Para bien cerrar el año, este 21 de diciembre se publicaron por fin en el Diario Oficial de la Federación los Lineamientos generales sobre la defensa de las audiencias. Como bien sabemos esta medida tiene una larga y nutrida historia, pero más allá de ello es importante no olvidar que es un segundo paso. El primero ha sido el planteamiento, el debate, luego las modificaciones a las leyes correspondientes. La formalización en el Diario Oficial ha sido el punto siguiente, pero el tercero es el crucial y definitivo: la observancia y respeto de estos lineamientos.
¿En un país con la tradición de ejercicio legal será una excepción esta nueva figura?
Si bien México no es el país de las leyes, tenemos un marco nutrido en muchos temas y derechos. La misma Constitución fue en su momento un hito vanguardista en el siglo XX. Se dice que de alcance mayor y con más visión que la emanada de la Revolución rusa. Sin embargo, con el paso de los años, de las décadas y ahora del siglo, el problema no son las leyes sino su aplicación, su concreción de derechos y obligaciones. De ahí la duda y la deuda.
Como bien sabemos, el origen del desarrollo de los medios electrónicos nacionales es privado, el carácter público de estos se marginó ante la necesidad de desarrollar una industria más, exitosa y fortalecida, dejando de lado su carácter privado y el aspecto crucial que tiene la información, la cultura y el entretenimiento.
Antes de siquiera darnos cuenta, los medios electrónicos ya eran peculio de monopolios. La fuerza negociadora ante la imagen y poder simbólico que manejan a través de programación, producciones, líderes de opinión e información, hacen y han facilitado que sean hoy la “consorte” del primer poder, que nunca más ni cuarto ni quinto poder.
Así que el que se concreten lineamientos de derechos de las audiencias es ganancia, pero habrá que ser muy cuidadosos y exigentes con que se hagan realidad, porque de nada sirven sentencias bien planteadas y de enorme valía como son la alfabetización mediática, el reconocimiento de la figura de audiencias, las garantías a las audiencias infantiles, la diferenciación entre programas y publicidad, y el concepto y principio de veracidad, si quedan en enunciaciones, principios y buenas intenciones frente a la realidad: el poder monopólico de los medios que les exime de la responsabilidad, o bien, se ejerce con ellos una aplicación discrecional de la ley. Ejemplos de este hecho son varios, baste recordar los últimos escándalos y señalamientos a la publicidad engañosa, que pese a todo sigue promoviéndose en los conocidos “productos milagro”; o bien, el proselitismo político que cada día se vuelve más descarado en la programación de entretenimiento y de información, es decir, sean telenovelas, segmentos de entretenimiento y, peor, informativos.
De nada servirá el capítulo dos, “Derechos de las audiencias”, y sus cuatro secciones, que contemplan no solo sus principios rectores, sino los derechos de grupos específicos como los relativos a los sordo-mudos, si no se conocen y no se exigen límites entre lo real, lo verdadero y lo manipulado, en aras del éxito económico y poderío social y político que hoy han alcanzado los empresarios de los medios.
Por ello es más que importante leer, analizar y difundir los capítulos sexto y séptimo, que establecen criterios respecto a la suspensión precautoria de transmisiones y a la supervisión y sanciones, respectivamente. De ambos podemos destacar a la letra lo siguiente:
“…[L]o dispuesto por los artículos 15, fracción LXI y 216, fracción IV, de la ley, los cuales establecen expresamente la facultad del instituto para ordenar la suspensión precautoria de las transmisiones que violen las normas prevista en la ley referentes a las obligaciones en materia de defensa de las audiencias, por un lado, y cuando la programación dirigida a la población infantil no respete los valores y principios a que se refiere el artículo tercero de la Constitución, las normas en materia de salud y los lineamientos establecidos en la ley que regulan la publicidad pautada en la programación destinada al público infantil, por el otro. Lo anterior previo apercibimiento, como lo establece la ley.” (Capítulo VI)
“…[E]l instituto supervisará que los sujetos obligados den cumplimiento a sus obligaciones en materia de defensa de las audiencias y para ello podrá, de oficio o a petición de parte, monitorear los contenidos de audio o audiovisuales, realizar requerimientos, así como cualquier otra actuación administrativa que sus facultades permitan para lograr tal objetivo, sin menoscabo del ejercicio de las atribuciones específicas con que cuentan la Secretaría de Gobernación, la Secretaría de Salud, la Secretaría de Educación Pública o cualquier otra autoridad.
Además, se establece que el instituto sancionará, previo desahogo del procedimiento administrativo respectivo, en términos de los artículos 298, inciso B), fracción IV y 311, incisos a), b), fracciones I y II y c), fracciones I y II de la ley, las violaciones en materia de defensa de las audiencias.” (Capítulo VII)
El tema, entonces y en resumen, es que estos lineamientos no queden en intenciones, en letra muerta, como muchas de nuestras leyes. La obligación es social, de nosotros, las audiencias.

No votes yet.
Please wait...

Comentarios

SHARE
Artículo anteriorCorte de caja. ¿Y ahora qué sigue?
Artículo siguienteHay que hacer la tarea completa…
Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.