Ni el terremoto con que la naturaleza saludó la entrada de Francisco I Madero a la Ciudad de México en 1911, ni el de 1957 que provocó la caída del Ángel de la Independencia sobre el Paseo de la Reforma, se acercaron siquiera al poder destructor y a la devastación causada por el terremoto que, la mañana del 19 de septiembre de 1985, destruyó parte de la Ciudad de México y provocó miles de víctimas.

A las 7:19 horas de aquel jueves 19 de septiembre, un movimiento telúrico de 8.1 grados sacudió la Ciudad de México y nada volvió a ser igual. Miles de construcciones de todo tipo se vinieron abajo, edificios de departamentos, oficinas, fábricas, hospitales; se calcula que fueron poco más de 2 mil 800 edificaciones las que sufrieron daños. Aunque no existe una cifra oficial, se calcula que 10 mil personas perdieron la vida, sobre todo en la zona centro de la capital, colonia Roma, Tlatelolco, entre otras.

A 30 años de la tragedia que marcó a toda una generación, aún se recuerda la crónica que el periodista Jacobo Zabludovsky hizo in situ, recorriendo las principales zonas afectadas por el terremoto. Aún se recuerda también la forma como el gobierno del presidente Miguel de la Madrid se paralizó frente a la magnitud de la tragedia, y en una primera instancia, argumentando el respeto a la soberanía nacional, rechazó ayuda internacional. Aún se recuerda que fue la sociedad civil la que de manera improvisada, pero efectiva, se organizó para ayudar, cooperar, asistir, ante la indolencia del gobierno.

Entre los edificios que no resistieron la furia de la naturaleza se encuentran los televiteatros, Televisa Chapultepec –en donde quedaron sepultados muchos trabajadores, comentaristas y comunicadores–, el centro médico, el famoso hotel Regis –de gran tradición en la historia social del siglo XX– y la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.

El terremoto tomó por sorpresa al gobierno y a la sociedad; evidenció que en una ciudad susceptible a los movimientos telúricos no existían los protocolos de seguridad, la prevención y la educación adecuada para hacer frente. También mostró la corrupción que había infiltrado los contratos de construcción en el Distrito Federal. De las ruinas que dejó el terremoto, resurgió una sociedad distinta, que hizo conciencia de que, era posible organizarse al margen del gobierno.

Cuando en el pasado no se entendía bien qué eran y por qué se producían los terremotos, en todas partes del mundo se trataba de establecer una relación directa entre su ocurrencia y la posición de la Luna, el clima o el comportamiento de los animales, lo que dio origen a una serie de creencias populares sobre el tema. El problema es que dichas creencias no solo no tienen un sustento científico sino que pueden poner en peligro la vida de personas durante un sismo fuerte.

Mito: Durante un sismo hay que colocarse en el marco de una puerta.

Realidad: Aun cuando el marco de una puerta en una casa construida en México es parte de la estructura de la edificación, debido a que la construcción tenderá a deformarse, será precisamente el marco de una puerta uno de los puntos más débiles. Sí se recomienda abrir las puertas para evitar que estas se traben y la gente pueda salir después del sismo.

Mito: No existe forma de salvarse durante un sismo.

Realidad: Durante un sismo los primeros 20 o 30 segundos serán muy importantes para que las personas que se encuentren en una edificación puedan desalojarla si es que se encuentran cerca de un punto de reunión o una zona segura, si no es así lo mejor es colocarse en posición fetal, lejos de ventanas o cristales, cubriendo con los brazos la zona de la cabeza, a un lado de una mesa, cama o escritorio ya que lo más importante es evitar ser golpeado por objetos que caen por la fuerza de un sismo.

Mito: Ya existen sistemas que pueden predecir sismos o terremotos.

Realidad: Ningún país o asociación en el mundo ha logrado desarrollar la técnica necesaria para poder predecir un sismo, ni siquiera por un día. Lo más que se ha conseguido son las alarmas sísmicas colocadas a lo largo de las fallas tectónicas que indican por medio de señales de radio que se está llevando a cabo un sismo. Como normalmente los epicentros quedan lejos de las ciudades, esto permite que las personas cuenten con un tiempo de 30 a 40 segundos para poder desalojar un edificio, que es el tiempo que tardará en promedio en llegar la onda sísmica a ciudades densamente pobladas como la Ciudad de México, Puebla, Veracruz, etcétera.

Mito: La alineación de la Tierra con la Luna, el Sol o los planetas causan movimientos telúricos.

Realidad: Los estudios científicos también han echado por tierra la convicción popular de que los movimientos telúricos tienen relación con la alineación de
la Luna, el Sol y los planetas.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.