Cuando el hambre aprieta y el tiempo es poco, una de las alternativas que tenemos los mexicanos para saciar nuestro apetito son las tortas, que las hay para todos los gustos y bolsillos.
Aunque se pueden hacer con cualquier tipo de pan blanco, sin duda las más típicas son las de telera. ¿Telera?, curiosa palabra. Una explicación del origen de este nombre, tal vez avalada por el gremio panadero, es que es una contracción de “tres hileras”, por la forma de dichos panes. Aunque parece convincente, llama la atención que el pan de telera se conoce también, y desde hace siglos, en algunas regiones de España, y de Centro y Sudamérica; además, su geometría no necesariamente obedece a la regla de las tres hileras.
Muy conocida es en México la canción “El barzón”, que bien retrata la situación de los campesinos de la época postrevolucionaria. En un fragmento se canta:
“Cuando llegué a media tierra, el arado iba enterrado, se enterró hasta la telera/ Se me reventó el barzón,y sigue la yunta andando.”
Si revisamos el Diccionario de autoridades (1739), encontramos esta definición:Telera: pieza de hierro, u otra materia, que a modo de cuña se mete en el arado para asegurar y afirmar la reja, y por semejanza se dice de otras cosas.
¡Vaya!, nada qué ver con harina. Siguiendo la búsqueda, encontramos que la palabra “telera” y otras similares —telero, telerín, telerón, talero— se usan desde muy antiguo para nombrar a diferentes objetos con forma alargada, a manera de tablas o palos; como las teleras de las carretas, que son los barandales; o las teleras de ciertos muros hechos de madera.
Así las cosas, ya no es descabellado aceptar que la voz telera y sus similares tienen origen en telarium, voz latina que significaba “espadilla”, o “a manera de espada”, y que va muy bien con la idea de objetos alargados y planos.
Si nos asomamos al Diccionario de autoridades, encontraremos otra acepción para esa palabra:Telera: se llama en Andalucía la Baxa, cierta especie de pan bazo de figura larga y redonda que se amasa para los gañanes en los cortijos.
De esa definición aprendemos que la telera, como pan, mínimo ya existía en tierras andaluzas desde el siglo XVII y que era barato, propio para los gañanes —que así llamaban a los pastores rústicos que hacían las tareas más humildes en el cuidado del ganado—. Además, la definición contiene la razón del nombre: “De figura larga y redonda”, o sea, a manera de palo, justo la geometría que encaja en la idea implícita que hay en la voz telera y, la verdad, es que vino muy bien para distinguir a estos panes de los redondos.

Cuentos del armario
Victoria García Jolly, quien de diseñadora gráfica y directora de arte de la revista Algarabía, pasó a ser autora de libros de divulgación como: Café negro como la noche (2010), El libro de las letras (2011), Para amar el arte (2016) y muchos más. Ahora presenta Cuentos del armario, su primera obra de narrativa, en la que reúne minificciones y cuentos cortos, que ha escrito a lo largo de muchos años y que ordenó en tres partes:
I. Cuentos de la libreta
II. Cuentos del cajón
III. Cuentos del armario.
En el prefacio, su maestro Óscar de la Borbolla califica al volumen “como una antología azarosa, pues así como en la vida uno se va encontrando por casualidad con las personas, así también, el autor se va topando con las historias, para Victoria son los accesos a un mundo literario personal donde el lenguaje juega y encanta. En este libro uno respira en una prosa exacta, luminosa, con un franco, cuando no sutil, sentido del humor y, sobre todo, con una autora dueña y señora del arte de contar”.

Contraportada

“Durante casi tres décadas, relegados al fondo de un cajón o escondidos en la intimidad de una libreta, se hallaban los aforismos, pensamientos, las anécdotas y ocurrencias de una diseñadora editorial y lectora apasionada que jamás se había atrevido a considerarse escritora, ni siquiera cuando el mundo donde trabajaba la obligó a escribir y publicar artículos de divulgación.
“Hacía falta otro escritor, veterano y de cepa, para hacer el hallazgo, reconocer su valía y alentar dicho trabajo. En efecto, René Avilés Fabila (Ciudad de México, 1940-2016) descubrió en Victoria García Jolly (Ciudad de México, 1965) a la escritora y le dio el empujón necesario para asumirse como tal, para vencer el pudor y el miedo de todos quienes osan esgrimir una pluma, consignar sus ideas al papel y, más aún, dejarse leer por otros.
Este libro es, pues, el producto del proceso de creación, añejamiento, reescritura y edición de cuentos y minificciones de una escritora recién salida del armario literario y cuya voz, con la frescura y sinceridad de un primerizo, deleitará a más de uno con su sentido del humor, su prosa sencilla, ideas maduras y emociones transparentes.”

GG Jolly
https://www.facebook.com/Cuentosdelarmario/

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