El tiempo siempre nos sirve para tomar perspectiva, para recapitular y para ver de qué manera estamos haciendo las cosas de tal forma que podamos corregir y llegar a un mejor derrotero. Esto viene a cuento porque ayer Hidalgo cumplió dos meses desde que se reportó el primer caso de una persona contagiada del coronavirus (Covid-19) en territorio estatal. Al cabo de ese tiempo, Hidalgo superó, justo ayer, la barrera de los mil casos. Una cifra que, además de simbólica, habla por sí misma de la compleja situación que atravesamos. El propio gobernador Omar Fayad Meneses y funcionarios de su gabinete se han encargado de advertir que, de continuar el ritmo de contagios, la entidad corre el riesgo de ver colapsada su infraestructura hospitalaria. Apenas el lunes pasado, las autoridades federales del sector salud informaron que Hidalgo ya tiene 43 por ciento de su ocupación hospitalaria, lo que enciende las alarmas, ya que ni siquiera hemos llegado al pico de la epidemia en la entidad. Son ya dos meses de iniciados los contagios y en Hidalgo se concentran en los municipios más poblados. Destacan Pachuca (213), Tizayuca (97), Mineral de la Reforma (80) y Tulancingo (47), aunque hay otros focos rojos como Apan, que en un solo día pasó de 28 a 41 pacientes registrados. A dos meses de distancia, la expansión del Covid-19 está lejos de ser controlada y lo más duro aún está por llegar. De filón. Pero no todo es oscuridad. Entre tanta mala noticia, ayer el titular de la Secretaría de Turismo Miguel Torruco dio a conocer que permanecerán los fines de semana largos, o “puentes” como todo mundo los conoce. Esto, además de que fortalecerá la alicaída economía nacional, provocará felicidad entre los mexicanos, tan desgastados y golpeados por esta crisis sanitaria y económica.

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