Diferencia entre teatro pobre y teatro pobrecito

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Mi querido amigo lector:

En esta ocasión me gustaría apuntar mis comentarios y reflexiones a subrayar una serie de diferencias estéticas, técnicas, de convención y de buen gusto, para todos aquellos que se dicen “Grotoskianos” y lo único que han hecho es mancillar el nombre, la investigación y los descubrimientos de mi buen amigo de copas (muchas) y de viajes en el desierto cazando peyote, Jerzy Grotowski. Jerzy, famoso director polaco de mediados del siglo XX, importante por realizar diversos procesos actorales psicofísicos con el propósito de regresarle al teatro su sentido ritual sumando la relevancia de la forma. Esto significa que una grosería no dice nada si no está dicha con organicidad: con el cuerpo y con la energía correcta. (Si pudiera les mostraría el dedo medio de mi mano derecha como un buen ejemplo, pero la versión impresa en este periódico, no me lo permite).
La definición del “teatro pobre” refiere a la disminución de artificios espectaculares (luz eléctrica, vestuarios, grandes escenografías, actoralidades acartonadas, la música y suntuosos escenarios) para reencontrar el sentido elemental del actor, la palabra, la energía y la acción. En un espacio natural que no requiriera la mentira espectacular. Este señor, acostumbraba a usar luz natural, vestuarios que resignificaran al actor-personaje mientras que el ritmo de la obra era llevado por los cantos y la propia energía de los actores.
Para hacer esto genera otro concepto “la vía negativa”. La vía negativa no se refiere a algo antimoral, malo, sucio o pecaminoso. Precisa la eliminación de todos aquellos aspectos que obstaculizan el ser del actor y el ser del teatro. Al trabajar por la “vía negativa” se encontró a un actor único en el mundo y en la historia. Ryzard Cieslak, considerado “el actor santo”.
Y en su búsqueda por actuaciones que mantuvieran estados “extáticos” (se refiere a éxtasis no a inmovilidad) en sus ejecutantes, nos habla de un “trance” consciente, que genere una proyección energética extraordinaria en el actor. (A mí me gusta ponerme en trance con peyote…por eso no soy actor)
Pero el objetivo de la presente, es hablar de aquellos pseudocreadores teatrales que nomás porque salen en taparrabos o shorts negros y se ponen a hacer contorsiones ridículas e inentendibles, se sienten hijos de mi compadre polaco. Entiéndanlo, no porque dejen de bañarse una semana ya se pusieron grotoskianos…
Cuando en el título digo teatro pobrecito, me refiero a esa mala costumbre de confundir la eliminación de los aspectos escenográficos por el hecho de no querer invertir en su producción. Al no pensar en el sentido estético y asumir que la síntesis es igual a la ausencia imaginativa.
El creador no puede ser mezquino.
El creador no puede ser avaro.
En el teatro no se puede ser tacaño.
El teatro pobre de Grotowski, no fue un alucín de nuestros viajes por Nayarit. El teatro pobre propone síntesis de elementos, la liberación del actor, no de sus demonios moralinos, sino de tabúes actorales y sociales. Usa como bandera lo sagrado de la teatralidad.
Y por ahora aquí le dejo, porque la próxima semana empezaré por una historia verdadera que prueba la eficacia y contundencia de sus hallazgos. Hablaré del Príncipe Constante, y del proceso actoral de mi hermano Ryzard Cieslak.

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