La lucha por el control de la junta de gobierno del Congreso local persiste. Ayer se reanudó la sesión que había quedado en pausa desde la tarde del pasado martes con objeto de terminar de instalar a la nueva legislatura y, sobre todo, definir a las distintas comisiones legislativas entre ellas la junta de gobierno, la de mayor importancia para el funcionamiento del Congreso del estado y que se ha convertido en la manzana de la discordia entre dos bloques que hoy se encuentran confrontados al interior del legislativo local: el de Morena como fuerza mayoritaria junto con un diputado de Nueva Alianza y el del PRI junto con sus ahora satélites: PAN, PRD, PT y PES. Ayer, cuando parecía que la parálisis legislativa se resolvería, los diputados de ambos bloques comenzaron a defender sus argumentos de tal forma que parecía que ninguno escuchaba al otro. Ambos bloques legislativos se encuentran convencidos de que la razón les asiste y no quieren ceder un milímetro sus posiciones, de ahí que no se vea por dónde destrabar el conflicto. Lo cierto es que la presencia de grupos de choque en la sesión de ayer solo agrega más tensión al ya enrarecido clima en el Congreso local. Lo positivo de que la nueva legislatura haya comenzado sus trabajos en medio de una crisis política es que los hidalguenses por fin tenemos un Congreso local en el que se delibera cada punto y en donde difícilmente se impondrá la voluntad de un grupo o partido político sobre el otro. Los nuevos legisladores tendrán que aprender a dialogar con sus adversarios políticos, actividad que es fundamental para cualquier parlamento. De filón. Parece acertado que el cabildo de Pachuca haya aprobado que, en adelante, además de pasar por la dirección de reglamentos y espectáculos, todas las licencias de funcionamiento para bares, cantinas y otros establecimientos que vendan bebidas alcohólicas, deberán ser aprobadas por esa misma representación colegiada y no en lo oscurito de alguna oficina del ayuntamiento.

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