El libro Diagnóstico participativo de las poblaciones indígenas del estado de Hidalgo. Hacia la conformación de un programa estatal de población indígena, producto de un proyecto dirigido por el profesor universitario Germán Vázquez Sandrín del área académica de sociología y demografía del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de la alma mater hidalguense, inicia con un agradecimiento a los habitantes de las localidades Itzócal, Pahactla, El Copal, San Miguel, Los Reyes, El Espíritu, La Estación y La Florida, en donde fue desarrollado el proyecto de investigación financiado por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) delegación Hidalgo, el cual pretende demostrar que debe haber programas específicos por cada comunidad y que obedezcan a la solución de problemas y a un desarrollo sustentable.

Asimismo, el coordinador del proyecto, el doctor Vázquez Sandrín, resaltó el apoyo de investigación recibido por Lauriana Ñonthé Silis e Itzel Marcos Botho, que dio como resultado conocer del acontecer en esas regiones y otras de la entidad hidalguense.

En su nota introductoria, el autor aporta datos para quien aborda de manera profesional esos temas y que también son útiles para los lectores. Cita que en 2010 fueron reconocidas 68 agrupaciones lingüísticas, así como 164 variantes y su distribución territorial extendida por todo el país, de lo que se concluye que México es rico en diversidad de culturas en sus distintos pueblos indígenas.

Varios investigadores estiman que al adoptar la categoría de pueblo indígena se omiten las particularidades existentes dentro de cada grupo étnico y se obtiene un “saldo” en el que la pobreza, la exclusión, el rezago, al ser común denominador de prácticamente todas esas comunidades, es lo único que las caracteriza. En algunas ocasiones se asume que el pueblo indígena tiene una cultura propia; no es así, lo que queda es una aglomeración de rasgos de distintas y, en ocasiones, divergentes culturas.

Al estudiar los pueblos y comunidades indígenas en una escala pequeña pueden diferenciarse sus propias características demográficas, así como el conjunto de causas que influyen en su fecundidad, mortalidad y marginación. Sin embargo, la política de población en México sigue empleando la categoría panétnica de población indígena en lugar de distinguir a cada uno de los pueblos.

El autor asevera que en México existe un programa nacional de población destinado a orientar las líneas de política cuyo propósito es contribuir a elevar la calidad de vida de los mexicanos, a lo que añade que cada pueblo indígena debe contar con un programa específico de la realidad que responda a su cosmovisión y a sus propias necesidades materiales y simbólicas. Esa opinión debe ser tomada en cuenta por el Consejo Nacional de Población para emprender la planificación etnodemográfica mediante consultas efectivas y la participación de los probables beneficiados.

Al respecto, desde 1990 las leyes nacionales en la materia garantizan la consulta a los pueblos indígenas más allá de lo que establezcan las leyes locales, lo que constituye un marco legal suficiente para ejercer en el ámbito local la planificación participativa en todos los temas vinculados para alcanzar una mejor calidad de vida de esos pueblos.

Bajo esas premisas, el proyecto de Diagnóstico participativo de las poblaciones indígenas del estado de Hidalgo. Hacia la conformación de un programa estatal de población indígena consistió en ofrecer un análisis de los principales problemas de la población de tres regiones indígenas de Hidalgo establecidas en el Valle del Mezquital, la Huasteca y la zona Otomí-Tepehua, sustentado en la participación de los propios indígenas.

En el diagnóstico fueron utilizados tres métodos de análisis y recolección de datos: la observación participante, el análisis de fuentes bibliográficas y el análisis demográfico apoyado en fuentes estadísticas para lograr producir un programa formalizado de manera conjunta entre habitantes de pueblos indígenas y autoridades competentes.

En síntesis, se propone demostrar que los pueblos indígenas vean reflejadas sus aspiraciones en materia de población y que sean de utilidad para que verdaderamente los tres niveles de gobierno apliquen políticas de población convenientes a sus intereses y aspiraciones.

El libro Diagnóstico participativo de las poblaciones indígenas del estado de Hidalgo. Hacia la conformación de un programa estatal de población indígena en sus conclusiones insiste en que los análisis sustentados en la problemática social, realizados de manera conjunta, son una nueva forma de planeación demográfica; el programa que se aplique estará diseñado para cada población y se olvidará de la vieja práctica de medir a todos los pueblos con el mismo rasero.

La argumentación se basa en tres premisas: la población indígena en Hidalgo, así como en otras entidades, presenta características culturales, sociales y demográficas muy variadas, y los problemas de las poblaciones no son iguales ni tampoco las aspiraciones.

Con respecto a la segunda premisa, el marco legal le da el derecho a la población de contar con un propio programa que sirva para regular los fenómenos que la afectan.

Finalmente, la tercera premisa se basa en que la planeación demográfica debe obedecer a principios del etnodesarrollo, por lo que cualquier programa debe ser planteado de manera particular con la participación de los interesados y para beneficio de ellos conforme a su cosmovisión.

El texto apunta que en Hidalgo el 16 por ciento de la población es hablante de lengua indígena, según datos de 2010; en tal virtud, los análisis demográficos deben ser distintos para el Valle del Mezquital, la Huasteca y la zona Otomí-Tepehua.

Vázquez Sandrín, responsable del proyecto, afirma que el Valle del Mezquital es una región sui géneris que presenta un crecimiento demográfico lento debido a la fuerte migración hacia Estados Unidos (EU) y las bajas tasas de fecundidad; la Huasteca hidalguense destaca por el poder y la dinámica de su cultura tradicional indígena, y una muestra de ello es que el 52 por ciento de su población de cinco años y más, en el año 2000 hablaba una lengua indígena, por lo que se trata de una población joven, en crecimiento demográfico con tasas de fecundidad superiores.

En la región Otomí-Tepehua la división de edades y sexo en la población es similar a la Huasteca hidalguense, sin embargo, el efecto de migración generó una marca más honda en su pirámide de edades y presenta mayores dificultades en la transferencia intergeneracional de la lengua indígena. Además, esa zona es mucho más marginada que las otras regiones del estado, derivándose también que el acceso a escolaridad es menor y los servicios de salud son inexistentes o de mala calidad.

Ese diagnóstico participativo debe obligar a los responsables de las políticas públicas para pueblos indígenas a atender de inmediato sus modelos de desarrollo generales y optar por establecer propios para cada comunidad, que obedezcan a las necesidades y aspiraciones de sus pobladores.

El libro puede consultarse en las bibliotecas de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y en la librería Carácter de la Ciudad del Conocimiento. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

Comentarios