La producción de fármacos está en manos tanto de empresas trasnacionales como Novartis, Pfizer, Sanofi, Roche, MSD, Johnson & Johnson, Astra Zeneca, GSK, y TEVA que cuentan con la capacidad financiera y de investigación para patentar, como de las maquiladoras y distribuidoras, básicamente las cadenas de farmacias, que ofrecen productos baratos pero de dudosa calidad o de alto precio, inaccesibles para las mayorías precarizadas. Esta situación requiere de una regulación menos laxa.

Ante esta monopolización la mejor prevención para enfrentar las enfermedades, ya sean crónicas o de contagio, es una alimentación con productos funcionales, es decir, que hagan bien al cuerpo humano, no chatarra, pero la producción de alimentos sanos ha entrado en una etapa de alto riesgo.

México es la 12 economía del mundo, pero con más de 55 millones de pobres, es una nación rica en recursos naturales, uno de los 14 países que cuentan con el 70 por ciento de la biodiversidad del planeta, pero con una agricultura dual, un sector de exportación, una amplia población dedicada a la agricultura de subsistencia o autoconsumo.

La baja productividad del campo mexicano y la precarización de los campesinos es consecuencia de la transnacionalización de la capacidad alimentaria del país, a través de mecanismos como el paso de ser exportadores a importadores de granos, en paralelo la transformación de patrones de consumo que derivaron en mayor demanda de cereales y oleaginosas que se satisfacen con importaciones.

La política pública se orientó a fortalecer los mecanismos de importación de productos agrícolas, sobre todo de granos para satisfacer la demanda, en lugar de impulsar al campo a que recuperara su capacidad productiva con desarrollo tecnológico y transferencia de conocimientos, a través de asistencia técnica a pequeños productores del campo.

El cambio de patrón de consumo se orientó hacia una occidentalización de la dieta donde el trigo reemplazó al maíz y a los alimentos industrializados, los cuales son producidos en un 40 por ciento por empresas trasnacionales, de las 20 grandes empresas trasnacionales del sector agroalimentario, por lo menos 15 operan en territorio nacional. Entre ellas está Nestlé, cuyo gerente en Latinoamérica dijo que el agua no tiene por qué ser un derecho humano.

El poderío de las trasnacionales, ya sean norteamericanas, japonesas, francesas o chinas, es tal que poseen más del 51 por ciento de las 100 mayores concentraciones de riquezas del mundo y detentan el 97 por ciento de las patentes registradas mundialmente, representan un factor de presión para las naciones más pobres, la inversión extranjera directa, en tanto genere derramas tecnológicas y procesos de aprendizaje, será positiva, de lo contrario solo se apoderan de los recursos naturales de las naciones más pobres, como lo han hecho siempre.

Este proceso de transnacionalización del campo mexicano no hubiera sido posible sin la imitación e incorporación de tecnologías y esquemas de gestión que adoptaron las grandes empresas nacionales y sin la política económica por parte de los gobiernos de ese entonces que facilitó el proceso.

Las consecuencias están a la vista, la pérdida de la autosuficiencia y soberanía alimentaria de México, la precarización del campo y con ello la caída de nuestra capacidad de exportación en productos que ahora importamos, como el maíz, trigo, arroz, y soya entre otros.

Sumado a lo anterior la Fundación Bill y Melinda Gates, junto a otras empresas trasnacionales como Bayer-Syngenta y Microsoft y otras de agro negocios, han convocado a una Cumbre Mundial de Sistemas Agroalimentarios, a celebrarse en 2021, con el propósito de definir políticas mundiales que concretarán la calidad, cantidad y condiciones de acceso a los alimentos sin tomar en cuenta a las redes de campesinos de las naciones con economías emergentes, como la mexicana, que en conjunto generan el 70 por ciento de la alimentación mundial, el objetivo no publicado, pero sí implícito, es crear el paradigma de un campo sin campesinos, los alimentos serán producidos por la tecnología, de ser así la pobreza mundial se transformará en hambruna, la tecnología sin sentido humano se dirigirá contra la humanidad. Ese es el dilema de la tecnología, que acaso ¿la tecnología no debe estar al servicio de la humanidad, según el sentido de las leyes de Isaac Asimov?

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