En esta ocasión hablaré sobre una película realizada en 1970 por el director François Truffaut, basada en la historia de Víctor de Aveyron, un niño casi sordo y mudo que en 1798 fue encontrado en los bosques de una provincia francesa, con el sentido del olfato más desarrollado que los demás, con un comportamiento que emulaba a un lobo y a un simio.

Nunca se pudo determinar con seguridad la edad de Víctor, sin embargo, se calcula que fue hasta los 12 años cuando tuvo un acercamiento con otro ser humano.

Las investigaciones y especulaciones sobre el suceso arrojaron el dato de que al “salvaje” lo trataron de asesinar a los cuatro años, dejándolo abandonado. No obstante, en medio de un entorno irracional, “milagrosamente” fue capaz de sobrevivir.

Así, el “salvaje” es descubierto por un grupo de pobladores de esa región, por lo que es cazado como se captura a un animal destinado a ser devorado por el ser humano, o más bien, es apresado con la intención de rescatarlo de ese entorno para brindarle educación y así descubrir los detalles de su vida.

De esa forma, inicia el proceso de educación llevado por el doctor Jean Itard (Truffaut), “porque hasta a un animal se le trata de educar”, para en algún momento insertarlo en la sociedad. Lo primero es el despojo de las uñas y el cabello largo, la limpieza y las reglas de la mesa. La aspiración es enseñarlo “a escuchar y a mirar”.

El profesor empieza a determinar su vida a partir de las necesidades educativas del “salvaje”, menos contacto con la naturaleza y menos horas en la cama hace que el niño avance productivamente en su comportamiento; la muestra de eso es la adquisición de un nombre, Víctor.

El primer hallazgo en el proceso educativo de Víctor fue el descubrir que la necesidad hace al hombre accionar. Ante un estímulo provocado como la sed o el hambre, cualquier humano puede aprender a decir comida o agua.

Otro descubrimiento sucede sobre la conciencia de Itard, cuando el maestro puede relacionar la pasión de Víctor por tomar agua de un vaso cerca de la venta. El aire y el agua son los únicos rastros que le quedan de aquella libertad ahora sujeta.

Aquí llegamos a la tesis de la película, ¿qué es la voluntad?, ¿por qué ocurre la obediencia?, ¿cuándo se aprende el sentido de la moral?, ¿en dónde se aprende la libertad y en dónde se ejerce?, ¿cuándo se pierde?, ¿es la educación el medio por el cual el hombre logra su realización y con ello la felicidad?

Entonces, ¿en qué consiste la felicidad y de quién depende, del individuo o del medio social?

Esa película utiliza una historia de verdad de hace 300 años, en la cual un niño fue guiado para ser un buen ser humano, como todos lo hemos sido, sin embargo, en la lucha de la enseñanza es el profesor quien se ve en la necesidad de dudar sobre ¿de qué sirven esas herramientas sociales antinaturales que provocan la tristeza del hombre?

Antes de que ese niño fuera sacado del bosque, no conocía la tristeza, ni el odio, ni el chantaje; lo aprendió porque se lo enseñaron. El niño “salvaje” fue educado.

El aislamiento, una idea terrorífica para la mayoría de las personas del mundo actual, aparece en la película de Truffaut, la única forma de supervivencia natural del ser humano, tal vez la única forma de vivir la verdadera libertad. Entonces, de qué sirve el desarrollo de aquello llamado educación. Víctor, al ser “ayudado” se volvió esclavo de su casa, de su maestro y de un pensamiento aprendido.

José Luis Sampedro

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