La banda argentina Soda Stereo tiene un tema que dice “sonríe por mí: todos tenemos una doble vida.” Un columnista del diario El País evocó a esa condición de realidad duplicada para intentar descifrar lo que ocurre con Lionel Messi cuando se calza la albiceleste. A estas alturas ya no es ningún secreto que para la Pulga los Buenos Aires son solo una expresión mundana.
Leo debutó en la selección absoluta el 17 de agosto de 2005. Entró de cambio en el minuto 63 y fue expulsado 47 segundos más tarde por forcejeos con un rival. Un par de meses antes marcaba su primer gol como profesional tras un estupendo pase de su padrino futbolístico: Ronaldinho. Desde
sus pininos, el rosarino ha vivido la luz en su hogar adoptivo y la oscuridad en su patria.
Ayer se consagró un fracaso más para Lionel y la Argentina, mismo que venía anunciándose desde la estrepitosa manera en que la albiceleste se hizo de un lugar en Rusia 2018. El claroscuro volvió para el 10, quien venía de celebrar un doblete con el Barcelona y su quinta Bota de Oro en Europa. Porque así funciona el futbol: es impredecible y a veces ingrato.
Muchos intentan encontrar una explicación a la transformación de Messi cuando se mete a los vestidores junto a sus compatriotas. Lo común es escuchar que al capitán se le deja solo, se le abandona y no se comprende cómo jugar con él y para él. Las evidencias son bastante claras: en el Barça es ley no escrita que los balones de cada jugada ofensiva deben pasar por sus botines; en Argentina, no. Con selección, Leo pide la pelota, hace señas, deambula por el campo y busca espacios; con su club, el esférico llega a sus pies sin siquiera levantar la voz.
No es casualidad que los hinchas argentinos hayan adoptado la consigna “dásela a Messi” para definir el estilo de juego que el equipo debe tener. Cuando los blaugranas ponen en práctica ese proverbio del balompié –adaptación del clásico “la pelota siempre al 10”– algo bueno suele ocurrir. Sin embargo, lo que trasciende y diferencia al Messi culé y al Messi che es su entorno. No solamente la falta de socios y afinidad futbolística, sino un hecho que nadie en la parte baja del continente americano se atreverá a reconocer: en Argentina el futbol ya no es divertido, sino agresivo y caótico.
La doble vida de Messi está cerca de desquebrajarse. No debería extrañarnos un amago de segundo retiro del combinado nacional.

Comentarios