La autonomía es el máximo valor, el principio rector que articula el espíritu y la conciencia universitaria; es, en términos de Karl Popper, la capacidad de existir pacíficamente con las diferencias y de articularlas mediante el diálogo racional, una afinidad y complementariedad entre el ejercicio científico y el funcionamiento republicano, entre la comunidad científica y la sociedad abierta liberal-democrática.

Es así como la universidad ha construido su autonomía responsable: exigiendo para sí libertad y tolerancia. Así consiguió erigir la libertad de cátedra y, por tanto, la coexistencia de corrientes y visiones ideológicas diversas. De esa manera, logró conectarse con los reclamos cívicos y democráticos del país. Fue de esa forma como la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) alcanzó un proceso de expansión y de diversificación social y cultural no experimentado por ninguna otra institución; con ese espíritu, la universidad hidalguense, superando diferencias, ha construido amplios e importantes espacios de discusión, quedando abierta como un universo propicio para la deliberación pública. Esta máxima casa de estudios, junto a su autonomía, defiende la rendición de cuentas, la transparencia, la responsabilidad crítica que la sustenta como centro de debate, como edificio de una obra cultural y científica en la que pueden convivir muchas ideas, estratos sociales, posiciones en torno a la institución, actores, prácticas, fines.

La presencia universitaria en la sociedad de nuestros días es un elemento fundamental de racionalidad colectiva. Ha sido defendiendo, como lo plantea Francisco Zarco, la posibilidad de que el otro comparezca y diga su verdad, como el proyecto universitario de nuestro estado, que es hoy una realidad.

Autonomía y universidad son indisociables, por eso los universitarios defienden su autonomía, porque es la única forma de pensar libremente, transmitir el conocimiento y contribuir a transformar el entorno social. A través de ella, los universitarios enriquecen su capacidad de convivencia con otros, de escucharlos; la autonomía es un sólido fundamento para la sociedad civil, que toma la voz de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés): unidad sí, uniformidad no.

La autonomía responsable es una premisa fundamental para que el diálogo, el disenso, la diversidad de opiniones, la pluralidad, el debate, se constituyan como la levadura y el alimento más vital para la convivencia. Autonomía permite a los universitarios y a los ciudadanos coexistir dialogando y oponerse a la falta de libertad.

Existen todas las razones para celebrar la autonomía y es con ese espíritu que la comunidad universitaria y su rector, el maestro Adolfo Pontigo Loyola, propusieron que el 3 de octubre sea la fecha en que se recuerde la lucha y triunfo de los universitarios hidalguenses en la defensa de la autonomía.

La vida universitaria y su autonomía quedan plenamente expresados en la voz de Miguel León-Portilla: “ Necesario es apoyar a la universidad, suprema alma mater, ámbito de libertad, centro vital y cerebro en el que todo se refleja y repercute, se discute y se valora… Hombres y mujeres preparados, responsables, con sentido crítico y conciencia delegado de su historia y cultura, integraran un pueblo decidido a liberarse de vivillos y corruptos, dueño de su presente y previsor en la forja de su destino”.

La autonomía universitaria se ha desarrollado en el principio de Rousseau: “La obediencia a la ley que nos hemos prescrito es libertad”. La libertad universitaria es la defensa del individuo frente a la colectividad, los derechos humanos, los límites del poder, la educación liberal, la igualdad ante la ley. Ese es el rostro de nuestra universidad, que hoy se expresa en universitarios como Gerardo Sosa Castelán, su ejemplo nutre la esperanza de muchos, ha sido sembrador de ideas y convicciones que son y serán asideros para transformar el estado de Hidalgo. Este profeta del cambio ha renovado el mundo de la educación, convirtiendo experiencia en destino. Junto a su capacidad de proponer y transformar, está también el ser humano fraternal, apasionado, gustoso por la vida.

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