El éxito comercial atiende a la mercadotecnia y no precisamente al gusto que surge del interés por la apreciación.
En la India es normal que una persona excrete en cualquier lugar público (se cague) y que además lo haga en grupo, pues desde su percepción somos una especie más, todos lo hacemos y no es ninguna novedad, como tampoco lo es hacerlo en compañía, ni pisarla ¡Sí! esto también es cultura, aunque no necesariamente corresponde a la cultura de las sociedades de Occidente, podemos sentirnos orgullosos y creernos más inteligentes por esta distinción, pues a nosotros nos separa un muro, una puerta o un cuarto, también para ellos tener un inodoro dentro de la casa de quienes tienen acceso a él, es socialmente mal visto, la acción en sí misma debido a su naturaleza no podrá cambiar, al menos no en una generación biológica, solo que alguien intente mutar este hecho. Si bien, los modos de organizarnos para atender nuestras necesidades primarias como las ya mencionadas y otras relativas a las de seguridad y asociación, como la atención médica, nos han traído beneficios al bienestar social.
¿Qué es más asqueroso? Ver a una persona excretar en vía pública, como ocurre en la India, o ser indiferente ante la impunidad promovida por la corrupción, misma que nos ha llevado a ocupar la primera posición mundial en pornografía infantil por tercer año consecutivo; el primer lugar en corrupción de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para 2017; el segundo a nivel mundial en violencia, superado solo por Siria y colocando a México por encima de Irak, entre otras distinciones. Tan solo en 2014 se iniciaron 130 averiguaciones contra presuntos responsables, lográndose consumar solo tres sentencias condenatorias, (Robles M). Justamente es en Veracruz donde se ha detectado el mayor número de casos.
En materia económica, los mexicanos con ciertas posibilidades, cansados de esperar o de buscar ofertas de trabajo que los impulsen, y que por el contrario los obstaculizan, se han dado a la tarea de emprender, identificando oportunidades locales desde un puesto de chalupas o de escalas mayores como las Startups, la gran mayoría de los activos surgen de la imitación y no de la investigación estratégica, por lo que no es extraño descubrir las cifras que nos comparte el Instituto del Fracaso, el cual menciona que 75 por ciento de las Startups mueren tras dos años de operación, la principal causa: las finanzas, pues terminan por conseguir un trabajo que les permita solventar el pago de sus gastos corrientes. La cultura emprendedora de nuestro país en comparación con la de otros sectores económicos, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), señala que las empresas de manufactura resultan ser las más longevas, con una probabilidad de vida de 9.5 años. A este sector le sigue el de servicios privados no financieros con 8.8 y comercio con 6.6 años de vida.
Las cifras no parecen alentadoras, sin embargo, la cultura es de empuje y con el conocimiento de esta información o no, la fuerza de trabajo no se detiene, optando por desarrollarse en la informalidad. Peña en su quinto informe se siente orgulloso porque nuestra economía ya no dependerá más del petróleo y gracias a las nuevas estrategias de recaudación de impuestos, el gobierno en turno se siente más tranquilo, pues su base de tributantes pasó de 40 a 60 por ciento, garantizando con esto la captación de los recursos para el presupuesto nacional. La informalidad es el modus vivendi de gran parte de nuestra población, pero entonces qué es lo no está funcionando, si el Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem) dispone de cuantiosos recursos, al igual que otras instancias además de que en la actualidad existen diversidad de instituciones que capacitan, asesoran y se especializan en la formación de este quehacer. Cuál es la incógnita entonces que nos permitirá comprender los resultados tan negativos y entender nuevas formas de administrar los esfuerzos invertidos por todos los agentes involucrados para tener modelos de desarrollo social, sostenibles, basados en la productividad y no en la deuda, pues ya vemos que la ignorancia tiene un gran costo. La respuesta posiblemente resida en la misma cultura emprendedora; qué pasaría si desde la primera infancia existieran políticas públicas en materia de educación que promovieran el desarrollo de los niños desde los grupos, desde el cooperativismo y no desde la individualidad que más tarde será traducida en competencia y en donde el niño con las mejores notas será el “más preparado”, y qué hay de los otros 29 niños que comparten el espacio, que construyen nuevas culturas en función del tiempo en el que se desarrollan o son instruidos por los docentes a repetir las mismas prácticas disfuncionales, como a ellos les fueron enseñados, entonces de nada sirve que se inviertan millones de pesos, si se va a volver a repetir el mismo error, generación tras generación y la factura de estos hechos, como fue una inversión producto de la colectividad (impuestos), pues también
afecta a todos.

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