El 8 de marzo volvimos a ser testigos y protagonistas de la conmemoración de la trágica muerte de más de un centenar de mujeres trabajadoras que ejercían su legítimo derecho de huelga y de lucha laboral, al ser calcinadas en una brutal represión de parte de sus patrones y con la venia muda de una sociedad de doble mortal como la estadunidense.
Hoy, esa doble moral en torno a una lucha por la igualdad de los derechos de la mujer que inició muchos siglos antes en la antigua Grecia y que probablemente se dio paralelamente en muchos lugares del mundo occidental, sigue causando avances pero también mucha controversia, ignorancia, sumisión y hasta radicalismo.
Desde la “propuesta” del uso de una licuadora para erradicar “definitivamente” el órgano sexual masculino hasta proponer el 50 y 50 por ciento de igualdad entre hombres y mujeres en puestos laborales para 2030, que fue el exhorto oficial de la Organización de Naciones Unidas, y que también generó algunos debates.
Ese día, denominado Día Internacional de la Mujer, en el que cada vez que las reivindicaciones de las luchas sociales, políticas, laborales, culturales de las mujeres se hacen escuchar fuerte y claro, los ataques de los sectores conservadores y misóginos que vienen mayoritariamente desde el Estado mexicano en los medios masivos de comunicación vendidos convierten ese día en un festejo para las “mujercitas” a las que hay que mandarles flores y tarjetas de felicitación este día invitando a la población a tratar a la mujer con “benevolencia”.
La práctica de la demagogia y el atole con el dedo ejercida por funcionarios de gobierno no tiene límites, por cinco minutos hablan de los derechos de la mujer, sin dejar de tratarla como un objeto, y regresan a sus casas a golpear a su esposas e hijas; se rasgan las vestiduras diciendo que se van hacer leyes sobre derechos de la mujer, sentados en los expedientes de cientos de miles de mujeres asesinadas, miles de desaparecidas, docenas de presas políticas y miles de mujeres presas por su condición social y de género por el simple hecho de serlo y que tienen años esperando a que se les haga justicia.
Hoy, se abre una iniciativa desde los pueblos originarios que pertenecen al Congreso Nacional Indígena (CNI). Esta iniciativa nos propone a todas y todos otra forma de autogobernarnos desde un Consejo Indígena de Gobierno y una mujer como vocera y candidata a la presidencia para 2018.
Una iniciativa que desde el día que se hizo pública en un comunicado, el primero de enero de este año, puso a girar incluso a las mentes más liberales y de “izquierda” de este país que inmediatamente les emanó el racismo y el sexismo con el que crecieron toda su vida, ya sin mencionar la miopía y la falta de claridad intelectual con la que se manifestaron mostrando el plástico fino de su doble moral y verdadera naturaleza.
Sin embargo, la propuesta va, tan solo el día 8 de marzo en el Café Zapata en la Ciudad de México, convocadas y convocados por los Adherentes a la Sexta, se hizo un merecido homenaje a una de nuestras grandes mujeres que nos ha dado la patria, luchadora incansable hasta su muerte, por los derechos de los pueblos, de las mujeres, de todas y todos, una mujer que junto a muchas, tuvo que usar un pasamontañas, un paliacate rojo y un arma para que junto muchas y muchos se hiciera visible: la comandanta Ramona del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
En este homenaje se reunieron, hablaron y convivieron mujeres que luchan desde sus distintas geografías y modos, desde las madres de 43 estudiantes desaparecidos de la normal de Ayotzinapa, colectivos artísticos, militantes de todos los oficios y de todas las luchas, hasta representantes del CNI.
Aquí, se habló sobre una de las grandes aportaciones de la comandanta Ramona a la lucha como una de las artífices de la Ley Revolucionaria de Mujeres, una ley publicada en 1993 construida por miles de mujeres indígenas y que rige desde entonces en las comunidades indígenas zapatistas, marcando un hito en la manera de concebir la igualdad de género, los derechos de las mujeres, la lucha revolucionaria y la construcción desde abajo por mujeres y hombres juntos por igual.
Para quienes todavía tienen telarañas en la cabeza y se dejan adoctrinar por todo lo que les dicen sus malos gobiernos, esa ley de 10 puntos puede despejarles muchas cosas.
Ley Revolucionaria de Mujeres

Primero. Las mujeres, sin importar su raza, credo, color o filiación política, tienen derecho a participar en la lucha revolucionaria en el lugar y grado que su voluntad y capacidad determinen.
Segundo. Las mujeres tienen derecho a trabajar y recibir un salario justo.
Tercero. Las mujeres tienen derecho a decidir el número de hijos que pueden tener y cuidar.
Cuarto. Las mujeres tienen derecho a participar en los asuntos de la comunidad y tener cargo si son elegidas libre y democráticamente.
Quinto. Las mujeres y sus hijos tienen derecho a atencion primaria en su salud y alimentación.
Sexto. Las mujeres tienen derecho a la educación.
Séptimo. Las mujeres tienen derecho a elegir su pareja y a no ser obligadas por la fuerza a contraer matrimonio.
Octavo. Ninguna mujer podrá ser golpeada o maltratada físicamente ni por familiares ni por extraños. Los delitos de intento de violación o violación serán castigados severamente.
Noveno. Las mujeres podrán ocupar cargos de dirección en la organización y tener grados militares en las fuerzas armadas revolucionarias.
Décimo. Las mujeres tendrán todos los derechos y obligaciones que señala las leyes y reglamentos revolucionarios.

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