“Los hombres de Estado, por grandes que sean sus aptitudes para el alto puesto que ocupan, y por sanas que sean sus intenciones en favor de sus gobernados, es muy raro que vean claro” Dolores Jiménez y Muro Nuestro bello país, México en todo su esplendor, su historia, sus luchas internas como cualquier otro país que quiere libertad plena. Nos encontramos en el mes 11 del año, noviembre, mes importante y marcado en nuestra nación por una revolución que se inició hace más de un siglo. La Revolución Mexicana, fue un conflicto armado que aconteció entre los años de 1910 a 1917. Pero, ¿por qué causa se generó esta revolución? Como siempre, por el poder. Fue una lucha en contra de la perpetuación que tenía el general Porfirio Díaz, lo que llevó a una disputa civil entre diferentes grupos que tenían como bandera derechos políticos y sociales que al unirse por un fin, surgió una guerra de guerrillas durante varios años y que dejó durante ese tiempo más de un millón de muertos.

Toda esa revuelta del país fue convocada como lucha armada para el 20 de noviembre a las 18 horas de 1910, en donde participaron hombres y mujeres con un objetivo en común, quitar del poder al general Porfirio Díaz conjuntamente con las autoridades que en ese momento gobernaban. Esa Revolución Mexicana de 1910 alcanzó un proceso amplio y complejo que envolvió la congregación de grandes sectores del campesinado y los inicios de los sectores obreros y urbanos.

Por otra parte, las mujeres hacen su aparición como sucede en todos los procesos revolucionarios, son quienes participaron activamente y además, fueron protagonistas de la revolución en la lucha mucho más fuerte de lo que se encuentra asentado en los libros por parte de los historiadores oficialmente.

En ese movimiento surgió la presencia de Dolores Jiménez y Muro y otras miles más de mujeres que se encuentran en el anonimato pero que fueron guerreras combatientes que se sumaron a las líneas revolucionarias. (Ocampo, 1949).

Esa aguerrida mujer Dolores Jiménez y Muro nació un 7 de junio de 1848 en la ciudad de Aguascalientes, su padre fue el señor José María Jiménez y su madre, la señora Atilana Muro. En el hogar obtuvo excelente educación y desde su infancia una de sus grandes pasiones lo fue la lectura, debido a esa pasión, obtuvo bastante cultura y gusto por la escritura. Cuando tenía nueve años, la familia decidió salirse de Aguascalientes y se establecieron en San Luis Potosí, ciudad donde su padre obtuvo un trabajo firme como funcionario de gobierno. El ambiente en el que se desenvolvió fue liberal y le permitió incursionar como profesora, escritora y posteriormente periodista.

En 1874 Dolores fue invitada por parte del gobierno estatal para participar en las fiestas de septiembre por ser conocido su interés en la escritura de la poesía, ella escribió el poema con el que participó y en él, se advierte la aspiración de tener un mejor país. En 1901 se simpatizó con el Partido Liberal Mexicano y colaboró en la redacción del programa compartiendo militancia con Ricardo Flores Magón. Durante el régimen de Porfirio Díaz, en su creciente participación en acciones filantrópicas se acercó a los trabajadores, donde conoció y denunció la miseria y la explotación de que son objetos.

Antes del estallamiento de la revolución existían grupos de mujeres en los que se encontraban obreras, campesinas, intelectuales y maestras, quienes además de luchar por la revolución, lo hacían también por salarios iguales a los de los varones, licencias por maternidad y educación para las mujeres indígenas y campesinas. En los incipientes intentos de organización de la clase obrera, las mujeres jugaron un papel importante. (López, 2015).

