Oaxaca.-

La lucha contra el sobrepeso ha sido una constante en su vida: Montserrat recuerda que desde la infancia presentaba problemas por ser “llenita”, lo que implicaba burlas por parte de sus compañeros, depresiones y baja autoestima.

En Oaxaca, durante 2012 la prevalencia de sobrepeso en la infancia fue de 17.2 y de 10.3 por ciento en obesidad.

“En aquel entonces éramos pocas las niñas y niños que teníamos ese problema, actualmente se ha agudizado en la escuela de mi hijo. A él también lo molestan continuamente por su sobrepeso. Yo trato de alimentarlo lo más sano que puedo y hace unos meses comenzó a tomar clases de futbol, para que haga un poco de deporte”, aseguró.

Como a Montse y a su hijo Darío, el sobrepeso y obesidad afectaba a 75 por ciento de la población adulta en México y a 27.5 por ciento de personas en la etapa de cinco a 11 años de edad, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2012.

La medición publicada hace seis años y en proceso de actualización en 2018 refiere que en Oaxaca la prevalencia de sobrepeso en el periodo de la infancia fue de 17.2 y obesidad de 10.3 por ciento –la suma de ambas, 27.5 por ciento–, mientras que a nivel nacional fue de 19.8 y 14.6 por ciento, respectivamente.

Ante la problemática de sobrepeso y obesidad infantil, la doctora Aleyda Pérez Herrera realiza un estudio con niños de entre seis y 12 años.

La integrante del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR), unidad Oaxaca, de manera conjunta con el Centro Médico Nacional Siglo XXI, lleva a cabo el estudio Inclusión de alimentos nativos a la dieta de niños oaxaqueños con obesidad.

En entrevista, la doctora en nutrigenómica por la Universidad de Córdoba, España, explicó que la investigación consiste en establecer la relación de los patrones alimenticios en la modificación benéfica de la microbiota intestinal y la expresión de ciertos genes inflamatorios y oxidativos.

“El proyecto, con duración de más de un año, tiempo en que se invitó a participar a 100 niños con obesidad y la misma cantidad con peso normal de entre seis y 12 años en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, busca comprobar que la microbiota intestinal se puede modificar con factores ambientales como la alimentación y específicamente la mexicana nativa.”

En la actualidad, los menores de edad han dejado de comer productos que consumían hace unas cinco décadas, como los quintoniles, hongos, flor de calabaza, guías de calabaza, tomate verde de milpa, entre otros, y paulatinamente han ido sustituyéndolos por comida rápida acompañada por una gran cantidad de bebidas edulcoradas como los refrescos.

Apunta que niños y niñas con obesidad tienen cierto grupo de bacterias que no tienen quienes son de peso normal, por lo que buscan regular eso en función con la alimentación nativa.

“Con la investigación se realza el consumo de productos nativos en frutas como la guayaba, la papaya; y vegetales como quelites, hongos, calabacitas, chayote, flor de calabaza. Nuestra intención es conocer la aceptación que tienen estos patrones enriquecidos con alimentos nativos en los niños.”

La ingeniera en alimentos por la Universidad Tecnológica de la Mixteca añadió que el proyecto Cátedras Conacyt –del cual forma parte– se sumó al efectuado por el Centro Médico Nacional Siglo XXI liderado por el doctor Miguel Cruz López, mediante el cual analizan el número de copias del gen de la enzima amilasa en niños con obesidad y peso normal.

Con la medida ofrecen opciones a niños que tienen sobrepeso u obesidad para que aprendan a comer, a través del otorgamiento de una dieta y una vigilancia cada tres semanas en la que son pesados y cambian de dieta de manera personalizada, explicó.

“Uno de los objetivos de la investigación consiste en estudiar cómo influyen en los niños los alimentos nativos en la modificación de la microbiota intestinal y en la expresión de genes inflamatorios y oxidativos.”

Además, otorgan talleres para que los menores de edad aprendan a construir el “plato del bien comer” pero con inclusión de productos producidos en la entidad, así como incentivar la visita a los mercados locales donde encuentran mayor diversidad de esos alimentos.

Darío apenas tiene siete años y pesa casi 40 kilos; de acuerdo con la tabla de patrones de crecimiento infantil de la Organización Mundial de la Salud (OMS), debería tener un peso de 21 kilos.

“Antes no hacía nada y solo estaba en casa después de la escuela. Ahora voy al futbol y eso me hace sentir contento porque corro y juego”, aseguró el niño.

Pérez Herrera reconoció que uno de los problemas que han provocado el incremento del sobrepeso y la obesidad infantil también es la inseguridad, factor indirecto que influye decididamente en el encierro que viven niños y niñas en la actualidad.

Por si eso fuera poco, el país es uno de los principales consumidores de refresco en el mundo, lo que contribuye a que cada vez, en edades más cortas, niños y niñas presenten padecimientos como diabetes e hipertensión.

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