Después de Barbara…, Underworld admitió que no tenían proyecto ni sabían de qué forma continuaría su iniciativa musical. Precisamente, Barbara… representó un cambio monumental que demostró que el dueto podía alcanzar cuotas de producción superiores a las de su estilo, bien conocido e identificado por todos, pero ya con mucho de encasillamiento.

A través de Barbara los músicos se percataron que todavía tenían un trecho largo por recorrer. No obstante, el lugar creativo en la trayectoria de los creadores se transformó por obra y gracia de su talento, en uno de los momentos más trascendentales al que ellos mismos hubiesen aspirado a llegar.

Bajo la norma de una entrega periódica a la manera de una bitácora para publicar por entregas, comenzó Drift Series 1, una serie de cortometrajes/videos/vlogs/partituras/ensambles que de origen no estaba claro hacia dónde llegaría ni el tono de la totalidad del proyecto, pero una vez arrancado, se transformó casi de inmediato en uno de los hitos más logrados de la producción contemporánea.

A medio camino entre las audacias de sonido atmosférico de Klaus Schulze, así como con la irrupción entre variaciones de tiempo y movimientos que marcó la primera parte de la producción de Tangerine Dream, pero un sentido del acid/free jazz al estilo de Ludovic Navarre, alias St. Germain, Drift Series 1 tal y como indica el título, es un diario musical de dos creadores a la deriva.

Lo que muy bien pudo representar el final de la carrera de un grupo que literalmente se instaló entre las referencias definitivas de la música de 1990, gracias a la banda musical de Trainspotting, con Drift Series 1 alcanza una madurez fabulosa y le da sentido a ese momento tan temido de la creatividad: en medio de la paz absoluta, sin compromisos hechos ni proyectos por hacer, ¿qué sigue?

Durante 52 entregas que se transformaron en cinco horas y 45 minutos de producción musical, con la participación de Ø [Phase] quienes le añadieron un toque de beat/jungle muy logrado y actual, así como The Necks inyectó un acid jazz que representa quizás lo mejor de Drift…

Aunque, ¿qué es la deriva? Después de Robinson Crusoe que Defoe se encargó de elevar hasta una estatura metafísica, el náufrago que debe recomponerse en medio de una nada que solo por cuenta e iniciativa propia se puede volver autodestrucción o la epifanía de un redescubrimiento y la autoreconstrucción, la deriva es el centro mismo hacia uno de ambos extremos en la balanza.

Deriva es uno de los conceptos más vigentes y apestados por el hombre moderno. Pero fue gracias a Jacques Lacan con su “deriva metonímica” cuando el sujeto en búsqueda de significado, extraviado y además sin brújula ni mapa, consigna casi todo lo que conocemos de actual: un estado de deseo insaciable, sin objetivo ni forma definida.

Ernest Hemingway, tras El viejo y el mar, se guardó muy bien de no publicar en vida Islas a la deriva, por el tono autobiográfico compuesto en tres tiempos, para que en su lugar quedara una metáfora linda, contra el examen al que se sometió el autor, sin afeites ni endulzamientos; aunque Hemingway fue de los primeros en rescatar la imagen del mar como centro de la experiencia que es la deriva en el siglo XX.

Tras él está Penelope Fitzgerald, quien más o menos como Paul Bowles hizo un recorrido de las resistencias culturales y sus protagonistas, después asimilados por el stablishment anglosajón. Félix Ovejero se detiene por su parte a revisar cómo el pensamiento de izquierda ha seguido un camino complicado con el cese de sus ejemplos centrales en La deriva reaccionaria de la izquierda.

Otro clásico en torno al concepto es A la deriva, de Joris-Karl Huysmans, apreciado por Guy de Maupassant, Paul Valery, Baudelaire, Georges Perec… pero en general un tono de farsa atroz que no se toma nada con calma ni elegancia, es un grito de desesperación contra la incertidumbre del siglo XIX.

A su vez, En la deriva, de Michael Swanwick, relata qué si habría pasado por alguna razón la Isla de las Tres Millas hubiese barrido con sus reactores nucleares la tranquilidad de Occidente, en una utopía de ciencia ficción, en un centro que ha modificado la vida toda y se conoce como “La deriva”.

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