Si bien mi línea de investigación no es la educación, este artículo no pretende hablar desde la pedagogía, más bien mostrar las experiencias vividas en esta época de cuarentena respecto al tener que migrar de las clases presenciales a las clases virtuales. Justo esa “migración” es lo primero que salta al pensar en las vivencias de esta época. En estos espacios tecnológicos hablamos de “migrantes y nativos digitales”. Es decir, quienes hemos tenido que incursionar en los medios de comunicación e información por distintas circunstancias, por ejemplo la educación, el trabajo o situaciones sociales, que nos conllevan entrar a ese mundo virtual que no existía cuando nacimos o comenzamos nuestra educación primaria. Mientras que están los jóvenes de hoy que desde que nacieron ya existían muchas de estas tecnologías de la comunicación. Para darse una idea, el Internet entró en México (y prácticamente en todo el mundo) en 1994.

Sin embargo, el hecho de que tengamos la tecnología no implica que las personas estemos inmersas en esta virtualidad, puesto que se habla de un 67 por ciento de la población mexicana con acceso a internet. Mas este acceso no quiere decir, tampoco, que se haga uso de él. Ejemplo, una manera de estar en ese porcentaje de acceso es que tengas un plan de datos en tu celular, pero si no le das ese uso, o si tu celular no tiene esas opciones, entonces aún no migras a esa virtualidad.

Así es como, al estar en una actividad presencial de la docencia y tener que virtualizarla sin preparación previa, conlleva muchas situaciones. Como decía antes, mi área de conocimiento no es la educación, pero aquí entran elementos que quienes se dedican al análisis de la planeación en la educación, nos hablarían de la necesidad de planes adecuados a este esquema, del aprendizaje instruccional, de la generación de listas de cotejo y rúbricas para dar certeza a los trabajos que los alumnos deberán entregar. Si bien, estas acciones las hacemos para las clases en vivo y en directo, ese espacio nos permite dar cualquier explicación o retroalimentación a lo que se está proponiendo.

El paso a las actividades virtuales enfría la relación, no hay ese acercamiento que nos permite difuminar las dudas y ampliar las explicaciones. Aquí es dónde se presenta el siguiente reto: la interactividad.

Nuestros estudiantes, hoy en día, están acostumbrados a una web que conocemos como dos punto cero. Inicialmente el Internet se dio de manera extremadamente textual, incluso compartir algún tipo de imagen era muy difícil y no tan común. Pero como todas las tecnologías van evolucionando, es así como a principios de este siglo se genera la web dos punto cero, la cual crea una interfaz mucho más amigable, los diseños son posibles y con ello el poder compartir imágenes, videos, música entre otras formas de comunicación gráfica y audiovisual.

Este cambio permite incrementar la comunicación bidireccional, multimedia, asincrónica e interactiva. Para muchos docentes lo más fácil fue enviar contenido textual a los estudiantes y solicitar reportes de esas lecturas o el desarrollo de otros documentos textuales como los ensayos. Mientras que otros, si consideraron este reto interactivo.

Es así, como se buscó opciones para mantener un contacto más vivo con los alumnos, y que pudieras también compartir y participar de las clases como sucedía en el formato presencial. Para ello se ha hecho uso de salas de videoconferencia que distintas empresas de telecomunicaciones ofrecen. También se han utilizado las redes sociales y sus posibilidades, por ejemplo las transmisiones en vivo que nos permite Facebook o Instagram.

El último reto, y que implica más a los estudiantes que a los docentes, fue el hacer uso de su creatividad y sobretodo de los diferentes recursos que tuvieran a la mano, ya que algunos trabajos no fueron meramente textuales, ellos debieron utilizar aplicaciones o software especializado para generar imágenes, infografías, mapas cognitivos, videos, audios, entre otros. Esto no solo implicó su creatividad para el contenido sino para la organización y comunicación con sus equipos, la búsqueda de medios para compartir toda esta información como las nubes, es decir, discos duros virtuales; así como el explotar lo que tenían a su alcance ya que no todos contaban con una computadora, pero si un celular, o no tenían una buena señal de Internet, pero si los datos de su plan telefónico. O la capacidad de su computadora o de su celular no les facilitaba la actividad pero entonces podían ir al papel y obtener una fotografía de lo hecho a mano.

Lo destacable de todo esto es que ni los docentes ni los estudiantes tenían todo en bandeja de plata, no importaba si eran migrantes o nativos digitales, al final los retos estaban presentes y ambos tuvimos que aprender a sortearlos. Es un aprendizaje que marcará nuestra vuelta a la “nueva normalidad”, es un aprendizaje que nos llama a pensar sobre la labor docente y las estrategias de enseñanza-aprendizaje de hoy en adelante, finalmente es un aprendizaje que nos deja mucho para la reflexión sobre nuestras interacciones personales, sociales y laborales.

Para cerrar este artículo quiero invitarles a unirse al grupo de Facebook “Crónica Fotográfica de la Vida en Cuarentena” que busca conocer que imágenes son las que estamos captando hoy dentro de esta contingencia que nos atañe, si quieres unirte y compartir con nosotros tu mirada virtual, ahí te esperamos.

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