“Que los afligidos porque se han perdido
encuentren compañeros de viaje,
dejen de tener miedo a los ladrones y otros peligros
y continúen su camino sin fatigarse”
Shantideva, Guía de las obras del bodhisatva

El pasado domingo 13 de enero, atendí un compromiso que tenía pendiente hace ya más de un año en Ermita del Ajusco; edén de la contemplación, ubicado en el kilómetro 18 de la antigua carretera a Cuernavaca, en el pueblo Santo Tomás Ajusco, delegación Tlalpan, Ciudad de México, en el límite con Toluca. Después de poco más de cuatro horas de trayecto, llegué al destino esperado.

Dos guardias custodiaban el acceso; Loba y Marín, seres muy amorosos y protectores. Carlos voluntario desde hace más de 14 años fue mi guía del sitio y Marco Luis, también voluntario de Ermita desde hace más de 10, reveló su energía artística compartiéndonos las sensibilidades que atesora el espacio, teatro, artes plásticas, escultura, creación literaria, performance, servicio a pacientes con cáncer, VIH o cualquiera que se haya enfrentado un duelo, o bien, se encuentre en condición de calle y sea víctima de alguna adversidad emocional; me confeso que las obras ahí producidas son presentadas una sola vez y tienen como premisa jamás repetirlas, muy parecido a las composiciones musicales de algunas culturas antiguas creadas solo con fines rituales y nunca más se volvían a repetir; incluso, cuentan las leyendas que los arquitectos de las antiguas pirámides egipcias, quienes al final de su construcción, tenían la misión de llevar sus secretos a la tumba.

Cada rincón es evidencia de historias profundas, me encontré con esta carta de Fernando, un joven de 20 años:
“Mi paso por Ermita.

Caminar del nido del ave a la cabaña solitaria. Ese pequeño paseo de 21 o
más o menos pasos. La vida bajo mis pies, el alba que me escolta, el fugaz latido
de mi corazón y frente a mí, bocanadas de aire fresco que incitan libertad.

“Este es uno de esos lugares a los que no quiero volver. Y sí, tengo razones de
sobra para asegurarme de que así será.

“La principal de ellas: nunca me había sentido tan pequeño, tan apartado de todo.

“Tan lejos del mundo, pero tan cerca del cielo.

“Sin embargo, creo yo aún con riesgo de equivocarme, cuando me alejo de todo,
el incesante sonido de las voraces voces del mundo se apaga. Entonces, solo
escucho una: la propia.

“Y sí, no voy a regresar pronto a ese lugar. No puedo volver a un sitio del que no
me he ido aún.


René García, fundador de Albergues de México IAP, encontró en 1982 el refugio que 10 años después abriría las puertas a pacientes que vivieron la crisis humanitaria por el VIH en la década de 1990. Su sinceridad y carisma han sido el abrigo que ha brindado guía a muchas personas con dolor. Ahora, lo que fuera un antiguo hospital de cuya arquitectura fue influencia de su viaje a la India por un año, está abierto al público cada segundo fin de semana, donde seres de todas las edades tienen un retiro de encuentro y además pueden hospedarse y conviven, solo se les piden que donen artículos de despensa básica.

El testimonio de Heraclio, de 52 años y quien además tiene cataratas, albañil de oficio, es un reflejo de la violencia ejercida por la falta de cultura; en especial, aquellos quienes tienen a algún familiar con VIH. Sufrió discriminación primero con los suyos y más tarde en su trabajo, al no sentirse aceptado salió de Tabasco, buscando en la capital una nueva forma de vida, sin embargo, su suerte no le favoreció y en algunos momentos se encontró en condición de calle pero no se rindió y continuó su búsqueda, llegó a otros refugios pero estaban llenos, la suma de adversidades lo llevó a pensar atrocidades, no obstante, su esperanza nunca murió, hasta que se enteró de Albergues de México y aceptó un periplo más para llegar. Aquí, él tiene alimento, hospedaje y medicamentos y cambio ofrece sus servicios con las limitaciones que su salud ahora le demanda, justo acaba de cumplir un año de su llegada.

Para finalizar, Luis Luna nos comparte: “Muchos no han salido del clóset como VIH ni lo harán nunca, porque primero tiene que haber una autoaceptación plena, luchar contra el estigma interno, y dejarte de importar lo que los demás piensen o reaccionen al saberlo; es lo que transmite siempre René a los chavos y demás personas que vivimos con VIH, a través de mostrarse él mismo como es, con amor propio. Ahora, Albergues ya no se limita a dar apoyo emocional y terapéutico a las personas que viven con VIH, sino también a quienes padecen otras afectaciones de salud como cáncer, o quienes viven en duelo por alguna pérdida física o material, así como aquellos que viven en proceso de rehabilitación como adictos, neuróticos, alcohólicos, incluso a personas que han delinquido o asesinado a otras personas”.

Deseo que este 2020, año de fuego y de la rata, sea de gran prosperidad y abundancia, en especial la riqueza interna de la paz mental les acompañe siempre en todos sus rumbos, que las pérdidas materiales o emocionales sean sanadas, encuentren alivió a su sufrimiento; en especial, que se atrevan a mirar en el espejo de sí mismos para desenmascarar los demonios del tormento del dolor, unjamos de bálsamo nuestras heridas, que las cicatrices sean testimonio vivo de nuestra entrega a la memoria; la dicha de servir a otros sin distinción.

Seamos agradecidos por la oportunidad incomparable de tener esta existencia, ojalá que todos puedan encontrar su propósito y hacer de él la misión de sus vidas.

Albergues de México IAP. Acueducto sin número, domicilio conocido 14710. Santo Tomás Ajusco, Tlalpan; Ciudad de México. Teléfono: 555 286 2622.

Facebook: ErmitaAjusco

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