Rumbo al sábado primero de diciembre, cuando Andrés Manuel López Obrador rinda protesta ante el Congreso de la Unión como presidente de la República, el presunto equipo que ocupará espacios clave en la administración federal ha entrado en un proceso de desgaste con discrepancias que evidencian ausencia de un plan de gobierno y una tendencia a elaborarlo sobre la marcha, con ocurrencias en buena parte que no son garantía de buen gobierno.

Y del lado del Poder Legislativo la situación no se diferencia en esto de una singular disputa por el poder, por ver quién es mejor y quién queda bien, al nivel oficioso y si quiere usted hasta servil, con Andrés Manuel López Obrador, en un ánimo de impulsar una agenda del presidente electo que no tiene sustento ya no diga usted legal, ¡vaya!, ni siquiera de coordinación y consensos entre los legisladores del partido que parecen continuar en campaña.

Mire usted. Ayer hubo dos momentos escenificados por quienes se asumen morenistas recalcitrantes, aunque los hay del cuarto para las doce por usar un eufemismo, con desplantes de protagonismo y ganas de quedar bien, aunque las consecuencias pueden ser adversamente graves para el gobierno de López Obrador.

Veamos. En esto de la propuesta de consulta pública para decidir dónde se construye el Nuevo Aeropuerto Internacional de México, hubo una reunión del equipo de transición relacionado con el tema, encabezada por el eterno aspirante a secretario de Comunicaciones y Transportes Javier Jiménez Espriú, en la que él como Alejandro Encinas y quien se presume será la próxima secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales se pronunciaron contra la sede de Texcoco.

Y, frente a quienes se asumen representantes de cuatro pueblos próximos a la zona donde se construye la terminal aérea, Alejandro Encinas dijo que desde los días en que fue jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, en relevo de Andrés Manuel López Obrador, se opuso a la propuesta del entonces presidente Ernesto Zedillo Ponce de León de construir el aeropuerto en la zona de Texcoco.

En realidad, el impulsor formal fue Vicente Fox Quesada junto con quien fuera su secretario de Comunicaciones y Transportes Pedro Cerisola y Weber, conocido como el Pato Cerisola porque dijo que los patos que migraban al exlago de Texcoco estaban de acuerdo con el proyecto y no a favor del propuesto en terrenos del estado de Hidalgo.

Pero, bueno, ahí la imagen de Felipe Álvarez, dirigente de una de las agrupaciones de pobladores de esa zona que no quieren al nuevo aeropuerto, machete en mano con la exigencia de que se cancele la construcción del NAICM. ¿Con quién quieren quedar bien Jiménez Espriú, Encinas y asociados?

Porque impulsan una agenda falsa, tanto que sin pregunta de por medio dijeron que lo de la consulta no era para lavarse las manos, porque esta va. ¿Y? ¿Tienen la línea de Andrés Manuel López Obrador? Sin duda, porque no dan un paso sin consultar al electo. El hecho es que este grupo no tiene consenso entre los responsables de otras áreas, cuya opinión e intervención es toral porque toca fibras de sensibilidad política.

Y, en el otro lado, en el del Congreso de la Unión, específicamente en la Cámara de Diputados –aunque en el Senado hay desencuentros entre Ricardo Monreal y Martí Batres, cada quien con sus atributos políticos y aspiraciones futuras–.

La evidencia. Ayer, en el corolario de la comparecencia del secretario de Hacienda y Crédito Público José Antonio González Anaya, la diputada federal en funciones de presidenta de la mesa directiva de la Cámara de Diputados Dolores Padierna Luna aprovechó la ausencia del presidente Porfirio Muñoz Ledo, que había dejado de conducir la sesión para atender un asunto oficial.

Y demostró ese ánimo, ambición en pocas palabras, de presidir, manejar, controlar a la cámara baja con la mayoría morenista, en olvido de que llegó a las filas de Morena apenas unas horas después de haber fungido como coordinadora de la bancada del PRD en el Senado, y que en esas condiciones se le otorgó un espacio como legisladora, mas no en la opción de ser siquiera coordinadora.

Haber llegado a la vicepresidencia camaral fue merced de un acuerdo logrado con la anuencia de Andrés Manuel López Obrador, porque Mario Delgado se había perfilado como coordinador de la bancada de Morena.

El caso es que una comparecencia que había corrido tersa y sin aspavientos, con críticas, sí, pero despojada de esas escenas de tomas de tribuna y manifestaciones de la que fue oposición, pero hoy con su mayoría evitó el papelazo.

Acaso por ello María de los Dolores Padierna Luna dejó de lado el ordenamiento legal y, desde la presidencia camaral, habló a nombre de su bancada, es decir, de Morena, sin consultar con el coordinador Mario Delgado, lo que evidenció el tamaño de las diferencias que hay en la fracción.

Crítica, descalificó al gobierno de Peña Nieto en el rubro de la economía, lo que pudo haber hecho como una diputada integrante de un grupo parlamentario, mas no desde la presidencia camaral.

Y, a los reclamos respondió: “Íbamos a concluir con la intervención del diputado Ramírez Cuéllar porque estamos en el Poder Legislativo y el Poder Legislativo es el último que tiene la palabra, no el Poder Ejecutivo, por eso estoy hablando yo a nombre del grupo mayoritario en esta cámara… Ruego a los diputados del PRI guardar silencio y sentarse en sus sillas. A ver, guarden silencio y siéntense. Estamos respetando un acuerdo de la mesa directiva. Estamos en el Poder Legislativo y no será la visión del Ejecutivo lo que prevalezca en este recinto”.

Dolores Padierna no pecó de inexperta, menos de ilusa. Mostró el nivel de la lucha por el control de los 257 diputados federales de Morena. ¿Quiere la presidencia de la cámara baja? ¡Sí! ¿Quiere la coordinación de los legisladores morenistas? ¿Alguien lo duda?
“Nosotros –dijo Padierna como si continuara la campaña–, la mayoría democrática, vamos a cambiar el modelo económico, haremos finanzas públicas basadas en la austeridad republicana y le daremos vuelta a la historia. ¡Que viva la mayoría democrática que ganó en la elección!” Y conste que esto apenas comienza. Por eso la sedicente izquierda no cuaja en los gobiernos. Las tribus mantienen la lucha por el poder. Mientras, la hoy oposición priista y panista entró en el periodo de la reconstrucción. Conste.

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