El libro de la semana

Leia Scheimar, Patricia Zavaleta Beckler, Santiago Filardo Kerstupp y Gabriel Olalde Parra, investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de México, la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco y de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, como resultado de sus investigaciones afirman, en su libro titulado Diez especies mexicanas productoras de xoconostles: Opuntia spp y Cylindropuntia imbricata (Cactaceae), que los xoconostles (tunas ácidas) tienen un futuro promisorio en la alimentación humana. Quienes los consumen aprecian los diferentes sabores y variadas texturas de esos frutos de cactáceas que pueden encontrar gran aceptación entre el público en general.
El libro, coeditado por tres instituciones, entre las que se incluye la UAEH, ofrece una introducción general sobre los nopales y en particular sobre los xoconostles. Las 10 especies (de los géneros Opuntia y Cylindropuntia) del México central y del norte, se presentan con información acerca de sus registros históricos.
Aunque otros países con zonas áridas han adoptado esas cactáceas, México continúa siendo el país con mayor diversidad de especies nativas, usos y cultivo; así lo respaldan más de 30 años de investigación de campo y laboratorios de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.
En el libro cada especie se presenta con sus datos taxonómicos (nomenclatura y ejemplares de herbario examinados), descripción morfológica, incluyendo hábito de crecimiento, tronco, ramas, epidermis, cladodios juveniles, cladodios adultos, haces vasculares, yema floral, flores, granos de polen, frutos y semillas, información ecológica (tipo de vegetación y fenología), distribución geográfica y altitudinal, datos etnobotánicos (nombres comunes y usos) y una discusión sobre el estatus de conservación y el uso potencial de la especie.
Los resultados de un análisis proximal proveen datos sobre su contenido de humedad, fibras y cenizas, así como de nitrógeno.
El libro se complementa con 197 ilustraciones que permiten al lector observar toda la planta y sus partes, así como descubrir su minúscula belleza por las fotografías del microscopio electrónico de barrido.
Los coautores coinciden que en México se designa xoconostle (del náhuatl: xoco=ácido, noxtle=tuna) a las tunas ácidas cuyas gruesas paredes se utilizan en la alimentación humana y en la medicina tradicional. Los xoconostles se producen en las zonas áridas y semiáridas de la República mexicana.
Los autores sostienen que para las antiguas tribus nómadas de México los nopales constituyeron uno de los factores en la transformación de sus comunidades recolectoras a sedentarias, ya que distintas etnias errantes concurrían en época de fructificación a las zonas habitadas por esas plantas.
En el libro de referencia se hace énfasis en las características morfológicas y las propiedades bromatológicas de los xoconostles, señalando su gran potencial económico y ecológico, tanto para provecho humano como para forraje y es, además, un producto disponible durante todos los meses del año.
La composición bromatológica, el tamaño de sus frutos y otros caracteres vegetativos podrán valorarse para seleccionar las especies y las formas hortícolas más adecuadas a cada tipo de suelo, de vegetación y altitud, que pueden ser utilizadas en labores de reforestación en áreas con problemas de desertificación.
La obra se refiere a 10 especies estudiadas con sus nombres comunes y su distribución geográfica en el país. Son las siguientes:
Opuntia leucotricha (nopal): en el centro y el norte de México, principalmente en el norte.
O joconostle (nopalxoconostle, xoconostle de burro): principalmente en el centro y el norte de México.
O matudae (xoconostle cuaresmero): Estado de México, Tlaxcala, Hidalgo y Zacatecas.
O heliabravoana: Desde el sur hasta el norte de Hidalgo (Pachuca y el norte del estado) y Tlaxcala.
O spinulifera: Hidalgo (Mineral del Monte), Aguascalientes, San Luis Potosí y Zacatecas.
O zamudioi: Querétaro (Cadereyta, Arroyo Seco) y Tamaulipas.
O elizondoana: Querétaro (ciudad de Querétaro ) y Jalisco.
O durangensis: Aguascalientes, Durango, Jalisco (Ojuelos), San Luis Potosí y Zacatecas.
