La última fecha FIFA, correspondiente a los partidos de repechaje rumbo al Mundial de Rusia 2018, llegó a su fin. Hubo dos cotejos que tuvieron al planeta al borde del asiento, con la bebida por los aires y el grito en sus tonos más agudos. Celebrados el martes y el miércoles respectivamente, ambas historias nos demostraron que en el deporte, como en la vida misma, no hay nada escrito. Nos recuerdan también de la simpleza de nuestro amado deporte: el que mete los goles gana.

Milán fue el escenario que vio caer al seleccionado italiano. Los de la nación de la bota recibían a Suecia tras haber sufrido un descalabro por la mínima en Estocolmo. Italia jugó cuesta arriba todo el partido, llegó una y otra vez, pero las ideas fueron diluyéndose hasta su completa extinción. Por ratos, los suecos pelotearon, cascarearon y sofocaron la causa nazionale. Las redes no se movieron en 90 minutos.

El pitazo final sentenció la catástrofe: los dirigidos por Giampiero Ventura no irían a Rusia. La postal de la noche se la llevó, para pesar del mundo del futbol, Gianluigi Buffon. El veterano guardameta ya había anunciado que de no colarse a la justa mundialista, colgaría los guantes. El resto, como dicen, es historia.

En contraste, el miércoles fuimos testigos de uno de los episodios más emotivos de los últimos años en el futbol sudamericano, Perú, un combinado que viene construyendo un proceso interesantísimo desde hace ya un lustro, clasificó como el último invitado a Rusia. Jefferson Farfán y Christian Ramos reventaron la meta neozelandesa con un tanto cada uno, con lo que lograron la victoria más importante en casi cuatro décadas para los blanquirrojos.

Y es que tuvieron que pasar 36 años para que el combinado inca volviera a presentarse en un Mundial de futbol, siendo el último España 1982. Escuelas, oficinas y cientos de trabajos suspendieron labores el día posterior al milagro, proyectando hacia el resto del mundo la pasión con la que viven el deporte más hermoso de todos.

Perú hizo historia; Italia la deshizo. Los sudamericanos triunfaron, pero los europeos fracasaron. Ruidíaz estará en el Mundial; Gigi no. Ambos equipos atendieron el último llamado a Rusia, pero solo llegará del que menos esperábamos. Porque así es el futbol, magnífico y cruel.

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