Este 8 de marzo de 2020 rompió paradigmas. Como nunca se evidenció esa llamada sociedad de la información en dos vertientes: la capacidad comunicativa de esta aldea global y la fuerza de las mujeres en el mundo.

La generación de las jóvenes en el mundo alzó la voz y dijo: ¡Basta!, basta a la violencia, basta al silenciamiento, basta a la relegación de sus derechos ciudadanos de ser y estar en este mundo.

La respuesta: El festejo, la solidaridad y la empatía, porque tienen razón.

El papel de los medios en general reflejó esta lucha y esta movilización inocultables, inobjetables, pero quedaron a deber.

Una vez más en el discurso verbal dijeron entender y sumarse a esta legítima demanda, pero en imágenes, sobre todo, volvieron a reiterar su vocación antimujeres al privilegiar el “escándalo” de las violentas, de las que rayaron y rompieron. Inadmisible para las mujeres y su mirada. Pese a que estas jóvenes representan un ínfimo porcentaje numérico, son quienes se llevaron la mirada.

De nuevo y siempre las interrogantes sobre la poca altura de los medios en su visión de informar: ¿Existe una responsabilidad ética y periodística de los medios? ¿Bajo qué parámetros se miden los criterios básicos mínimos de imparcialidad, objetividad, veracidad periodísticas? ¿Es solo una palabra inaudible e inescrutable la llevada y traída perspectiva de género? ¿Por qué insistir en un mundo parcial, segregacionista y sexista? ¿Es el fin de los medios convencionales contra la simultaneidad y pluralidad de la información digital? Bien valdría “apagar” los medios para reflexionar qué nos merecemos y qué queremos las mujeres en este mundo mal llamado informacional y del conocimiento. La banalización, la espectacularización y uso político de la movilización de este 8 y 9 de marzo, donde los medios editorializaron, lucraron con las imágenes de las pocas mujeres radicales que pintan y destrozan, pero no cuestionaron el origen de la violencia contra las mujeres y los feminicidios que es multicausal y multifactorial, pero básicamente responde a la impunidad, a una violencia estructural y patriarcal, donde los medios juegan papel esencial.


Quedan en el aire leyes que van y vienen como el capítulo J sobre el trato y tratamiento de las mujeres en los medios, signado por México después de la Conferencia Mundial de Beijing en 1995 o los esfuerzos de la misma ley de telecomunicaciones por integrar (a modo) los derechos de las audiencias, porque no hay correspondencia entre lo que se ve, se lee y se escucha, contra lo que se vive y se aspira por más de la mitad de la población: las mujeres. Es hora de interpelar el papel de los medios y las mujeres somos clave en esta lucha y reclamo. Tiempo de mujeres en este frente también.

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Josefina Hernández Téllez
Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.