Ciudad de México.- El 25 de noviembre, el científico chino He Jiankui anunció que había editado el genoma de varios embriones para hacerlos inmunes contra el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Jiankui implantó dos de esos embriones en el útero de una mujer y, como resultado, dos niñas nacieron: Nana y Lulu, los dos primeros bebés en la historia cuyo ADN fue diseñado por otro ser humano.

Esa historia se hizo pública en un video y en la revista MIT Technology Review, y desde un inicio sacudió a la comunidad científica.

En esos medios, He Jiankui dijo que para modificar el genoma de las gemelas utilizó una herramienta de edición genética llamada CRISPR, un sistema de proteínas que en la naturaleza ayuda a las bacterias a reconocer y cortar el ADN de los virus que las infectan y así combatirlos.

Desde 2013, científicos encontraron la forma de modificar ese grupo de proteínas para que cortaran y pegaran secciones en el ADN de cualquier organismo. De hecho, al CRISPR también se le conoce como la “tijera genética”, porque permite cortar secciones del genoma, por ejemplo, para eliminar un gen, pero también permite insertar nuevas secuencias de ADN en el genoma o cambiar las que ya existen.

Jiankui utilizó esa “tijera genética” para inactivar un gen llamado CCR5 en los embriones, los cuales después se convirtieron en Lulu y Nana. Ese gen produce una proteína en las células humanas que el virus del VIH utiliza para entrar a las células e infectarlas. De hecho, algunas personas, sobre todo en Europa, tienen una mutación que inhabilita ese gen y los protege de contraer VIH.

Jiankui declaró que conoce el sufrimiento y la discriminación que enfrentan las personas con VIH y al realizar lo que él llamó una cirugía genética, estaba dando un regalo a la sociedad.

“Una cirugía genética que puede salvar a un niño de una enfermedad genética letal, como la fibrosis quística, o de una infección que pone en riesgo la vida, como el VIH, no solo da a ese pequeño niño o niña igualdad de oportunidades para vivir una vida sana, también nos permite sanar una familia entera.


No obstante, las críticas hacia su experimento surgieron desde el primer instante. De hecho, especialistas en ética en diferentes partes del mundo han descrito su trabajo como algo “monstruoso” y una “violación a los derechos humanos”.

Aunque nadie puede comprobar que las afirmaciones de He Jiankui sean ciertas, porque hizo todo el procedimiento en secreto, en la actualidad la tecnología necesaria para editar un genoma es tan accesible y está tan avanzada que muchos científicos piensan que es real o que si no es cierto, es tan posible que deben discutirse cuanto antes las implicaciones éticas y sociales de la edición genética para poder regularla.

“Yo pensaría que a estas alturas ya no es relevante si fue cierto o no fue cierto lo que hizo, porque finalmente se ha aceptado como que sucedió, y existe la técnica y la capacidad de hacerlo, entonces habrá que trabajar con esto como si se hubiera dado, para lograr una reflexión ética”, opinó el doctor Samuel Ponce de León Rosales, coordinador del Programa universitario de investigación en salud (PUIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Como respuesta a ese suceso fue convocada una sesión extraordinaria del Seminario Permanente de Bioética para discutir lo que catalogaron como “emergencia bioética”. En el encuentro participaron como coordinadores Samuel Ponce de León y Alejandra Armenta, y como ponentes José Alberto Campillo Balderas, investigador del Laboratorio Origen de la Vida de la UNAM; Patricia Grether González y Gustavo Ortiz Millán, miembros del Colegio de Bioética AC; y Patricio Santillán Doherty, investigador del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias “Ismael Cosío Villegas” (INER) y presidente del Colegio de Bioética.

El virus del Nilo y otros efectos secundarios

Para Gustavo Ortiz, una de las principales preocupaciones de hacer edición genética es que en este momento la técnica aún necesita perfeccionamiento si se quiere aplicar con seguridad y evitar efectos secundarios.

“Los problemas de seguridad son la posibilidad de efectos fuera de objetivo y dos el mosaicismo, el mosaico genético, es decir, cuando unas células llevan la edición pero otras no”, refirió Ortiz.

Por ejemplo, Jiankui quería inhabilitar el gen CCR5, pero se ha visto que las personas sin este son más susceptibles a contraer el virus del Nilo y la encefalitis japonesa. Además, la “tijera genética” aún no es 100 por ciento específica y puede modificar el ADN en lugares inesperados, y dependiendo de la modificación podría no tener consecuencias o podría incluso aumentar la probabilidad de una persona de sufrir cáncer.

Para Gustavo Ortiz existen formas más sencillas y seguras de prevenir una infección por VIH y el riesgo de la edición genética, en este caso, puede no justificar el beneficio potencial. Pero también cree que los científicos refinarán cada vez más esa técnica y el problema de seguridad dejará de ser un tema relevante. Entonces, aunque eso aún sea lejano, la sociedad tendrá que comenzar a hacerse preguntas.

Bebés de diseño

Para llevar a cabo su experimento, Jiankui reclutó a varias parejas en donde el hombre era portador del virus del VIH, pero la mujer no. El científico explicó a las parejas que estaba realizando una investigación para probar una “vacuna contra el VIH” y explicó lo que haría con sus embriones.

En sus declaraciones, Jiankui manifestó que ofreció a una pareja que no podía tener hijos la posibilidad de formar una familia sana. Mencionó eso ya que hasta hace algunos años a ese tipo de parejas, llamadas discordantes, se les recomendaba no embarazarse, pues la madre y los hijos podían contagiarse de VIH a través del esperma del padre, explicó Patricio Santillán.

Pero en la actualidad existe la técnica llamada “lavado de espermatozoides”, que elimina casi la totalidad del virus del esperma; eso combinado con la inyección de un solo espermatozoide al óvulo, mediante fertilización in vitro, reduce drásticamente la probabilidad de que el niño o la madre se infecten del VIH.

Dicha técnica fue la que Jiankui ofreció utilizar en su experimento, pero el científico no se quedó solo allí, también le ofreció a las parejas modificar el ADN de sus embriones para volverlos resistentes al virus.

Sin embargo, He Jiankui no tenía razones suficientes para editar el ADN de los embriones porque, gracias al “lavado de los espermatozoides”, estos podían desarrollarse y nacer sin VIH, sin la necesidad de modificar su genoma.

Jiankui no solo los libró de una enfermedad, les hizo una mejora genética. Además, mostró un desinterés o un desconocimiento total de las cuestiones bioéticas, comentó Patricia Grether.

Durante la segunda Reunión Internacional sobre Edición Genética en Humanos, a la que asistió dos días después de que anunciara el nacimiento de las gemelas en video, Jiankui explicó que analizó los embriones que se convertirían en Lulu y Nana, y encontró que en uno de ellos la edición genética sí había inactivado el gen CCR5 de manera correcta, pero en el otro la edición no había sido completa, es decir, tenía células en las que el gen fue inactivado pero otras en las que seguía activo.

“Jiankui dice que explicó a los padres que el procedimiento había funcionado en un embrión y en otro no a la perfección, y que les preguntó si aun así querían que los transfiriera y los padres dijeron que sí, así que ellos son responsables de lo que hubiera sucedido. Dice también en su carta de consentimiento informado que cualquier cosa que suceda después, él no es responsable porque los papás aceptaron el procedimiento”, indicó Grether.

 

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