Droga, sangre y militancia

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No se trata de ser puritano pero sí de hacer conciencia, dentro de un contexto donde se debate el uso recreativo y medicinal de la mariguana, de las implicaciones y el costo del uso de ésta y otras drogas. Primero habría que reflexionar cuál ha sido la función de la droga y sus estrategias de distribución que casualmente siempre coinciden con movimientos sociales importantes sobre todo a partir de la Guerra Fría.
Por ejemplo, la aparición del LSD –una de las drogas con las que se experimentaba para control mental dentro de los programas de la guerra psicológica del gobierno de Estados Unidos– una droga que junto con la mariguana y otros psicotrópicos muchos de ellos experimentales se pusieron de moda justo cuando comenzaron las protestas contra la guerra de Vietnam y el movimiento antinuclear (después tergiversado en “pacifista”).
También durante los movimientos estudiantiles de 1968; en gran parte del mundo el uso de la mariguana y la cocaína tomaron una fuerza extraordinaria sobre todo en la década de 1970 con los movimientos guerrilleros y de liberación en América Latina.
A partir de una serie de investigaciones hechas entre otros, por el periodista estadunidense Gary Webb, escritos que le costaron su carrera y la vida, quedó al descubierto apenas la punta del iceberg que vincula a Estados Unidos, a través de la CIA, en el tráfico de drogas para financiar la guerra contra el gobierno Popular Sandinista.
Entonces, resultaba inverosímil pero hoy también la DEA, el FBI y hasta los aparatos de inteligencia como el mexicano, están vinculados al narcotráfico. Es el negocio redondo para los gobiernos involucrados ¿o de dónde sale tanto dinero para financiar guerras, combatir movimientos sociales y abrir reductos para la instalación de la nueva hegemonía política? Todos estos organismos, a través de gobiernos alineados a Estados Unidos, solapan y controlan en su mayoría el gran negocio del tráfico de drogas que aunado al de armas es el más productivo probablemente en la historia de la humanidad. En resumen, tú produces, te dejo vender, repartimos las ganancias, compramos armas, yo financio guerras internas o internacionales, ampliamos el negocio, colonizamos y yo tengo el poder y además soy la ley. ¡De terror!
Así, el “crimen organizado”, sí con nombres y apellidos, es uno de los instrumentos de terrorismo que utiliza el capitalismo para colonizar naciones y destruir pueblos completos. Un crimen organizado que encima ha expandido el negocio al tráfico de seres humanos, trata de personas, tráfico de infantes, tráfico de órganos, más lo que se les ocurra para generar la violencia y romper el tejido social de nuestros pueblos, y así, soltar en las calles a lo más selecto de sus perros y buitres, protegidos por leyes, para parar la misma violencia que ellos desataron, ser los “grandes salvadores” y tener sometido al pueblo.
A veces, no es necesaria la fuerza bruta, solo hay que escoger la droga adecuada y dejarla correr en el momento indicado. ¿Cuántos movimientos sociales no se han diluido o desviado hacia la producción y tráfico de drogas? ¿Cuántas organizaciones no han sido infiltradas y desbaratadas por asuntos de droga? ¿Cuántos seres humanos imprescindibles han sido destruidos por las drogas? ¿Cuántos impecables, valiosas y valiosos militantes y activistas de nuestras juventudes hemos perdido en esta farsa y prosaica guerra? ¿Cuántas de nuestras universidades públicas han sido infiltradas y son centros de distribución? ¡Por qué es tan efectiva! Porque te distrae de las cuestiones de fondo, te ocupa en conseguirla, se altera el entorno social, te vuelve adicto, te vuelve individualista, te convierte en un rehén de todo el sistema, pero lo más grave quizás es que te vuelve cómplice de todo el derramamiento de sangre, de desapariciones forzadas, feminicidios, de masacres, es droga manchada de sangre.
La mariguana ancestral, ritual, medicinal y recreativa, fácil de cultivar incluso en una maceta casera para autoconsumo probablemente no tiene tanta bronca y el hecho es que el debate está sobre la mesa. Pero la otra, la que viene del terrorismo de estado y ya no hablemos de otras drogas, la que ha sumido a nuestro país y a los pueblos de América Latina en la violencia ¿cuál ha sido su costo para que el individualismo tenga su dosis de “recreación” por unas horas?
Así que pensemos, cada vez que se enciende una pipa de crack, se aspira una línea de cocaína o se le da fuego a un cigarro de mariguana o a un “toquecito” con “fines recreativos” ¿Cuánta sangre derramada por nuestros pueblos está apunto de quemarse en la ignominia? ¿Cuántos jóvenes y militantes más se van a ir al carajo?

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"Muralista y artista visual con un doctorado en artes y diseño, maestría en gráfica y licenciado en artes visuales por la Facultad de Artes y Diseño. Cuenta con una trayectoria como creador de más de 30 años."