Si debiéramos buscar culpables de lo ríspido en que se ha convertido el actual proceso electoral, definitivamente los primeros en aparecer serían los partidos políticos y su pobre agenda electoral. La voracidad con la que operan raya en el ápice de la irresponsabilidad. Sumado a ello, las campañas tiradas a la demagogia no terminan de conectar con la ciudadanía. Para el consejero electoral Alfredo Alcalá Montaño, más allá del miedo a contagios por el Covid-19, el abstencionismo durante la jornada electoral del 18 de octubre podría deberse a la desorganización y conflictos al interior de los partidos. El también presidente del Colegio de Ciencia Política y Sociales de Hidalgo hace una severa crítica al desempeño de las distintas candidaturas, que en el afán de buscar el voto olvidan que nos encontramos en medio de un proceso atípico que requiere de extremos cuidados. Alcalá no se equivoca. En Atlapexco, por ejemplo, el candidato de Encuentro Social Joel Nochebuena presume en redes sociales la adhesión de cientos de simpatizantes a su proyecto político. Personas aglomeradas sin la mínima distancia, sin cubrebocas y entregando propaganda mano a mano, vulneran gravemente la salud del electorado. Como Nochebuena, decenas de aspirantes muestran su desbocada insensibilidad frente a quienes los habrán de elegir. La crítica del politólogo va más allá del tema sanitario. Afirma que es necesario reconocer que el nivel de participación electoral va muy de la mano con el nivel de campañas de los partidos y sus candidaturas. Observamos promesas faraónicas que no corresponden a la realidad de los municipios. Algunas propuestas nadan en la ambigüedad y otras de plano ni siquiera corresponden a las facultades de las administraciones municipales. El colofón de las campañas está cerca, hasta ahora y como casi siempre ocurre, el nivel está muy por debajo de lo esperado por la ciudadanía. A pesar de que el aplazamiento le dio a los partidos una oportunidad de preparar mejor sus proyectos de gobierno, tanto el escrutinio de candidaturas como la elaboración de sus planes de acción resulta un refrito demagógico. En México los políticos nos tienen acostumbrados a la diatriba como estrategia electoral, y ahora, en medio de la pandemia, nos usan como carne de cañón. De filón. Las desigualdades entre hombres y mujeres en el campo laboral ponen a Hidalgo en una posición vergonzosa.

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