Pareciera que la palabra vampiro siempre nos ha pertenecido. La literatura, el cine, la televisión, los disfraces de Halloween; todo nos remite a esos seres pálidos, ávidos de sangre, que viven fascinados por clavar sus colmillos en gargantas sanas y apetecibles.
En las culturas antiguas hay innumerables referencias a seres que beben sangre, vuelan y, en general, son seres “no muertos”; por ejemplo, en Mesopotamia se hablaba de los utukku y los ekimmu, y en Medio Oriente de los ghouls y los jinns.
El Diccionario de la Real Academia Española define un vampiro como un espectro o cadáver que, según el folclor de ciertos países, va por las noches a chupar poco a poco la sangre de los vivos hasta matarlos; un murciélago hematófago –que chupa sangre– de América del Sur, o “una persona codiciosa y abusiva” –de ahí la palabra vampiresa–. Además, indica que su origen es del francés vampire y éste, a su vez, del alemán vampir. No obstante, esa es apenas la punta del iceberg, porque Martí Ló afirma que la palabra vampiro debe de tener un origen eslavo –de Hungría, Moravia, Silesia y Rumania– en el siglo XVII, pero admite que su postura es una entre cuatro vertientes lingüísticas muy peleadas.
La primera vertiente, que tiene como principal exponente al filólogo esloveno Franz Miklosich, halla su origen en el turco uber, ‘bruja’, que a su vez derivaría en upior, uper o upyr, fuente de la palabra upír. La segunda considera que proviene del griego, pinoo, ‘beber’; el principal defensor de esta versión es Montagne Summers, reconocido sacerdote y exorcista inglés a quien en la primera mitad del siglo XX lo tildaron de ingenuo y simplista por considerar este origen. La tercera se refiere a las lenguas eslavas, en las que hay palabras como pirati, ‘sangre’, o el lituano wempti, ‘beber’, aunque también podría surgir del bactriano –idioma del imperio kushan– vyambara, del ruso vopry o del albanés dhampir o hasta del búlgaro upir, que surgió del griego clásico. La cuarta sostiene que vampiro proviene del serbio vampir, que significa ‘espectro’ o ‘cadáver’.
Matthew Bunson sostiene que vampire llegó al inglés en 1732, en la traducción de un artículo llamado “Political Vampires”, aunque Martí Ló contempla uno de los primeros usos del término en las historias de horror del periódico francés Mercure Galant. Pero sin duda, el vampiro que sacó a la luz a su especie de las sombras de los Cárpatos fue Drácula1, un personaje delineado por el escritor irlandés Bram Stoker –inspirado en el príncipe Vlad Tepes– que, de ser una criatura repugnante y temible, en las pantallas se convirtió en un arquetipo de seducción, elegancia y distinción.
1. Algarabía 36, julio 2007, los chicos malos: Drácula: hombre, mito y superstar; pp 44-49

Diversión sin baterías

Para Algarabía editorial es importante cada libro que publica, pero en esta ocasión es un placer presentar el primer material enfocado a las niñas y niños lectores. Todos conocemos los libros infantiles, desde cuentos, temáticos, enciclopédicos, para colorear, muchos de ellos con ilustraciones maravillosas y otros con fotos increíbles. Sin embargo, pocos reúnen todo –o casi todo–.
Diversión sin baterías concentró todas esas características para hacerlo entretenido, divertido y con humor para que pudiera ser leído al antojo del lector. En él se puede colorear, cantar, adivinar, descubrir personajes fantásticos, conocer la vida de personas increíbles, descifrar códigos secretos, inventar historias, leer cuentos hasta recitar poemas.
Es así que Diversión sin baterías –como lo llamamos a propósito de estos tiempos tecnológicos en que todo lo que entretiene y divierte necesita conexión– pretende que el niño o la niña se apropie del contenido: lo lea, lo relea, los use como consulta, como canal de entretenimiento y de conocimiento; pero sobre todo que utilice la información según sus gustos e intereses. Es un libro inspirado en un público exigente y respetable que, si bien le falta algunos años de experiencia, es curioso, preguntón y, en muchos casos, un gran lector.
Las diferentes secciones que contiene son: lengua, actividades, ciencia, personajes, curiosidades y arte. Además está hecho para leerse como al niño o la niña se le antoje y tiene flechas que llevan de un contenido a otro pero que complementan lo que acaba de consultarse. ¡Este libro es una aventura que no necesita baterías!

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