ANÓNIMA
Pachuca

Que ahora la compra de “servicios sexuales” será penalizada en Francia, como ha sucedido en otros países de la Unión Europea, primermundistas, de esos que siempre están a la vanguardia en ecología, tecnología y todo lo relacionado al progreso. Por eso me asombra ¿prohibición?, esa me parece una medida más propia de la Edad Media que de la era con el mayor flujo
de información en la historia.
No dudo de la buena voluntad de los legisladores y académicos que apoyaron esta ley, entre ellos seguro un montón de feministas, y esto me hizo pensar en la plática que tuve con una entrañable amiga investigadora y feminista, justo cuando le hablé de mi decisión de trabajar, otra vez, en el comercio sexual. Con la misma mirada serena y maternal con la que siempre recibe esas noticias que a otros les vuelan la cabeza, me dijo tranquilamente que cualquier cosa que decidiera hacer estaba bien, y luego de platicar largo y tendido de mis experiencias en mi primer fin de semana en el teibol, se confesó “feminista abstencionista” de las que opinan que la prostitución mantiene la dominación masculina, pero también me dijo que le había hecho replantearse su postura. Y es que ella lleva más de un año escuchando mis carencias y todas las penas que me provoca mi dificultad para hacerme de unos pesos con mis locos horarios.
El problema es que el punto de vista de quienes formularon e impulsaron esa ley, no es el de una prostituta, es el de alguien que observa desde un escritorio. Otra es la opinión de quienes trabajan cercanos a las trabajadoras sexuales, como Sarah-Marie Maffesoli, de la organización Médicos del Mundo, quien apunta que esta medida solo pondrá en riesgo a las prostitutas al aislarlas aún más.
Este es un tema delicado, que debe verse en su conjunto, hacernos conscientes de que el comercio sexual es amplio y diverso, indudablemente lleno de oscuros recovecos, peligrosos y dañinos tanto para clientes como para trabajadores, pero también ha significado una tabla de salvación para millones de mujeres en todo el mundo y de cualquier estrato social, que vemos en esta actividad económica una oportunidad para emanciparnos quizás de un marido golpeador o unos padres violentadores, especialmente en un país como mi México lindo, en el que si no coges eres una apretada, llevar condón en la bolsa es de putas, abortar te convierte en una monstruosa criminal sin sentimientos, si eres madre y no estás casada eres una pendeja, y si eres madre trabajadora no tienes tiempo ni de cortarte las uñas y en la mayoría de los casos percibes un sueldo de miseria por jornadas extenuantes que se suman a los quehaceres domésticos.
Por otra parte están los clientes, que no todos son lobos aterradores en busca de ovejas perdidas, también están los que tienen serias dificultades para las relaciones sociales, ya sea por alguna discapacidad física o intelectual, por falta de tiempo, por ansiedad social o qué sé yo. Para algunas personas no es fácil entablar una relación de índole sexual, pero igual son seres sexuados.
Desde el punto de vista de una servidora, y creo saber un par de cosas acerca de la prostitución y la dominación masculina, la prohibición es una medida retrógrada a todas vistas. Cómo me gustaría invitarles un cubetazo de chelas en mi trabajo a quienes apoyan esta ley, para que vieran a esa veintena de mujeres de todas las tallas y formas (porque dice con razón el dueño del bar que en gustos se rompen géneros) subirse al tubo a bailar su canción favorita, sentirse dueñas de sus cuerpos y, lo más importante, ganarse en 10 minutos de baile lo que se ganarían en una semana de trabajo pesado en una fábrica.
Quizá solo es que a veces la libertad se encuentra en donde otros dicen que hay cadenas, y viceversa.

La compra de
“servicios sexuales”

será penalizada
en Francia,
como ha sucedido
en otros países de
la Unión Europea

 

 

 

 

 

 

 

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