Octubre es un mes importante por el hecho de haber marcado un hito en la historia universal: el primer Estado socialista del mundo surgió justamente en una nación bastante atrasada y agrícola, que conforme se extendía la ideología socialista, las tesis de Lenin y el sueño de tener una vida digna sin la sombra del zarismo, permeaba en la conciencia de los ciudadanos rusos que poco a poco daba frutos sustanciales y lograba posicionar y convertir una nación en una potencia del siglo XX.

Es interesante hacer un análisis de la Revolución rusa, así como lo referente a la mexicana, y poder contrastar cómo, a pesar de ser movimientos comunes, ambos movimientos se consolidaron de distintas formas, creando atmosferas peculiares y bien diferenciadas. En Rusia, la tierra la controlaban los terratenientes herederos de la realeza rural; mientras en México, la forma de propiedad se cristalizó en la unidad productiva por excelencia de la colonia: la hacienda. La demanda de la tierra fue central como motor de la sublevación en ambos países, así como el respeto a la cuestión nacional que mantenía oprimidos a distintos pueblos.

Mientras el gobierno monárquico del zar se imponía en Rusia, en México un gobierno con casi 30 años en el poder se mantenía. La naciente burguesía nacional de ambos países se incomodaba frente a sus gobiernos, a quienes identificaba como un freno para su desarrollo.

En el caso de México, los sectores populares agruparon sus demandas esperanzados bajo las banderas del antireeleccionismo comandado por el terrateniente “demócrata” Francisco I Madero, articulando a la lucha contra la dictadura de don Porfirio Díaz las demandas de: recuperación de las tierras y del usufructo de los recursos naturales expropiados a los pueblos campesinos por los terratenientes, el rechazo al sometimiento ejercido contra las autonomías municipales y demandas obreras, como la reducción de la jornada laboral y el mejoramiento de las condiciones de trabajo.

Sin embargo, pronto las reformas propuestas por el programa de Madero quedaron cortas para las exigencias de las masas mexicanas, aun cuando de manera formal demandas como la cuestión de la tierra pudieran estar presentes en el Plan de San Luis Potosí, estas demandas fueron integradas de manera interesada por Madero, principalmente por su necesidad de apoyo popular, pero estaba claro que su programa se establecía sin confrontación con el desarrollo capitalista.

Lo mismo sucedió posteriormente con los principales dirigentes del constitucionalismo, pues para estos sectores de la burguesía urbana no había antagonismo con el latifundio. De hecho, ellos eran propietarios de grandes extensiones de tierra o provenían de sectores acomodados del campo. De manera que tanto el antireeleccionismo de Madero como el constitucionalismo de Carranza y Obregón, confluían en la tarea de restaurar la dominación burguesa y sus formas clásicas de dominación parlamentaria.

En cuanto a Rusia, el peso del imperialismo y sus propias contradicciones se expresaron a partir de 1914 en su participación en la primera Guerra Mundial, sus consecuencias se mostraron de forma más cruel frente al atraso capitalista. Para frenar la guerra, el pueblo ruso tuvo que cuestionar a su propio régimen, que a la par de las demandas de tierra y mejores condiciones laborales alzaban su voz exigiendo “paz”.

Sin embargo, a diferencia de México, Rusia tenía un antecedente revolucionario en 1905 que había fortalecido la experiencia de lucha del movimiento obrero: la formación de organismos de frente único de obreros, campesinos y soldados, los soviets. La socialdemocracia había sufrido una fractura por la negativa de un sector minoritario a participar en la primera Guerra Mundial, el cual se había decantado en el partido bolchevique que agruparía a los sectores más avanzados del movimiento obrero. Sus militantes, anclados en el marxismo, entenderían la necesidad de retomar durante la revolución de 1917 las demandas campesinas como propias y llevarlas hasta el final, construyendo su fuerza en el seno de la clase trabajadora.

En el caso mexicano, la derrota física a manos de los constitucionalistas llevaría a la restauración burguesa. La oportunidad de resolver la crisis revolucionaria en favor de los explotados y oprimidos quedó postergada, al carecer de un proletariado lo suficientemente desarrollado como para acaudillar al campesinado y pueblo urbano pobre hacia la conquista del poder y avanzar en la meta histórica de una sociedad sin explotadores ni explotados.

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