En el año de 1904 se inició en México el movimiento antirreeleccionista contra Porfirio Díaz y Dolores participó en unión con otras mujeres formando grupos de maestras, campesinas, intelectuales y obreras que abogaron por obtener derechos sociales, económicos y políticos para la mujer; a la vez que editaba el periódico La Mujer Mexicana y presidia el club femenil Hijas de Cuauhtémoc, con el cual encabezó una protesta en contra del fraude electoral, bajo la consigna “es tiempo de que las mujeres mexicanas reconozcan que sus derechos y obligaciones van más allá del hogar”. Como simpatizante y miembro del Partido Liberal Mexicano, colaboró en la redacción de su propaganda, teniendo como compañero a Ricardo Flores Magón y en 1911 planeó una conspiración para llevar a Francisco I Madero a la presidencia.

Las acciones de Dolores llegaron hasta Emiliano Zapata y él al conocer sus ideas sobre los derechos sociales y económicos de los trabajadores, le pidió ayuda para su causa; ella se unió en 1913 a las filas del zapatismo, en donde nuevamente fue docente, escritora, periodista y oradora, permaneciendo con él hasta que fue asesinado en 1919. (Boullosa, 2010).

Dolores Jiménez estando con Zapata lo acompañó en muchas campañas del Ejército del Sur; redactó el preámbulo del Plan de Ayala, proclamado en 1911; plan que sintéticamente planteaba la renuncia de todos los funcionarios del gobierno y jefes militares; la desmilitarización de las zonas ocupadas por el ejército, la expropiación y reparto de todas las tierras y los recursos naturales entre los campesinos y libertad a todos los presos políticos. El general Emiliano Zapata le otorgó el nombramiento de Coronela del Ejército Libertador del Sur.

Dolores se destacó entre todas las mujeres que lo acompañaron por sus conocimientos e ideales; fundaban grupos políticos, organizaban sindicatos, ponían en pie diarios y revistas, discutían con pares y superiores, tomó en cuenta a las mujeres que tenían un estatus legal inferior. Más tarde, en 1917, formó parte en la Secretaría de Educación, donde se impulsó la primera campaña de alfabetización y participó en las misiones culturales. La participación de Dolores en la Revolución no fue desapercibida, ciertamente es poca su visibilidad y no le hace justicia a la mujer valerosa que llegó a la Ciudad de México en 1914 con los ejércitos de Zapata y Villa.

Existe una fotografía, donde el lugar que ocupa no es casual, se lo ganó a pulso, porque su contribución a la revolución fue de vital importancia. La historia oficial, y esa rara costumbre de esconder con mucho cuidado la participación de las mujeres en los acontecimientos históricos, es la única responsable de que todavía hoy en día alguien vea la foto, y con asombro se pregunte “¿Quién es esa mujer detrás de Zapata y Villa?” Dolores fue socialista y activista política desde su lugar de origen, Aguascalientes, trabajó arduamente en incontables publicaciones de izquierda como La Mujer Mexicana en donde era la parte de la redacción, hecho que le costó ser encarcelada por el general Porfirio Díaz y por Victoriano Huerta. (Tuñon, 2002).

Dolores Jiménez y Muro murió el 15 de octubre de 1925 en la Ciudad de México, contando con 77 años, sus amigas y compañeras le llamaron siempre “antorcha de la revolución”. Supo cómo enlazar las generaciones que se habían enfrentado a dictaduras y resistido a invasiones, y más aún, a la generación que envolvió la Revolución de 1910. A pulso obtuvo su lugar entre los generales de la Revolución, recabando las ideas y redactando documentos importantes como el Plan de Tacubaya y el prólogo del Plan de Ayala. Hasta antes de su fallecimiento ella defendió a la mujer mexicana, afirmando que, “son una parte crucial en la economía y por eso ellas merecen beneficios de las reformas económicas de México”.

“… hay una sola mujer, a menudo invisible detrás de Pancho Villa y Emiliano Zapata. ¿Quién es esa chica?”
“Es tiempo de que las mujeres mexicanas reconozcan que sus derechos y obligaciones van más allá del hogar”
Dolores Jiménez y Muro

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