Don Chalío, aquel que nunca tuvo miedo a la muerte

1658
Don Chalío,miedo a la muerte

El viejo hospital civil de Pachuca, inaugurado en 1939, disponía de un anfiteatro para el depósito de cadáveres; en 1945, cuando fue inaugurada formalmente la Escuela de Medicina de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), dicho espacio fue utilizado por estudiantes y profesores de esa institución para prácticas de disectonomía.

Se tiene referencia de que uno de los primeros responsables del anfiteatro fue Don Antioco y lo sucedió en el cargo Isaac Rosalio Mondragón, mejor conocido como Don Chalío, personaje enigmático y aún recordado en la máxima casa de estudios de la entidad.

Mucho podría escribirse de Don Chalío, un hombre que hablaba poco; tez rosada, ojos verdes, escaso cabello, alto y fornido; no se sabe cómo llegó a la capital del estado ni su origen ni estudios, lo que hoy sabemos es que él vivía en el interior del anfiteatro, convivía con los cadáveres y consumía sus alimentos, posiblemente compartiéndolos con sus huéspedes.

Se convirtió en ayudante de los médicos forenses cuando practicaban autopsias y, por las noches, relajadamente dormía a lado de sus vecinos inertes, que respetaban su sueño.

Algunos de los residentes del anfiteatro permanecieron por mucho tiempo olvidados, sin ser reclamados por pariente alguno. El alma caritativa de Don Chalío siempre los protegió, cuidó, aseó y buscó quien los adoptara, así que los cadáveres compartieron con los estudiantes de medicina los misterios del aprendizaje.

Un día, la modernidad hizo que el viejo anfiteatro, que funcionó por más de 40 años, fuera demolido en 1980 para dar paso al módulo de ciencias morfológicas de la UAEH; en consecuencia, Don Chalío perdió su morada.

Meses después de la demolición del anfiteatro, sin mirar atrás, Don Chalío partió de este mundo a reencontrarse con sus viejos camaradas. Seguramente, ellos le enseñaron cuál era el camino del descanso eterno, por eso nunca ha sido visto por los mortales. El recuerdo de él solo queda en la memoria de aquellos que lo conocieron. Quizá usted, al leer estas notas, se imagine quien fue Don Chalío, un hombre que nunca tuvo miedo a la muerte.

En estas épocas en que conmemoramos a los fieles difuntos, platique usted con los médicos de antaño que alguna vez fueron estudiantes y realizaron sus prácticas en el anfiteatro, ellos le podrán contar las anécdotas que aún permanecen en sus recuerdos; será un ejercicio para recuperar la memoria de personajes que han trascendido en nuestro tiempo y que conservan anécdotas macabras; pero también pregunte por Don Antioco, otro personaje que cuidó ese viejo espacio.

Comentarios