Cylindropuntia imbricata (cardón, cardenche, cholla): Desde el Valle de México hasta el norte de la República mexicana, atravesando el río Bravo hacia el sur de Estados Unidos.
Esa información ha sido obtenida de trabajos de congresos que se realizan desde 1986 en distintos campus universitarios, de igual forma se suman referencias importantes, como que a lo largo de la historia los nopales, como todas las plantas de la familia Cactaceae, son originarios de Sudamérica, y que en 1522 los españoles llevaron nopales por vez primera a Cádiz y a los alrededores de Sevilla.
También en Italia se registró el cultivo del nopal alrededor de 1560 y hasta hoy en día en Sicilia y Cerdeña hay grandes extensiones de nopaleras. En Alemania y Holanda se inició su cultivo en 1596. Debido a la sensibilidad de los nopales a bajas temperaturas.
A principios del siglo XIX, los misioneros franciscanos llevaron de México a Estados Unidos el nopal sin espinas (Opuntia ficus-indica (L) Mill) y lo sembraron en los traspatios de las misiones, se estima que en 2009 en todo el país había un total de 10 mil 450 hectáreas cultivadas, de las cuales 200 producían nopalitos, 250 tunas (principalmente la roja) y 10 mil hectáreas forraje.
La importancia del nopal se refleja en distintos documentos prehispánicos, tal es el caso del acontecimiento de la fundación de la Ciudad de México en el año indígena 2-casa (18 de julio de 1325) que está representada en el códice Mendocino por un nopal sobre una piedra en el islote central del lago de Texcoco.
También se distingue en el códice Durán, donde se representa la fundación de Tenochtitlán (lugar donde está el nopal silvestre), aparece una serpiente en el pico del águila. En el códice Aubin se hace igual representación.
Posteriormente esas imágenes han servido de pauta para elaborar los símbolos de México: escudo y bandera nacional. La leyenda de la fundación de Tenochtitlán la refieren Sodi-Pallares (1968) y Bravo-Hollis y Scheinvar (1995).
En regiones de Hidalgo y Estado de México se advierte un crecimiento del número de espacios dedicados exclusivamente al cultivo de varias especies de xoconostles. Existen diferentes formas hortícolas de algunas especies probablemente originadas a partir de la selección de fenotipos aprovechando la variación genética observada en los híbridos, en especial la relacionada con el tamaño, el ancho de las paredes, el sabor, los frutos (ácido o agridulce), así como el color y mayor periodo de fructificación.
Scheinvar (1995) publicó un trabajo sobre los nopales que en la actualidad se cultivan en el centro de México, donde cita dos especies de xoconostles: O matudae y O joconostle y se distingue la importancia económica de los nopales productores de tunas y xoconostles.
En la cocina mexicana los xoconostles son utilizados principalmente como condimento para dar sabor a los caldos con carne (moles de olla), como materia prima en la elaboración de vinos y licores; en compotas, mermeladas y jaleas, deshidratados, cristalizados, en almíbar y rellenos de uva pasa, así se describe en un recetario que contiene el libro Diez especies mexicanas productoras de xoconostles.
El estudio presentado por los investigadores Leia Scheinvar, Patricia Zavaleta Beckler, Santiago Filardo Kerstupp y Gabriel Olalde Parra será de utilidad para estudiantes de biología, pero también para profesores interesados en las especies de los géneros Opuntia y Cylindropuntia y sobre todo para el público que busca enriquecer su cultura con estudios de la naturaleza de su entorno, en los temas domesticación del nopal, la importancia económica de los nopales en la producción de tunas y xoconostles en México, las propiedades alimenticias, los datos taxonómicos, ecológicos, fonológicos, la descripción de las especies permitirán adentrarse más al mágico mundo de Diez especies mexicanas productoras de xoconostles.
El tema abordado en este libro no ha concluido si no que continúan los estudios y análisis en campo y laboratorio y se desarrolla como un tema de investigación que seguramente arroja más conocimientos que serán de utilidad no solamente para el mundo científico, sino también para el desarrollo de la economía y la alimentación en México.

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