y ellas explicando cómo se redacta una hipótesis o cuándo se fundó la primera publicación de mujeres en la prensa nacional o cómo se estructura un reportaje.
Este día, 23 de mayo, fue declarado por la juventud estudiantil mexicana que en 1929 luchó por la autonomía de la Universidad Nacional de México. Fueron agredidos por el Estado pero su fuerza y su necedad resultaron ser más grandes y a los pocos meses la institución logró ser declarada autónoma.
Eran los mismos que inventaron ese famoso “goya” de su porra ya memorable. Algunos testimonios evocan a esas voces juveniles que a veces escapaban de clases y su lugar preferido para irse de pinta era un cine llamado Goya. Por las calles del centro histórico de la Ciudad de México se escuchaban sus ecos donde se preguntaban: ¿A dónde vamos? Y la respuesta una y otra vez: ¡Al Goya, al Goya, Goyaaaa!
Cómo olvidarlos en ese octubre de 1968, cuando la imaginación intentó tomar el poder, esa tarde del día 2, el poema de Elsa Cross que los delataba tal cual:
Nos gusta la escuela y también irnos de pinta al bosque.
Y poner a los maestros un apodo irrespetuoso…
Nos gustan los Beatles, las fiestas y el futbol.
Amamos sin retórica la belleza y la paz.
Y no nos gusta, señores. Yo lo juro.
Que un muchacho de nuestros mismos años
(ni cualquier hombre o mujer sobre la tierra)
se vuelva difunto o asesino en sus guerras imbéciles…
Pero vamos al grano, en dos o tres palabras,
lo que pasa poderosos señores.
Es que el mundo que nos heredan,
es un poco demasiado puerco, viejo y podrido, y definitivamente… No nos gusta.
Y cómo escribir sobre ese tema sin pronunciar con fuerza y amor, coraje y solidaridad a los 43 que nos faltan, a los tres que somos todos, a los que escarbaron en los escombros del terremoto de ese 19 de septiembre de 2017. Nuestros estudiantes, nuestro ejemplo, nuestra fuerza, nuestro secreto de eterna juventud para quienes damos clases y convivimos tan cerquita de ellos. Los estudiantes, mis estudiantes, gracias por seguir inspirando nuestras vidas.

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