Un día llegué a mi casa paterna, como toda casa de pueblo en el mismo lote familiar están varias viviendas que comparten patios comunes, en la casa de mi hermano un grupo de niñas jugaban encabezadas por mi sobrina, ella se acercó para saludarme y explicarme que había invitado a sus primas, ese día tenían una fiesta en casa de sus otros abuelos, las niñas estaban entusiasmadas porque estrenaban vestido, también querían lucir el mejor peinado. Entonces a mi sobrina se le ocurrió invitar a sus primas a su casa, ellas hacían fila mientras mi hermano se afanaba en realizar el peinado más elaborado de la niña en turno, en total sumaban cinco niñas más mi sobrina.
La habilidad de mi hermano para peinar a su hija no fue un propósito de su vida, fueron las circunstancias que le obligaron a desarrollar esa y otras habilidades. Cuando su hija tenía ocho meses de edad, su esposa consiguió trabajo en otro municipio que la mantenía fuera de su hogar de lunes a viernes, como pareja decidieron que la niña debía quedarse en la casa paterna. Así, repentinamente mi hermano se quedó al cuidado de su hija, ropa, alimento y juegos quedaron bajo su responsabilidad, verlo lavar y tender la ropa infantil se volvió cotidiano, pero las burlas de sus compañeros y vecinos no se hicieron esperar, señalamientos como “dejado”, “mandilón” y chiflidos eran parte de las “bromas”. Su actitud se mantuvo firme, pues a cambio recibía un amor incondicional de su hija; en las reuniones de la escuela era el único padre que asistía, pero también fue el único que en su trabajo recibió la visita de los y las compañeras de la escuela para cumplir la actividad “el trabajo de mi papá”.
Todos los días de escuela mi sobrina acudió con peinados fuera de lo común, tan llamativos que ese día cinco impacientes niñas esperaban ser peinadas, entonces puse atención en las manos enormes de mi hermano que con habilidad y destreza amarraba, trenzaba y cepillaba el cabello de las niñas, en nadie repitió el peinado y los adornos fueron acordes al color de los vestidos. Todas quedaron impecablemente peinadas y se mostraban orgullosas de lucir un peinado único.
El tiempo ha pasado, mi sobrina es ahora una adolescente, ella se peina todos los días, pero cuando se trata de peinado para fiesta su papá es su estilista personal, solo basta verlos para adivinar la profunda confianza que tienen y la seguridad que mi sobrina muestra sobre el cariño de su padre.
La familia de mi hermano es uno de los tantos casos donde el ingreso de ambos integrantes de la pareja es vital para mantener una calidad de vida y vivienda, la necesidad de un ingreso a veces significa que alguien debe asumir roles para los cuales no se estaba preparado, peor aún, enfrentar el cuestionamiento de las personas que vigilan y sancionan la reproducción de los roles tradicionales, eso hace una lucha entre la voluntad individual de hacer lo correcto para las personas que se aman o responder a la presión de mantener la costumbre de la división tradicional del trabajo entre hombres y mujeres.
La celebración del Día del Padre es un hecho incorporado paulatinamente en el imaginario colectivo de nuestra sociedad, me parece importante ese intento de reconocer a los hombres que se han esforzado por convertirse en los padres que sus hijos e hijas necesitan, esos que no tienen miedo a desempeñar roles de cuidado y realización de labores domésticas, porque saben que a cambio reciben todo el cariño y respeto que han sabido dar.
¡Feliz Día del Padre!

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