Mujer prócer guatemalteca que participó en el movimiento de independencia

“La mujer es en su juventud una flor que del hombre usa como la abeja y marchita y gasta… que es agente, que no necesite del hombre para subsistir, que se le dé una educación para que se baste a sí misma. Yo estoy por la independencia.”

Su pensamiento plasmado en una carta dirigida a sus hijos.

Cada país tiene su forma propia de independización y son muy respetadas, como es el caso de Guatemala; así como también tiene sus héroes y heroínas que siempre surgen en cualquier tipo de luchas.  En esta ocasión se habla de una mujer que es interpretada artísticamente como una mujer alta y cincuentona, que encendía cohetillos y ordenaba música de marimba en la plaza, mientras se llevaba a cabo, en el palacio de los Capitanes, la sesión que concluiría con la firma del acta de Independencia de España, un lluvioso sábado 15 de septiembre de 1821.

En realidad, se trataba de una mujer de 37 años, delgada y de baja estatura, a juzgar por un vestido suyo que se conserva en el Museo Nacional de Historia en Guatemala.

María Dolores Bedoya de Molina nació el 20 de septiembre de 1783 en Guatemala. Fue hija de Pedro Bedoya y de Manuela Antonia González, contrajo matrimonio el 9 de febrero de 1804 con Pedro Molina, una de las figuras más destacadas de la lucha independentista de Guatemala.

A principios del siglo XIX, la mujer estaba destinada a los servicios domésticos, la maternidad o la vida religiosa. La mujer debía ser sumisa y ajena a los asuntos públicos. En vez de eso, Dolores manejaba una pequeña finca, llamada Jauja, situada en las afueras de La Antigua, una pequeña ciudad rodeada por volcanes en el sur de Guatemala.

La escolaridad femenina en aquella época estaba limitada a algunos rudimentos de lectura y escritura, así como algunas nociones básicas de matemáticas “para que llevara correctamente las cuentas de la casa”. Sin embargo, Dolores redactaba muy bien:

“En cuanto al favor que ahora imploro para mis hermanos, en su majestad declaro estar persuadida que mis hermanos no han tratado de perturbar el orden público”, escribió en una carta dirigida al capitán general José de Bustamante y Guerra para pedir la libertad de sus hermanos Cayetano y Mariano Bedoya, detenidos en diciembre de 1813 por estar involucrados en las llamadas Juntas de Belén: una fallida conspiración libertaria.

Ella, junto a su esposo, viajó a Granada, España, donde procrearon sus primeros cuatro hijos, de los ocho que conformaron la familia: Pedro, el mayor nació en 1809. En 1810 nació Concepción, posteriormente, en 1812 nació Felipe Francisco, el cuarto hijo; José Ramón nació en 1813 y fue el que vivió más tiempo en Guatemala.

En 1814 Dolores Bedoya y su esposo regresaron a Guatemala, donde nacieron cuatro hijos más: José Manuel que nació en 1817; Luis nació en 1819 y Vicente, quien nació en 1821.

La finca La Jauja era uno de los sitios donde se reunían los independentistas guatemaltecos. De a poco, fueron impregnando en María Dolores la necesidad de llevar a la práctica las ideas libertarias que se debatían en su hogar durante esas jornadas de conspiración.

En la noche del 14 de septiembre de 1821, momento en que comenzó el proceso independista en la ciudad de Guatemala, recorrió junto con Basilio Porras las calles de la ciudad llamando a los criollos a unirse al movimiento.

El 15 de septiembre, mientras las autoridades coloniales y patriotas debatían el fin del mandato colonial, Dolores Bedoya se mantuvo en las afueras del Palacio Nacional a la espera de las noticias políticas del momento. Dice la leyenda que, ante la tardanza propiciada por el sector español, María Dolores mandó a tocar música de tambores y disparar cohetes de festejo para que los indecisos de la ciudad dieran por cierto que se había declarado la independencia y que el pueblo celebraba su triunfo.

Apoyó a su marido en las tareas políticas con las limitaciones que la época imponía a las mujeres para actuar en los asuntos públicos.

Compartía el ideario liberal con su marido y fue una fiel compañera tanto a la hora de los triunfos políticos como en los momentos del exilio. Murió en la ciudad de Guatemala el 9 de julio de 1853 a los 70 años.

Como en cualquier país, no importando raza, color, ni religión, los derechos de la mujer son nulos en cuanto a la impartición de la educación. Siempre a través de la historia se conoce como es tratada de forma diferente al sexo opuesto y esto se transforma en una discriminación, aun teniendo los conocimientos para sobresalir.

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