La Revolución mexicana provocó que mujeres seguras de sí, fuertes y creativas, destacaran en escenarios donde antes no había sido posible admirarlas, una de ellas fue Dolores Jiménez y Muro (1948-1925).
Ella fue periodista y poeta, maestra y revolucionaria, rebelde por siempre. En 1908 creó el club femenil Hijas de Cuauhtémoc, donde enfrentó la represión de la dictadura. Una de sus primeras acciones fue realizar un mitin en la glorieta de Colón de la Ciudad de México para protestar contra Díaz y su fraude electoral. Fue una de las tantas veces que fue a dar a la cárcel. El gobierno de Díaz la identificó plenamente, así que fue perseguida, amenazada y encarcelada. Enfermó en prisión y estuvo incomunicada. Hizo una huelga de hambre. Al ser liberada regresó a la lucha, nada impidió que siempre volviera a la lucha.
En 1911 firmó el Plan de Tacubaya y reconoció a Francisco I Madero como presidente provisional. Exigió que se restableciera la libertad de imprenta y proclamó como ley suprema la Constitución de 1857 en lo que se refiere al voto libre y no reelección. Durante el lapso de 1913-1914 criticó el gobierno de Victoriano Huerta, por lo que nuevamente fue encarcelada, esta vez por 13 meses.
Lista para seguir en la lucha, se fue al sur de México a unirse al ejército zapatista. Algunas semblanzas indican que Zapata la invitó a ser parte de su ejército. Se dice que tomó las armas y no solamente fue soldadera, sino que la nombraron general brigadier. Lo que destaca de manera muy valiosa su papel en este escenario revolucionario fue que escribió el proemio del Plan de Ayala, el 28 de noviembre de 1911. El contenido del texto fue bien comprendido y recibido con beneplácito. Al respecto, uno de los hombres fuertes del zapatismo dio a conocer el siguiente testimonio:
“‘¿Quién hizo este documento que es por lo que peleamos?’, preguntó Zapata. ‘Son las ideas de un grupo de compañeros, y quien le dio forma fue una señorita muy entusiasta, culta y revolucionaria’, respondió Magaña.”
La relación que Dolores Jiménez y Muro tuvo con Zapata está llena de mitos. Si se amaron, si ella estaba enamorada, si él también la amó, si fue el amor de su vida. Entre algunos rumores y comentarios que se han difundido está la fotografía histórica tomada el 4 de diciembre de 1914. Los revolucionarios entraron a la Ciudad de México y en la silla presidencial se sentó Pancho Villa, a un lado de él estaba el mismo Emiliano. Mucha gente les rodea y justo detrás de ellos, al centro, se observa el rostro de una persona, algunos dicen que se trata de la misma Lolita.
Lo que sí es una certeza es que Jiménez y Muro formó parte del grupo zapatista; noticias de la prensa, el testimonio de Julia Ruisánchez y el mismo Magaña lo han confirmado en sus datos y evocaciones:
“La señorita Jiménez y Muro, digna representante del esfuerzo de la mujer mexicana en pro del movimiento social en México, se incorporó posteriormente a la causa de Zapata, quien siempre la distinguió y le guardó las consideraciones a que era acreedora aquella insigne y patriota revolucionaria.”

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