En la década de 1990, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) fueron el parteaguas tanto en lo económico como en lo político; la industria inició una transformación acelerada a partir de 2011, donde la inteligencia artificial hizo su aparición en la feria de Hannover Messe para dar paso a la fabricación inteligente; la industria competitiva es la que realiza aplicaciones de conocimiento profundo y conocimiento automático, o sea el M2M y el Internet de las cosas en los procesos de producción; la generación y aplicación de los grandes flujos de información impulsaron el Big Data, el cloud computing, o sea, la nube.

Un cambio disruptivo que impactó en el diseño y aplicación de los modelos económicos de las naciones que le apostaron al conocimiento, a la investigación y a la tecnología, como Corea del Sur, China, Suecia, Suiza, Israel, Dinamarca, Japón, Estados Unidos (EU), entre otros.

Pero hoy, esas mismas naciones ya están preparándose para la nueva era disruptiva, que es la hiperconectividad; sí, el paradigma de la 5G en sus procesos económicos; se imagina usted que los cirujanos ya podrán operar pacientes que se localicen en otro continente, en tiempo real mediante un robot; además, podrán crearse granjas inteligentes que se siembren, rieguen y cosechen con alta productividad, gracias al procesamiento de datos del suelo, y del clima, con tecnologías como drones y la mime-agricultura sin pesticidas ni herbicidas.

Eso será posible por el advenimiento de la Next Big Thing, o sea la 5G, quinta generación de telefonía móvil que permitirá una hiperconectividad a velocidades de milisegundo, actualmente es de 40 milisegundos, pero el llamado network slicing desarrolla multicomunicaciones intercontinentales a velocidades de un milisegundo.

Mientras que las naciones más desarrolladas están rediseñando sus modelos económicos que orienten los elementos claves de su desarrollo surge la pregunta: ¿cuál es el modelo económico de la 4T?, ¿dónde se puede ver?, ¿y cuáles son las variables?
¿Acaso el modelo económico se localiza en la Constitución política? ¿En el Plan Nacional de Desarrollo? ¿En el paquete económico y sus criterios de política económica?, o ¿en todos ellos? Porque en cada uno de esos documentos hay referencias normativas, lineamientos y programas como estrategias, pero no hay una integración que precise la denominación y orientación del modelo económico. Por ejemplo, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se refiere a los 30 años del neoliberalismo, donde el gasto público como los criterios económicos, programas y acciones aplicaron los 10 criterios del Consenso Washington de John Williamson, considerados como reformas económicas, al grado que se vieron reflejados en las reformas a nuestra Constitución de 1983 y 2013.

Con las reformas de 1983 a los artículos del 25 al 28 se inició la llamada liberalización de la economía mexicana, la competencia económica, la privatización, la desregulación, la apertura comercial, desmantelando con ello lo que llamaron el Estado intervencionista y el proteccionismo, esto último en franco contrasentido al mencionar que daban al Estado la rectoría económica, cuando fue precisamente lo que eliminaron.

Para efectos prácticos, la privatización facultó la venta de las empresas paraestatales, como ferrocarriles, Fertimex; Productora Nacional de Semillas (Pronasa), organismo soporte de la agricultura mexicana de calidad; estas y más de 390 empresas paraestatales fueron rematadas entre 1983 y el año 2000, las cuales primero las hicieron quebrar; este proceso de venta del patrimonio productivo de la nación y de todos los mexicanos propiciaron que 23 familias se convirtieran en multimillonarias, iniciándose una mayor profundización de la desigualdad en México.

De hecho, esas reformas significaron el desmantelamiento de la rectoría económica del Estado mexicano y la apertura comercial representó enfrentar al 98 por ciento de la estructura productiva de México, que son las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipyme), a una competencia para la cual no estaban ni están preparadas, porque siguen padeciendo la falta del desarrollo de sus capacidades tecnológicas y organizacionales, dado que se carece de una política federal de transferencia tecnológica y de conocimientos hacia los pequeños productores manufactureros y del campo.

Lo anterior facilitó que el gran capital nacional y extranjero hicieran que las empresas transnacionales se fortalecieran como motor de la economía nacional, reproduciendo así nuestra dependencia económica y tecnológica. ¿No lo cree usted?

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