“Los que nacen pobres, pobres morirán”, frase lapidaria que refleja el fracaso social de un régimen que se distingue por la corrupción y el falso discurso, según análisis que realizó el Centro de Estudios Espinoza Yglesias, además reveló que el esfuerzo de las personas no es determinante para su mejoramiento socioeconómico, ya que 70 por ciento de los que nacieron en condiciones de pobreza vivirán pobres.
La causa, el bajo poder adquisitivo del salario y la escasa capacitación para desarrollar su creatividad que pueda traducirse en competencias laborales y profesionales de mayor remuneración. El determinante legal de los salarios mínimos se estipula en el artículo 90 de la Ley Federal del Trabajo, “el salario mínimo deberá ser suficiente para satisfacer las necesidades de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria a los hijos”.
Si así fuera, en nuestro país no existirían más de 50 millones de pobres, ni tampoco niños y niñas de la calle; la realidad es que el salario mínimo fijado por el gobierno federal viola la Constitución porque está por debajo de la línea de la pobreza, según la Cepal.
En el promedio de naciones que forman parte de la OCDE los salarios representan 66 por ciento de su PIB, pero en México llega solamente al vergonzoso 29 por ciento; la falta de empleo formal y bien remunerado, obliga a los padres a realizar actividades informales, que representan 57 por ciento del total del empleo, convirtiéndolos en vendedores en las calles, mientras que los hijos enfrentan peligros mortales.
Los bajos salarios, sumados a la precariedad laboral y a una elevada informalidad, llevan a millones de mexicanos a una situación dramática: trabajar por unas ganancias diarias que no los dejan escapar de los tentáculos de la pobreza.
Según el Inegi, de más de 54 millones de personas económicamente activas, solamente 3.5 por ciento está desempleado, la misma institución reportó que el PIB creció 2.5 por ciento en el primer trimestre de este 2017, a pesar de que los expertos estiman que al final del año llegaremos solo a 1.5 por ciento.
Cada vez es más amplia la queja tanto de organismos empresariales como de otras organizaciones, sobre todo de investigadores, que los reportes tanto del Inegi, como del Coneval y del IMSS, han dejado mucho que desear, porque no captan ni divulgan los cambios profundos de la realidad económica y social, la información que publican solo satisface el autoengaño de los altos funcionarios y endulza el oído de las empresas globales que son las únicas que crecen.
El régimen de Peña Nieto continúa manejando que es la inversión extranjera la impulsora del crecimiento, pero las inversiones extranjeras que llegaron en las últimas décadas, no han creado más capacidades productivas ni han incrementado el empleo a más mexicanos, en cambio sí trajeron trabajadores de sus países, por lo que el envío de sus remesas de utilidades representa ya un alto riesgo a la vulnerabilidad financiera del país, según la Cepal.
Ban Kimon afirma que el crecimiento por sí solo no es suficiente, es imprescindible empoderar a las personas mediante el trabajo decente y el salario digno, además de apoyarlas a través de prestaciones sociales. Pero nuestras autoridades están mercantilizando a la educación y a la salud, quitando derechos a los trabajadores como el descuento de 50 por ciento de su sueldo por enfermedades laborales, entre otras acciones que atentan contra lo estipulado en el artículo tercero de la Ley Federal del Trabajo que al texto dice “el trabajo es un derecho y un deber social. No es un artículo de comercio”.
En México, existen 2 millones 5 mil niños menores de 18 años que trabajan, 32 por ciento de niños indígenas no asisten a la escuela, mientras que 62 por ciento de los niños mexicanos han sufrido maltrato por lo menos una vez en su vida.
Llegamos a un primero de mayo donde la precarización del trabajo crece, aumenta la desestabilización del empleo con salarios cada vez con menor poder adquisitivo por la falta de incrementos reales y de una carente capacitación pertinente y efectiva, una informalidad laboral en aumento, como disfraz del bajo desempleo y subempleo y un sindicalismo de parapeto.
Llegamos a un 30 de abril más mercantil que humano, por la carencia de políticas públicas efectivas que fortalezcan el desarrollo de nuestra niñez, que es la reserva de cerebros del país, lo peor, sin una educación que los prepare para los nuevos empleos que la dinámica tecnológica está generando; agréguele usted el resurgimiento del fascismo en Europa y la amenaza de guerra entre las potencias. Necesitamos cambios en nuestras estructuras políticas para poder enfrentar los desafíos, las presentes estructuras ya se agotaron.

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