Ruth Ortiz Zarco

La deuda ha sido y será ingrediente indispensable de toda crisis financiera, no discrimina entre economías desarrolladas y no desarrolladas, por ejemplo, la crisis de América Latina en la década de 1980 tuvo por entrañas la exorbitante deuda externa de los países de la región, incluido México; en años más recientes, la crisis financiera mundial, de finales de 2007, iniciada en el sector hipotecario de Estados Unidos, emana de montos colosales de endeudamiento y a su vez fue la coyuntura para que el apalancamiento global llegara a niveles jamás vistos, desde esa fecha a la actualidad la deuda del mundo creció 42 por ciento, y contando.

El endeudamiento mundial está tocando máximos históricos, presenta el 225 por ciento del producto interno bruto (PIB) global, siendo Estados Unidos la economía con mayores pasivos (32 por ciento del total), seguido por Japón (18 por ciento) y China (8 por ciento); la razón promedio de deuda en relación al PIB alcanza para economías desarrolladas un 105 por ciento y un 50 por ciento para economías subdesarrolladas. En México, el indicador idóneo para determinar el grado de apalancamiento son los saldos históricos de requerimientos financieros del sector público (SHRFSP), que en 2017 llegaron al 46.2 por ciento del PIB, sobrepasando los 10 billones de pesos, de los cuales el 30 por ciento corresponde a deuda pública, en esencia se trata de recursos utilizados para gastos del gobierno federal y de dos paraestatales: Petróleos Mexicanos (Pemex) y Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Al primer semestre del presente año, el pago por servicios de deuda implicó el 13 por ciento del PIB, mientras que el gasto en infraestructura tan solo representó el 5.9 por ciento; resulta alarmante el nivel de endeudamiento del país, dadas sus limitaciones estructurales para impulsar el crecimiento y desarrollo económicos; lo inquietante es que 2017 fue un magnífico año en el tema tributario, se logró el dato histórico de 64.7 millones de contribuyentes activos e ingresos tributarios superiores en 40 por ciento respecto de la Ley de Egresos del mismo año, lo que equivale a 2.8 billones de pesos.

El 29 de junio del presente año, con base en datos del balance de la cuenta pública de 2017, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) informó que 22 de 31 entidades federativas presentan un nivel de endeudamiento sostenible y el resto enfrenta una situación fiscal que los coloca bajo la lupa de esa dependencia, y el siguiente año limita el crecimiento de sus compromisos financieros a un máximo de 5 por ciento en relación con los ingresos de libre disposición; tales estados son: Baja California, Chihuahua, Oaxaca, Sonora, Michoacán, Morelos, Nuevo León, Quintana Roo, Veracruz y Zacatecas.

Actualmente los pasivos de Hidalgo no lo sitúan entre las entidades de mayor vulnerabilidad financiera; de acuerdo con los indicadores de la SHCP, el estado podría incrementar su apalancamiento a un nivel de 15 por ciento de sus ingresos de libre disposición; sin embargo, un recuento del comportamiento de la disciplina fiscal de la entidad para los últimos seis años revela un crecimiento promedio en el apalancamiento del 7.78 por ciento, el cual se acompañó de: una tasa de crecimiento del 4.1 por ciento para el PIB, escasa fortaleza recaudatoria (la recaudación de impuestos en 2017 cayó en 20 por ciento), bajos niveles de inversión y un permanente rezago en la calidad de vida del 50 por ciento de los hidalguenses, catalogados dentro de una condición de pobreza.

En 2017, el gasto operativo tuvo un aumento del 12.41 por ciento respecto a 2016, generando una discrepancia de 22.16 por ciento entre el monto aprobado para tal concepto y lo devengado, consecuentemente, este concepto de egresos constituyó el 82.4 por ciento de los ingresos de libre disposición, mientras que el gasto de capital, es decir, el destinado a la inversión mostró una caída del 21 por ciento entre el monto aprobado y el devengado; en el estado de Hidalgo, los costos de operación son bastante elevados respecto de los destinados a la inversión, que se ubicaron en mil 251 millones de pesos (3.2 por ciento de los gastos de operación).

A la revisión de los factores internos que inciden en el comportamiento de la deuda pública, deben sumarse los efectos de las externalidades; la persistente devaluación del tipo de cambio y la subida de tipos de interés a nivel mundial elevan en forma considerable el costo del endeudamiento, de junio de 2014 a diciembre de 2015, la tasa de referencia del Banco de México (Banxico) se mantuvo en 3 por ciento, actualmente se posiciona en 7.75 por ciento, y dadas las condiciones internacionales se prevé un incremento próximo de 25 puntos base.

El encarecimiento del costo de la deuda obliga a replantear las finanzas públicas, dado su impacto directo en las prioridades de los requerimientos sociales (salud, vivienda, seguridad, empleo, educación, etcétera), si el servicio por el uso de deuda crece, los recursos para otros rubros se reducen en forma considerable; si bien el financiamiento al sector público tiene beneficios, el manejo de la deuda debe darse con cautela y con destino a la implementación de proyectos que impacten positivamente en el desarrollo económico y social de la región.

Comentarios