Títulos como Ejército Popular Revolucionario, Recuento de sucesos. Tres siglos de vida institucional a través de sus efemérides y Reconstruyendo la historia. Movimientos estudiantiles: memorias, ecos y olvidos, entre otros registrados en el catálogo de publicaciones de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), dan cuenta de los acontecimientos ocurridos aquel 2 de octubre de 1968 y sus repercusiones hasta nuestros días. Del último de ellos recuperamos datos importantes para quienes desean conocer algo más de ese movimiento estudiantil.

José René Rivas Ontiveros apunta, en su apartado de consideraciones del capítulo “A nueve lustros del 68: democracia en México”, un asunto inconcluso: “Que aunque derrotada la propuesta estudiantil de 1968 por la represión que el gobierno ejerció contra ella, a la vez resulta triunfante al lograr establecer las bases para que el país iniciara un irreversible proceso de la vida democrática que antes no existía. Refiere que el espíritu libertario hincado por un numeroso grupo de jóvenes estudiantes y profesores sigue vivo a pesar de haber trascurrido 50 años”.

En la memoria de aquellos que participaron o de quienes siguen estudiando el tema, habrá fechas que no se olvidan y hechos que ocurrieron en la capital del país en 1968, como el 22 de julio cuando se dio un enfrentamiento entre estudiantes de la vocacional número cinco y la preparatoria Isaac Ochoterena, para algunos el inicio del movimiento estudiantil; la manifestación estudiantil contra la represión oficial ante el monumento a la Revolución el 25 de julio; se suma el primero de agosto, cuando sucedió la marcha pacífica encabezada por el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); y el 18 de septiembre, cuando el Ejército ocupó la Ciudad Universitaria y, al día siguiente, confiscó banderas y detuvo a profesores y estudiantes. Además del 2 de octubre, cuando ocurrió el ataque del Ejército y la Policía, en la Plaza de las Tres Culturas y los edificios de Tlatelolco, contra una concentración de estudiantes y profesores, que ocasionó la pérdida de vidas humanas entre la comunidad del Instituto Politécnico Nacional (IPN), la UNAM, la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo y la normal de maestros, entre otras, así como la detención de los principales líderes.

Periodistas, autores y académicos que han escrito en distintas épocas sobre el tema coinciden en que el Movimiento Estudiantil de 1968 en México no surgió de manera espontánea y tampoco fue una réplica de rebeliones que habían sucedido en otras partes del mundo. Aunque debe apuntarse que la protesta estudiantil inició por la intervención de la fuerza pública capitalina, la cual agredió violentamente a estudiantes y profesores de la vocacional número cinco, el Movimiento del 68 se había gestado mucho antes, por lo menos en la década de 1950, cuando el gobierno reprimió violentamente actos de insurgencia del movimiento ferrocarrilero. Después de ese hecho, la represión se fue recrudeciendo contra cualquier protesta social.

El Movimiento Estudiantil del 68 pronto trascendió al interior de la República. Implicó la constitución del Consejo Nacional de Huelga, integrado principalmente por estudiantes y profesores de la UNAM y el IPN. Sus integrantes fueron los encargados de informar en provincia lo que estaba sucediendo. Ellos llamaron a una huelga general como una medida contra la represión del gobierno a las causas sociales, así como al decir y pensar del alumnado y docentes de México.

En el libro Recuento de sucesos. Tres siglos de vida institucional a través de sus efemérides, editado por la Autónoma de Hidalgo en 2012, se hace alusión de lo ocurrido el 2 de octubre de 1968, así como en días previos y posteriores a esa fecha.
En 1965, en la UAEH se fundaba la Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo, su primer presidente fue Adalberto Chávez Bustos. A principios de 1968, la FEUH convocó al segundo congreso ordinario, en el cual resultó electo como segundo presidente del comité ejecutivo Jaime Flores Zúñiga, estudiante de la Escuela de Derecho.

En esa época se acostumbraba que el gobernador del estado invitara a los líderes estudiantiles universitarios a participar como oradores en los actos cívicos. El 30 de julio de 1968, a Jaime Flores lo designaron orador oficial del acto luctuoso de don Miguel Hidalgo y Costilla, actividad que se celebró en la plaza Constitución de la ciudad de Pachuca, Hidalgo. Ahí, el joven hizo alusión a los acontecimientos que ocurrían en la capital del país y lanzó un: “Yo acuso al Ejército nacional, salvaguarda de la República, que ha tentado contra la patria al violar la autonomía universitaria”, palabras que calaron en la conciencia de los funcionarios que acudieron al acto. Alguna vez, Flores Zúñiga comentó que el acto cívico concluyó repentinamente y la prensa no dio cuenta del hecho.

