Marco Tulio Cicerón sería considerado hoy un intelectual, un hombre de ideas y razones; este senador aldeano se volvía implacable y no vacilaba en asumir las responsabilidades más impopulares, cuando consideraba que la tendencia general de la vida pública era contraria a los intereses de la patria.

El pretor Marco Tulio sabía encontrar los argumentos sólidos para que sus conciudadanos comprendiesen la gravedad del daño: “Nuestros máximos ingresos nos vienen actualmente de Asia, la más rica, la más fértil, la más productiva de las provincias”.

Pues bien: en esa Asia no se cobran ya impuestos, no se cría ya ganado, se abandonan los campos, se interrumpe la navegación mercantil, que precisamente ahora podría reanudar su auge, puesto que los mares ya son libres. Por consiguiente, al erario le faltan los réditos de las gabelas de importación y de exportación, las décimas sobre los productos agrícolas, los tributos de las ciudades, el importe de los impuestos sobre los pasturajes.

Los contratistas de las gabelas, que invirtieron allí capitales y rentas, quedarán seguramente arruinados. Y los hombres de negocios –que han empleado allí sus capitales, abierto sus comercios, impulsado sus industrias, colocando en ello el dinero propio y el de lo que lo han empleado en tales sociedades– están destinados a la quiebra, si desde aquí no se toman urgentemente medidas adecuadas.

La ruina de tantos ciudadanos, los más activos y emprendedores, provocará también en Roma una catástrofe. El desastre financiero del Estado y el de los particulares repercutirán siniestramente el uno sobre el otro.

“Los vencimientos nos encontrarán a todos insolventes; nadie nos concederá más crédito. Será la bancarrota general”, ese discurso no era retórico, sino realista.

El senador hablaba con la voz de los comerciantes, los plateros, de los cambistas. En otra circunstancia y condición histórica, pero con esa misma voz y estatura de estadista se ha pronunciado la canciller alemana Ángela Merkel, quien, al igual que Cicerón, llama a sus conciudadanos a evitar el desastre financiero.

Para enfrentar la crisis derivada de la pandemia del coronavirus (Covid-19), su gobierno acordó un paquete de estímulos por valor de 130 mil millones de euros (146 mil millones de dólares). La premier alemana reconoció que es necesario este gasto drástico para “dar un futuro a las próximas generaciones”.

El conjunto de las medidas incluyen miles de millones en ayuda para las industrias en dificultades; financiación para municipios en su lucha contra el creciente desempleo; asimismo, el IVA se reducirá temporalmente del 19 por ciento al 16 y la tasa reducida bajará de 7 puntos porcentuales a 5.Se ofrecen primas significativamente más altas para alentar la compra de automóviles, apoyando así a la industria automotriz, pero el esquema se aplica solo a los vehículos eléctricos, los coches de gasolina y diésel quedaron fuera. Con ese paquete de medidas, se busca atemperar la caída del PIB, que se calcula será de 6.6 unidades.

La crisis económica asola al mundo. Estados Unidos, después de 128 meses de crecimiento ininterrumpido, ha detenido su economía y se encuentra oficialmente en recesión. Por su parte, América Latina, de acuerdo con el Banco Mundial, será la más golpeada por la profunda contracción, se prevé que la caída para el Continente sea del 7.2 por ciento; mientras que el comportamiento para la economía mexicana será, según el pronóstico de ese organismo de menos 7.5 puntos porcentuales.

El panorama para el país es absolutamente desolador, entre abril y mayo de este año perdieron su trabajo 12 millones de personas. Uno de los sectores estratégicos para la economía, el automotriz, se encuentra colapsado, de manera que para mayo se produjeron solamente 22 mil 119 vehículos, 93.7 por ciento inferior a lo registrado en igual periodo del año pasado.

De acuerdo con el Consejo Coordinador Empresarial, un millón 600 firmas dejarán de operar. Esa grave situación económica llevó al dirigente nacional de Morena Alfonso Ramírez Cuéllar a declarar que “si bien la austeridad es mecanismo para un manejo disciplinado de las finanzas, esa no detonará el crecimiento y tampoco permitirá atender los dos flagelos que se viven actualmente: el desempleo y la quiebra de pequeñas y medianas empresas”, por lo que sugirió la necesidad de “recurrir a una línea de financiamiento para el país”. Frente a ese oscuro y perturbador panorama, hoy es oportuna y necesaria la voz del pretor Cicerón “un general que no sabe moderarse a sí mismo, no puede frenar a su ejército… No puede ser severo al juzgar, sino respetuoso y prudente”.

Frente a los peligros y miedos que nos rodean, debemos viajar con libertad y esperanza para llegar a esa sociedad que está dispuesta a razonar y argumentar, no a imponer, a demostrar y fundamentar, no a vociferar, a dialogar no a descalificar, a reconocer lo que el otro es y lo que el otro piensa.

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