“Negar los antagonismos en teoría… no los hace desaparecer. Siguen manifestándose, pero con la condición de que ahora aquellos… que han negado su existencia puedan percibirlos como erupciones de lo irracional”
Ch. Mouffe, 2011

Una gran proporción de ciudadanos ha manifestado de alguna u otra forma su insatisfacción con la democracia actual, cada vez con mayor frecuencia más y más ciudadanos se suman a las filas del descontento, no ahora, sino ya hace algunos años en diferentes rincones del mundo. La democracia actual parece no poder procesar e incorporarse políticamente a las enormes expectativas de los ciudadanos, que han crecido tanto a la sombra de los avances económicos como los tecnológicos, junto con sus enormes impactos sociales y culturales que han hecho que nuestra idea moderna de democracia luzca rudimentaria ante los ojos de más y más ciudadanos educados y críticos.

Entre las muchas promesas no cumplidas de la democracia que se han acumulado década tras década, está la enorme exceptiva de la eliminación de todo tipo de conflicto y la constitución del consenso universal a través del dialogo. Conflicto y democracia teóricamente son dos fenómenos contrapuestos, la segunda no se puede dar en un contexto de creciente antagonismo, ya que está considerado como una forma de gobierno que permite en paz lograr los cambios necesarios para la gobernabilidad y logro del bienestar. Ninguno de nosotros, sin excepción, dudaremos ni por error que la eliminación del conflicto pasa por la anulación de los enemigos, de los disidentes, ya sea mediante la fuerza o, con formas políticamente correctas, como el ejercicio del voto bajo lo que conocemos como formas democráticas.

En ese supuesto teórico, pensamos que modificaremos la realidad, es decir, que desaparecerá, a través de la acción de la mano invisible, las diferencias los antagonismos y cualquier manifestación de ellos serán atribuidos a comportamientos irracionales, resultado de la falta de educación y de conocimiento. En otras palabras, la crisis de la democracia se encuentra en esa condición inherente del surgimiento de ella misma, la búsqueda permanente del consenso nos ha llevado a ahorcarnos con nuestra propia cuerda en dos sentidos: el consenso a través del dialogo, tiene como resultado el hacer desaparecer paulatinamente las diferencias llegando al extremo de no poder diferenciar entre posturas de derecha e izquierda y, en el ejercicio del voto, a contar con él, pero no con las alternativas y diferencias necesarias; entre los actores políticos no hay opciones reales, se les escucha decir amargamente a los ciudadanos.

Frente a esa angustiante y, al mismo tiempo, irritante realidad política no podemos olvidar como nos recuerda Chantal Mouffe, que el antagonismo es parte consustancial de todas las relaciones sociales en cualquier parte del mundo, en otras palabras, la reciprocidad y la hostilidad son las caras de la moneda de todo ser humano, en consecuencia el conflicto es parte constitutiva de todo individuo y de la vida de cada uno de ellos en sociedad, entonces cómo construir política mediante la premisa de ellos y nosotros y no de un nosotros asumiendo las diferencias y, lo más importante, los antagonismos que hacen del conflicto una parte importante de nuestra vida cotidiana.

Debemos conformar un sistema democrático que supere la lógica del otro como enemigo y comenzar a verlo como un adversario con distintas ideas e identidades que debemos tolerar para el sano desarrollo de nuestra vida política. Todo adversario tiene derecho a defender sus ideas y a implementar sus proyectos. La vida democrática se debe nutrir del combate de las ideas, no de la imposición de consensos. De esa forma, el conflicto es parte cotidiana de nuestra vida democrática para Chantal Mouffe es la única democracia posible para el mundo contemporáneo y es la que anhelamos todos los ciudadanos, que tenemos cada vez sueños y expectativas enormes, que necesitan de políticos innovadores.

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