Su caso: 

46 años de labor

El panteón municipal de la Bella Airosa cuenta con un trabajador ejemplar, su nombre es Efrén Pacheco y de sus 62 años lleva 46 laborando en el lugar, es el empleado con mayor antigüedad; entró a laborar cuando tenía 14 años como aguador, fue 26 años tapador, velador ocasional y actualmente es un trabajador jubilado.

Oriundo del barrio de San Bartolo, Efrén jamás pisó un salón de clases, no sabe leer ni escribir, sus padres fallecieron cuando tenía 15 años y sabe perfectamente hablar sobre superar adversidades, mantenerse en pie, pero principalmente luchar en la vida con las herramientas que le fueron concedidas: manos para trabajar.

“Yo no tengo estudios porque nosotros tuvimos que buscar la vida desde pequeños, mi deber era mantener a mis hermanos y uno de ellos fue quien me trajo al panteón a trabajar, recuerdo que no me dijo de qué se trataba el empleo, solo mencionó que era para acarrear agua, recibía un pago voluntario. Cuando crecí me dieron el trabajo formal en la presidencia municipal por 26 años, entonces mi trabajo fue hacer fosas y tapar difuntos.”

En aquellos ayeres Efrén sintió miedo, después un empleo poco común se volvió cotidiano, es decir, fue algo habitual para él sepultar a cuatro o cinco personas diariamente, “al principio sentía miedo y me sentí mal cada vez que tapaba a alguien pero con el tiempo me fui ‘aclimatando’ a mi trabajo”.

“Cuando uno es sepulturero hay que enterrar la lástima con cada muerto que uno entierra”

Fragmento del texto
“Pedazo de noche”
de
Juan Rulfo

Un lugar de tranquilidad

Cada vez que acudimos a los cementerios es para visitar la tumba de un familiar, un amigo, un conocido, o el día que pocos quisiéramos vivir cuando se trata de decir adiós para siempre. Caminamos con flores en las manos entre infinidad de cuerpos sin vida que algún día la tuvieron, que sonrieron, lloraron, fueron felices, o quizá no. Relacionamos el panteón con la tristeza y la nostalgia, en cambio para Efrén significa paz.

“Aquí lo único que se oye en la noche es el ruido de los árboles, aquí no espantan, es un lugar de tranquilidad y un panteón siempre debe respetarse porque es donde están y estarán nuestros seres queridos.”

Sin embargo, la parte difícil para alguien que labora en un panteón llega cuando debes tapar la fosa de un compañero de trabajo, Efrén lo sabe y recuerda a su compañero de batallas Luciano, quien tenía los mismos años laborando junto a él y falleció hace cuatro meses, “mi compadre Luciano también ya se había jubilado, pero cuando murió aquí estuve presente junto a él, siempre fue una buena persona”.

Hoy día es un trabajador pensionado que acude a sus actividades normales como voluntario de siete de la mañana a cinco de la tarde, por amor a su labor y por mantenerse ocupado no cree en fantasmas porque en 46 años de trabajo entre tumbas jamás vivió acontecimientos paranormales como el mundo imagina.

[ Lorena Piedad ]

El panteón municipal
de Pachuca fue inaugurado el lunes 03 de noviembre de 1902, la historia asegura que la primera persona que fue sepultada en el lugar fue una niña indígena; en la fachada prevalecen tres esculturas que representan la fe, la esperanza y la caridad, enseguida una placa que nos dicta: “Aquí, donde la eternidad empieza, es polvo y nada la mundanal grandeza”. Al entrar existen quienes respiran paz, otros miedo y unos más recuerdos de lo que fue y nunca más volverá a ser. La vida de Efrén transcurre entre todas esas emociones, entre mitos y leyendas, entre la vida
y la muerte

“Es mentira que espanten y yo estoy muy agradecido con la vida por encontrar este trabajo cuando más lo necesitaba; cuando uno no tiene estudios este se convierte en un empleo normal, siempre fue aquí mi vida y no le temo a la muerte porque es el destino que todos llevamos, aquí nada más estamos prestados, pero cuando llegue me gustaría que mi esposa y mis cuatro hijos me recuerden con un ramo de flores, no quisiera que mi fosa sea abandonada.”

Efrén Pacheco es un hombre de respeto para los demás trabajadores del panteón municipal de Pachuca, después de su jubilación continúa como voluntario y lo hará cada día hasta que la muerte lo ubique en un punto estratégico del lugar que ha recorrido durante 46 años, por eso su historia nos recuerda que tenemos espíritu, pero necesitamos temple.

Claves

+El 03 de noviembre de 1902 fue inaugurado el panteón municipal de Pachuca

+Efrén Pacheco tiene 62 años y ha laborado 46 en el lugar

+A pesar de su jubilación, acude a sus actividades normales como voluntario de siete de la mañana a cinco de la tarde

Un panteón siempre debe respetarse porque es donde están y estarán nuestros seres queridos. Es un lugar de tranquilidad; no le temo a la muerte porque es el destino que todos llevamos, aquí nada más estamos prestados

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