En septiembre de 1968, Jaime Flores recibió a miembros del Consejo Nacional de Huelga, entre ellos Eliezer González Zárate, estudiante de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del IPN. Le propusieron unirse a la lucha estudiantil; él agradeció la invitación y la compartió con estudiantes de las preparatorias uno y dos, así como entre alumnado de derecho, comercio y administración, ingeniería industrial, medicina y enfermería. La decisión de participar en el movimiento estudiantil estuvo divida. Hoy recordamos que González Zárate, años después, se integró al Instituto de Ciencias Exactas como profesor y llegó a ocupar el cargo de director interino de ese plantel.

La huelga trascendió en la Preparatoria uno y la Escuela de Medicina, sin embargo, estudiantes de diversos planteles comulgaban con los ideales del movimiento estudiantil. Cincuenta años han pasado de aquellos hechos y hoy citamos a tres alumnos que asistieron el día 2 de octubre de 1968 a la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco: Alfredo Hernández Ramírez, Roberto Meza y José Luis Herrera Godínez.

Alfredo Hernández Ramírez, ahora abogado, relata que el 2 de octubre por la mañana abordaron el transporte público que los condujo a las calles cercanas al barrio de Tepito. En el traslado a Tlatelolco encontraron a Marco Antonio González, quien alguna vez fue líder de la Escuela Politécnica Álvaro Obregón, llamado el Poli. Al saludarlo les advirtió que regresaran a Pachuca, invitación que fue negada y continuaron su camino hacia la Plaza de las Tres Culturas. Al arribar presenciaron una plaza llena de estudiantes y profesores, se escuchaba a los oradores, pero todos sabían que el lugar estaba acordonado por la Policía y comenta lo que otros han narrado: vieron sobrevolar un helicóptero que lanzó bengalas de luces y de inmediato se escucharon disparos que venían de los edificios cercanos: “…nos dimos cuenta que era contra nosotros, los oradores replicaban ‘nos están provocando’; poco a poco las voces iban callando y aumentando el ruido de los disparos, los estudiantes y profesores comenzamos a huir del lugar, nosotros Alfredo Hernández Ramírez, Roberto Meza y José Luis Herrera Godínez, por fortuna, al huir nos encontramos en el edificio Querétaro a un profesor, al que nunca volvimos a ver para agradecerle. El maestro nos llevó a su departamento en el edificio Chihuahua, ahí nos refugiamos de los tiroteos, éramos como 40 entre hombres y mujeres, todos tirados al piso, la adrenalina era intensa al ver sangre de heridos y personas ya sin vida. En el departamento se escuchaban voces como… ‘malditos cabrones asesinos’ y, al mismo tiempo, en un cuarto contiguo se escuchaban las voces de ‘tírate y cállate’, pues a cualquier ruido se incrementaban los disparos a las paredes, los orificios que causaban las balas nos servían para observar lo que sucedía en el exterior, donde veíamos escenas como de la guerra…”

Alfredo Hernández sigue narrando: “…después de las tres de mañana del día siguiente, el profesor que nos protegió organizó la huida del edificio Chihuahua; salimos en grupos. Seguíamos escuchando disparos aislados. Todos en voz baja hablábamos ‘no pisen el pasto, cúbranse de los francotiradores’, no imaginábamos la masacre que había ocurrido; corrimos y llegamos a la terminal de autobuses, regresamos a Pachuca en el camión que hacía la corrida México-Valles, descendimos en la parada de San Antonio el Desmonte, caminamos a la ciudad e informamos de lo que habíamos visto. Horas después se levantaba la huelga en la Escuela Preparatoria Número uno y volveríamos a clases tan pronto fuera posible”.
Hoy Alfredo Hernández Ramírez no quiere recordar nada de lo ocurrido el 2 de octubre de 1968.

La historia dará la razón y el reconocimiento para aquellos estudiantes, jóvenes, profesores y pueblo de México, que participaron en el Movimiento Estudiantil de 1968.

Quienes participamos dejamos que sea la historia la que juzgue y ella también reconozca ese movimiento, que permite a las actuales generaciones gozar de una educación pública y ejercer nuestros derechos y libertades que consagra la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Seguramente pasarán más de 50 años y se seguirán escribiendo estos hechos dolorosos que lastiman la conciencia de los mexicanos.

Leer y saber leer es lo único que nos puede llevar a ser mejores como individuos y como sociedad. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

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