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Don Quirino, bolero y luchador de rostro amable

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BLANCA SORIANO LOZANO

Pachuca.– Orgulloso de sus raíces y satisfecho con la vida que ha tenido, don Quirino Iglesias Munguía, hombre de 60 años originario de Pachuca, ha sido bolero desde pequeño y practicó la lucha libre en sus años de juventud.

Su oficio y familia; ¿siempre se dedicó a lustrar zapatos?

“No siempre, hice varias cosas: fui comerciante, cargador de la Flecha Verde, vendedor de chicles, frutas en carrito, de chalán, de albañil, estuve en varias refresqueras como el titán y también fui luchador, pero ahora ya solo me dedico a bolear.”

¿Tuvo familia?

“Sí, tengo muchos hijos, todos los tuve con mi esposa, son 11 en total, los más chicos tienen 18 y 17 años, el mayor cumplió recientemente. Pero tres de ellos fallecieron, uno al mes de nacido sin causas aparentes, los otros dos murieron por drogarse con PVC, uno en octubre del año pasado, tenía 22 años, y otro en febrero, tenía 19 años; ambos me ayudaban a trabajar el puesto. Fue difícil porque aunque yo platicaba con ellos acerca de la importancia de hacer deporte y estar sanos, nunca me hicieron caso.”

¿Qué fue de su esposa?

“Ahí anda todavía, pero ella se queda en la casa, le dio artritis reumatoide, entonces luego no puede caminar, resintió mucho la muerte de mis hijos y de ahí su salud empeoró.”

¿Cómo le hizo para mantener a una familia tan extensa?

“Pues mire, a veces me preguntan si no me arrepiento de haber tenido tantos hijos y les digo que no, los mantuve trabajando; antes si uno trabajaba había dinero y alcanzaba, si no quería yo dar boleada, vendía chicles, tortas, cajas de fruta o era maletero en la terminal, ahí me ganaba unos pesos, antes se podía, ahora no, te recogen las cosas, te multan o hasta te roban; ganaba un peso y con eso comíamos todos y ahora ni 100 pesos te alcanza.”

Sus recuerdos; ¿qué recuerdos tiene de Pachuca?

“Ni se imagina, antes había tradición, la feria era en el parque de San Francisco, era barato, cada año estaba lleno de familias, todos nos conocíamos, no había tanto auto. A la fecha mis hijos me dicen que por qué no me compro un auto y les digo que no podría, si caminando me pierdo, no quiero ni pensar en un carro. Es que yo tengo presente todo como era antes, esto era un pueblito, daba boleada en Niños Héroes, ahí estaba la terminal de Flecha Verde, Estrella Blanca. Los camiones de Atotonilco estaban en el Reloj y yo vivía en Matamoros, le estoy hablando de hace unos 40 años, esa época era muy buena. A mí me decían ‘el niño de la calle’, porque siempre andaba aquí y allá, luego no iba ni a dormir a mi casa.”

¿Por qué vivía en la calle si tenía a su mamá?

“Por problemas con mis abuelos, cada que me veían me llevaban al campo a trabajar en un rancho en Tlapacoya, teníamos hectáreas para sembrar y sacábamos pulque, pero me traían como a Cristo, digo, gracias a ellos supe hacer cosas del campo, sacaba aguamiel, sabía cosechar.”

¿Por qué dice que lo traían como Cristo?

“Sí, pues bañado en pura sangre, cuando llegaba a casa, ya estaban ahí mis abuelitos, me pegaban por no querer ir a trabajar las tierras; ya después no solo me pegaban a mí, también a mi mamá por defenderme, entonces decidí pasar las noches fuera de casa.”

¿Y dónde dormía?

“En el Río de las Avenidas, en las coladeras; llegando a las 11 pm me iba ahí, pasaban unas ‘ratotas’ que ni se imagina; nos quedábamos varios chavos de la calle, poníamos una veladora cerca de nosotros para que no nos hicieran nada las ratas.”

¿Dónde se bañaba?

“En una fuente, ahí nos bañábamos y en el parque jugábamos futbol, la pasábamos muy bien. Luego crecí y empecé a juntarme con otros chavos, con ellos me iba a tomar, a hacer deporte y de ahí salió lo de la lucha libre.”

