Pachuca

Existe la idea de que cuando las personas se interesan en su entorno, cuando lo conocen, o incluso cuando participan en su embellecimiento, no solo se vuelve un lugar mejor para vivir, sino que la convivencia cambia. En 2015, en el barrio pachuqueño de Palmitas, un grupo de artistas denominado Germen Colectivo dedicó 14 meses para crear un mural sobre 200 casas. Al final el acto creativo masivo no solo proyectó a escala nacional e internacional a ese lugar otrora de casas predominantemente grises y altos niveles delictivos, sino que también cambió la actitud y estado de ánimo de los colonos.
La semana pasada una experiencia similar se repitió en Pachuca. Esta vez se trató de una iniciativa en la que participaron jóvenes con problemas de adicciones, vecinos de barrios altos de Pachuca. La idea fue realizar un mural en una pared de un restaurante de la capital, que se distingue por preparar platillos con ingredientes propios de la región. El proyecto fue coordinado por la asociación civil Nueva Vida, la secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), y el empresario y chef Aquiles Chávez, propietario del restaurante Sotero.
Respecto a la parte creativa, el mural contó con la guía del artista hidalguense Rubén Gil, a quien este diario entrevistó, precisamente para saber un poco más sobre los beneficios sociales o incluso terapéuticos que implica emprender un proyecto de esta naturaleza.
Ya durante la conversación, provocada inmediatamente después de la inauguración del mural, Gil dijo que trabajar una obra como el denominado Murales con sabor a Hidalgo siempre implica cuestiones políticas, desde quien apoya este tipo de actividades, hasta quien al ver la creación, manifiesta una opinión respecto a su finalidad, función o beneficio que pueda aportar.
En cuanto a su función social, como sucedió con el mural del barrio de Palmitas, Gil reflexionó y dijo que lo positivo que deja ese tipo de ejercicios de creación colectiva es que provocan discusión; “y si hay discusión, hay conversación, si todos conversamos las cosas cambian y algo que creo que sí puede generar es identidad”.
Sobre este último punto, el ensayista audiovisual dijo que el ejercicio de identificarse unos con otros es bueno, “porque si nos identificamos, ya no nos sentimos excluidos y si ya no nos sentimos excluidos buscamos fortalecer ese entorno, ese espacio donde nosotros estamos”.

entrevista
Todo lo contrario, cuando alguien se siente ajeno a su entorno las personas no se preocupan por él, y piensan: “no voy a hacer nada bueno, para qué si ni siquiera me beneficia”. La identidad, continúa, hace que las cosas cambien, que nos unifiquemos.
Puso como ejemplo a dos personas que son originarias de un mismo lugar: por esa razón comparten la comida, que a su vez sirve para crear identidad. Esto genera grupos donde florecen conversaciones; después viene la discusión que hace que las cosas cambien.
“Este tipo de movimientos callejeros, ¿qué tienen que ver con el muralismo de México del siglo XX?, ¿o no tienen nada que ver?”, fue la pregunta al creador de origen pachuqueño, quien también colabora como articulista en este diario. Sin pensarlo demasiado, Gil platicó que ese tipo de manifestaciones ya no tiene nada que ver, para empezar, con la idea de lo callejero desde el punto de vista del grafiti como resistencia o como oposición a condiciones sociales. No es ilegal, sino al contrario.
Y respecto a si tiene algún parentesco con el llamado Muralismo mexicano, encabezado por artistas de la talla de Diego Rivera o David Alfaro Siqueiros, sostuvo que el actual movimiento está emparentado con la forma de trabajar de aquellos creadores del siglo XX. “Tiene que ver con las ideas que ellos tenían acerca de comunicar y decir”, aunque atajó que antaño los muralistas exaltaban la Revolución, mientras que los actuales exaltan su individualidad.
Sobre los murales, como el que ayudó a crear sobre una pared del restaurante Sotero, dijo que considera que su función no es comunicar, aunque sí significan algo “y al estar en la calle, significan para todos los que pasamos por ahí y así podemos hacer una interpretación”.
Además, continuó, al haber ese tipo de objetos culturales u objetos de consumo cultural en el espacio público, nos hacen voltear; cuando comúnmente ya no lo hacemos. Y así es como también luego generamos preguntas, vamos imaginando cosas.
Gil citó a Marcel Duchamp, quien sostenía que una obra de arte la determina el espectador o la termina el espectador. Al final, quien aprecia la obra generará sus propias ideas, su propia imaginación, ejercicio que es positivo “porque si nosotros imaginamos nos damos cuenta que no hay un solo camino ni que no hay una sola vertiente para las cosas sino que la imaginación nos da la capacidad de saber que podemos ir por muchos lugares diferentes”.
El espacio público es una cuestión viva, aseveró Gil, y en el arte se pueden planear cosas, pero no siempre dependen del creador. Como el mural que adorna al restaurante Sotero, que si bien lo planeó, el ambiente, incluyendo el clima y las personas, hará posible que viva, muera, cambie o permanezca.

entrevista

 

“No soy ningún salvador ni nada por el estilo, no soy tampoco activista; yo pinto pero a veces me doy cuenta que estas cuestiones ayudan, no sé si
le ayuda a la gente pero
sí provoca diferentes opiniones,
y eso está bien”

Ruben Gil
Ensayista audiovisual

El trabajo con jóvenes marginados

Ahora la pregunta fue respecto a la experiencia de trabajo con quienes hicieron posible este nuevo mural pachuqueño. En particular habló sobre su experiencia con Miguel Mejía, quien pudo superar su adicción a diferentes sustancias, incluido el PVC. Con Miguel, dijo, fue bastante cordial la relación: hubo conversación y compartieron experiencias.
Gil explicó que las ideas fueron de Miguel y él las iba acomodando. En la imagen del mural se ve a Mayagüel que transmite algo a sus hijos conejos, los 400 o incontables conejos que son los hijos de la diosa que se amamantan. El artista interpretó esto como un conocimiento que se transmite y se puede difundir a través de la alimentación.
Al final, el acto dejó no solo la obra sino la experiencia de convivir, “de hacer algo y de darnos cuenta que hay muchas posibilidades para hacer que por lo menos nuestro entorno próximo cambie, incluso el nuestro, el que voy pisando a cada rato”.

Visión

  • El creador
    dijo que el ejercicio de identificarse unos con otros es bueno, “porque si nos identificamos, ya no nos sentimos excluidos y si ya no nos sentimos excluidos buscamos fortalecer ese entorno, ese espacio donde nosotros estamos”

 

La idea
fue realizar

un mural en una pared de un restaurante de
la capital, que se distingue por preparar platillos con ingredientes propios de la región.
El proyecto fue coordinado por la asociación civil Nueva Vida, la Sedesol, y el empresario y chef Aquiles Chávez, propietario del restaurante Sotero

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Periodista desde hace más de una década y director del diario Libre por convicción Independiente de Hidalgo. Es licenciado en comercio exterior por la UAEH y licenciado en lengua y literaturas hispánicas por la UNAM. Colabora como articulista en el diario que dirige y también en el portal SDPnoticias.com. Fue reportero en el semanario Aljibe y Síntesis Hidalgo. Trabajó para los periodistas Ricardo Alemán y Estela Livera en un programa de investigación. En 2007 ingresó a trabajar a Bermellón, Edición e Imagen, despacho donde se desempeñó como jefe de redacción hasta 2009. Es colaborador de la editorial Elementum desde 2010.