La maldición antigua está estacionada en territorio hidalguense. Esa salazón de estarse peleando entre hermanos no es casualidad que esté presente en cada rincón de nuestra entidad.

En el siglo XIX y anteriores, la esclavitud y peonaje vivido a no requerir de ese veneno social, tan pronto el país se desgarró en las luchas intestinas entre caudillos y generales, el sembrar el divisionismo significaba el primer y gran paso hacia el dominio, sometimiento y explotación de la parte mayoritaria de cada comunidad, municipio o estado. Ese fue el parámetro que servía para medir la estatura de los caudilllos.

Controlas la Huasteca, pues eres diputado o senador, lo mismo en la Sierra Gorda y Tepehua, en el Valle del Mezquital, o en los llanos de Apan. Así es como hoy los apellidos de los jefes en cada región conforman la historia del Hidalgo rural.

Nochebuena, Austria, Pérez, Mayorga, Morales, Granados, Del Razo, Godínez, Paredes, Ordaz,Zuñiga y varios más. Todos persiguiendo el poder por la vía de la competencia de ver quién demostraba más poder, y el poder era poder ganado en grescas violentas, cuyo
trofeo era el vencer, vivir y mandar.

El inicio del fin de esta época violenta se da cuando a los generales se les ocurre fundar un partido y convencen a los demás que ese organismo sería el campo de batalla, y de ahí para acá, pues los hombres, hombres fueron usados o asesinados para solo ir dejando a los que se sujetaban a las reglas de un grupo elitista.

Pero nunca se olvidó que aún con partidos e instituciones electorales seguía siendo necesario el dividir a los grupos de hombres y después, también de mujeres, para que votaran por el que convenía.

Llagamos al siglo XXI y está “norma” sigue viva. El dividir para poder ganar a quien no piensa lo mismo que los de siempre se volvió todo un arte al grado que ha servido en cada estado y municipio para mantener castas en el poder, muy a pesar de la modernidad. Al grado tal que en muchos municipios hidalguenses siguen siendo los mismos apellidos después de 150 años.

Ese escenario ha traído como elemento más visible la polarización del desarrollo en nuestra entidad dado que los gobernadores han sido mayoritariamente del Altiplano y es ahí donde concentran la aplicación de la inversión para todo tipo de obra, por lo que el resto del estado, sierras y Huasteca, nos mantienen entretenidos con las divisiones sembradas por los venidos de fuera. División política por medio de partidos y organizaciones que maman del gobierno, división religiosa alevosa, división cultural, división económica, etcétera, etcétera.

Total, las mayorías de votantes son fraccionadas con leyes y normas confusas para que terminen siendo dominados por aquel que más defectos se le ven, se le escuchan y se le notan.

Ese divide y vencerás aplicado magistralmente por los de allá arriba, ha cerrado toda posibilidad (hasta hoy) de que algún ciudadano común y no tan corriente tenga alguna posibilidad de ser gobernador. Ese es el trasfondo
de la tragedia que hoy vemos entre los hermanos Charrez.

No es un asunto judicial, pues la casualidad es que tienen preso a Cipriano por algo diferente a lo que la sociedad nacional vio. Dividir a la sociedad para allanar sendas políticas a los favoritos lo vi desde hace muchos años con Amelia Olguín, Julieta Guevara, Germán Corona, Granados Chapa, José Guadarrama, Xóchitl Gálvez, Francisco Xavier, Gerardo Sosa, Orlando Arvizu y muchos otros que querían y podían, pero la férrea aplicación del divide y vencerás por parte de los de allá arriba, provocaron que sigan siendo los mismos los que siguen montados en el lomo del presupuesto y de los hidalguenses desde hace muchas décadas. Esperamos que esto ya tenga pronto fin.

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