Ahora que no quiero utilizar precisamente la mente para escribir esta columna, es que recuerdo la escena en la que Ed Harris interpreta a Jacson Pollock en la película biográfica de él mismo, es comisionado para realizar una obra de gran formato para la coleccionista Peggy Guggenheim y pasan semanas sin que este logre plasmar una idea, una línea o un punto siquiera para partir; cuando de pronto en su pasivo desasosiego llega lo que comúnmente llamamos inspiración, que a decir de algunos como Pablo Picasso sí existe pero te tiene que encontrar trabajando.
Así es que, supongo, tendré que escribir estas primeras letras para que llegue la inspiración; ahora mismo recuerdo que hace ya bastantes años un amigo muy aficionado al basquetbol, de esos que para mi generación Michael Jordan era la representación mundana de un dios en un cuerpo humano exaltado por sus dotes cuasi aéreas, me comentaba que cuando al dios Air Jordan no le funcionaban las cosas en un partido y no podía encestar, buscaba que le provocaran falta a medio tiro para obtener unos tiros sobre la línea de castigo, teniendo así la oportunidad de encestar su primer canasta en el partido, para romper la mala racha.
Por otra parte, el diccionario nos dice que por etimología epifanía significa “manifestación”; estas epifanías podrían ser pensadas como revelaciones que se les hacen a los profetas y los oráculos que tienen la capacidad de interpretarlas y así decirnos algo del mundo terrenal que solo ellos pudieron vislumbrar.
De tal manera que podemos encontrar tres aspectos, en los que de alguna forma nos llegan las cosas, ya sea por genialidad, por habilidad física y mental o por manifestaciones metafísicas, situaciones que me hacen pensar a cuál me debo de atener hoy que sufro de pereza mental, me sitúo frente a la computadora hasta que salgan las palabras, escribo frenéticamente hasta que acierte algunas frases adecuadas o me echo a dormir en espera de la iluminación divina que me traiga los 2 mil quinientos caracteres con los que se constituye esta columna…
Hice mal el cálculo, no me alcanzó, por eso aquí estas palabras, pensé en colocar un acróstico para cubrir el espacio, pero recapacité, no era lo adecuado, por otro lado, quiero preguntar:
¿Cuánto de lo que ve en los diferentes productos culturales que consume no son como esta columna que armó su cuerpo de no tener nada que decir solo juntando cosas en una aparente coherencia?
Hubiera sido mejor como Bartleby argumentando que “preferiría no hacerlo”.

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