Este breve planteamiento permite preguntarnos si en este 2018 los mexicanos podremos, al fin, encontrar al político, no granítico, sí de carne y hueso, que con humildad pueda conducir la esperanza de miles (¿millones?) de mexicanos. Una primera y fundamental reflexión es que un liderazgo es una valoración y resultado de toda una generación, es la historia de ideales que a lo largo de un proceso de madurez han podido construir las condiciones y realidades de la democracia posible, es el ideal hecho realidad. En ese contexto, ¿están dadas las condiciones para que surja en México un liderazgo como el antes descrito? A primera vista la respuesta parecería ser no, pues la agenda de los probables candidatos de los distintos partidos políticos está estrechamente limitada por el inmediatismo electoral, lo que menos necesita el país es redentores o santos, menos aún, mesías. La agenda social, que de acuerdo con José Woldenberg es el paso que le puede permitir al país avanzar y consolidar el proceso de democracia política que se inició en el aún cercano año 2000, es la que debe estar en la mesa de la discusión. Penosamente lo que hasta hoy tenemos es un espectáculo barato de acusaciones y descalificaciones, lo que determina el discurso político es la banalidad, el sin sentido, la demagogia y, la democracia, afirma Sartori, carece de sentido si sus ciudadanos no la comprenden. Cómo entender, por ejemplo, que los partidos políticos, aprovechando una circunstancia dolorosa como los recientes sismos, (re)planteen la posibilidad de que su financiamiento deje de realizarse con recursos públicos para pasar a financiarse con dinero privado. Sin duda, un propósito plausible como apoyar con una parte de su partida presupuestal a los damnificados, no debe servir como coartada para dar fuerza a la voz que propone solamente el financiamiento privado. Ese comportamiento (de) muestra que a nuestra clase política solo le interesa manipular, engañar, aprovechar, este discurso mendaz y demagógico solo confunde a unos ciudadanos irritados, desconfiados. Sin entrar en detalle solo cabría preguntar, ¿cómo se van a financiar los partidos políticos, si su única fuente de financiamiento fuera exclusivamente la privada?, con esta vía por supuesto el lavado de dinero (y la delincuencia organizada) encontraría inmejorables condiciones para imponer sus intereses; otra cosa sería que nos propusieran mecanismos de transparencia, eficiencia y racionalización de su gasto.

No es acaso una condición deontológica que los políticos y sus partidos se rijan (a riesgo de ser tautológico) por el principio de la ética. Sería mucho pedir que los políticos construyan, a partir del diálogo, las razones y argumentos, la sociedad posible, esto lo podemos lograr si conseguimos dignificar, elevar el debate de las ideas que nos permita construir el discurso de la razón. La historia es un proceso abierto que siempre nos sorprende, ahora mismo, con seguridad nos tiene reservadas algunas novedades, por eso sería prematuro, y quizá poco responsable, asegurar que en esta marcha democrática del país aún no aparece el personaje y el cuerpo social que México necesita; en la historia política de nuestra nación, seis, 12, 18 años suelen ser muy poco o nada. En esta ruta no sé si tenga ya la respuesta, pero la historia la buscará, es su naturaleza.

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