Estamos presenciando un espectáculo patético y denigrante del sistema político-jurídico mexicano, la aplicación de la justicia (¿?) a un defraudador compulsivo como lo es el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte.
Luego de que fue detenido en el vecino Guatemala –donde se han especializado en juzgar a exgobernantes–, sus apariciones ante la prensa internacional, su desfachatez y cinismo, su sonrisa coronada por una barba que le hace ver como un juglar en mitad de su función más importante, nos muestran lo denigrante que ha llegado a ser para los mexicanos un gobernador impulsado primero, enaltecido después y arropado ahora por un gobierno tan o más corrupto, que el que ahora supuestamente será juzgado por un sistema judicial igualmente colocado en el banquillo de los acusados, pues no tiene la más mínima credibilidad de ser imparcial, de proteger un Estado de Derecho y de ser independiente del sistema al que protege y que está en entredicho.
El enjuiciado no debería ser solo Duarte, sino el sistema político que lo hizo posible, que lo escogió, que le dio todo el dinero y el poder para comprar o robar todo lo que quiso, y que las evidencias de cómo se maneja el caso, apuntan que se hará un simulacro de castigo que no pasará de algunas incautaciones de propiedades mal habidas y una estancia relativamente breve en alguna cárcel llena de túneles y hoyos por donde escaparse.
No sé si usted que me lee no ha sentido en la boca del estómago esa indignación y rabia cuando ve el proceso mediático y la parodia donde el señor Duarte, desde su redonda cara, se burla de todos nosotros, pues la acusación por la cual ha sido detenido y será enjuiciado, dejó de tener el monto de miles de millones de pesos y ahora son solo unas cuantas decenas de millones; que la cómplice de su esposa Karime Macías no será tocada ni con el pétalo de un citatorio a declarar y que por lo tanto todas las propiedades y dinero que obtuvieron al amparo de la corrupción oficial, simplemente no se verán afectadas, de manera que cuando Javiercito Duarte recupere su libertad, tendrá mucho tiempo para disfrutar de tan preciado botín.
Las propiedades incautadas al señor y a la señora no exceden los 500 millones de pesos, con lo cual se anunció que se cubre el monto de lo supuestamente defraudado por ese próspero matrimonio. No podremos olvidar durante mucho tiempo esa famosa frase para la posteridad que la señora dijera con el pecho lleno de orgullo y sin el más mínimo rubor, “sí merezco la abundancia”.
Tantos exgobernadores acusados en este sexenio y en los dos anteriores, que al parecer no serán castigados como merecen, tantas evidencias de los negocios cuestionables que el presidente de la República y sus principales colaboradores han realizado con el mayor de los cinismos, tantas violaciones a todo derecho contra la población cada vez más inerme, especialmente los más pobres y jóvenes, tantos bienes patrimoniales de la nación regalados o negociados en condiciones que solo benefician a los inversionistas foráneos o a los potentados de nuestro país, y tantísimos asesinados y desaparecidos en México no deberían quedar impunes.
El Du-arte de saquear a este país está por culminar con un procedimiento amañado que “castigará” por encimita a un tipo voraz, que se ríe ante las cámaras de todos aquellos que quisiéramos un castigo ejemplar para este asesino, quien no dudó en reemplazar los medicamentos para niños con cáncer (caros y escasos) con placebos, solo para tener algo más que robar. Insaciable como muchos, pero muchos priistas, que sonríen junto con este señor.
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