Su deporte; ¿y qué tal le fue en el ámbito de luchador?

“Pues me aventé 28 años en eso, pero me dio diabetes y mi piel se resintió. En esos tiempos mi nombre fue El Granito, luego anduve con otros dos luchadores, nos hacíamos llamar Los Gánsters, con ellos fui a la Ciudad de México, me la pasé a todo dar.”

¿Qué otros lugares conoció gracias a la lucha?

“Visité Poza Rica y Tampico.”

¿Qué experiencia le dejó aquella época?

“Pues mire, yo nunca gané dinero, practicaba por hacer deporte y por sentir adrenalina. Fue una época muy bonita, nos decían los Implacables; nos tenían miedo los contrincantes y tuvimos muy buenos maestros.”

¿Quiénes fueron sus maestros?

“A mí me enseñó el Perro de la Barranca, el Príncipe Salvaje, el Magneto, Emiliano Tercero y Villalobos, algunos fueron profes de México, ellos nos enseñaron a luchar bien rudo, hacíamos llorar a todos.”

¿Alguna anécdota que pueda compartir?

“Una vez entrené con una mujer, me daba pena pegarle como a un hombre, aquella ocasión me regañó mi entrenador y me dijo que tenía que pegarle bien. Con vergüenza y todo le pegué, pero se desmayó al caer al piso, me sentí mal, pero ya después aprendimos que así tenía que ser con todos, fueran hombres o mujeres.
“Otra ocasión me enfrenté con una señora, la dejé bien marcada y la hice llorar, se bajó del ring y me acusó, pero luego me aventaron a su hijo de 15 años, a ese igual le gané; aquello se volvió personal, me confrontaron después con el esposo, pero como no llegó a tiempo, me pusieron con otro. Al bajar del ring ya había llegado el cuate este y me aplicó el ‘palomazo’, de ahí nos volvimos muy amigos porque empezamos a platicarnos nuestras experiencias.”

¿Qué es el “palomazo”?

“Ah, es que cuando acabamos de luchar, traemos la sangre caliente, nos pasan o nos pasamos una navajita por la frente para hacer más llamativo el encuentro, entonces como aquel día yo bajé del ring cambiado de ropa, se le hizo fácil pasarme la navaja para ensuciarme; nos armamos de palabras, me reclamó por pelear contra su mujer y su hijo, le di con una cadena, pero al final nos volvimos muy amigos, pues entendió que así es la lucha.”

¿Alguna vez tuvo encuentro con luchadores famosos?

“Sí, a Octagoncito, Mascarita Sagrada, la Parkita y el Espectrito, a estos últimos los mataron por andar de canijos, se iban a tomar con señoras y en una de esas les robaron y pues pasó lo peor, pero también conocí a Blue Demon, al único que no conocí fue al Hijo del Santo.
“Otro que debutó con nosotros fue el Místico, él fue alumno de Padre Fray Tormenta, quien tiene un albergue en Texcoco. Él sacó a muchos luchadores más, todos eran huérfanos, pero los orientó al deporte, ahora que son famosos, ya ni lo visitan; el padre está enfermo y ya no hay quién se acuerde de su existencia.”

¿A qué edad dejó de practicar la lucha libre?

“Pues fue cuando me dio diabetes, como a los 50 años, mi piel se hizo sensible, mi cabello se empezó a caer y como acostumbraba traer una larga cabellera, pues ya no tenía el estilo para estar en un ring, ya no podía entrenar. Estoy mejor así.”

¿Alguno de sus hijos o nietos siguió sus pasos en la lucha libre?

“No, ninguno quiso aprender, tenían miedo, no practicaron nunca; pero sí entrené a otros, los debutamos y ahí andan, uno de ellos es El Despiadado, otros se fueron a Estados Unidos como El Rambo.”

¿Qué mensaje podría dar a los jóvenes para conservarse sanos?

“Les podría decir que disfruten su cuerpo en cosas buenas, todo se puede lograr siempre y cuando hagan deporte y no tengan vicios. La vida es muy bonita como para andar de vagos y destrozando su cuerpo.”

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