En 2016, Hidalgo fue uno de los estados con mayor número de denuncias por aborto en el país, de acuerdo con el informe Maternidad o castigo. La criminalización del aborto en México del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE). En 2019, la mortalidad materna aumentó 40 por ciento en el estado, además, ocupa el primer lugar en abuso infantil y la posición número 12 en delitos de violencia sexual. Ante esos datos, la siguiente es una historia sobre esta que parece ser una decisión social en lugar de personal: el aborto

 La historia

Levantarse temprano, preparar la comida, poner el lunch, asistir al trabajo, salir e ir a la escuela por su hijo pequeño, llevar al de 18 años a la universidad; regresar, preparar la cena, sonreír con o sin entusiasmo y dormir, son las actividades de Sonia, una profesora de primaria de 40 años, madre de dos seres humanos y esposa de uno, también es una mujer que fue libre de tomar la decisión de practicarse un aborto y que hoy, después de siete años, ha decidido narrar su experiencia.

“Siempre quise tener una familia aunque no haga muchas cosas irrelevantes, y lo que hoy quiero contar me pasó a los 33 años, cuando ya era madre de mis dos hijos y un 25 de diciembre se volvió gris. Ellos estaban felices con sus regalos de Navidad cuando decidí hacerme una prueba de embarazo y el resultado fue positivo. Recuerdo esa etapa de mi vida y todo me parece oscuro.”

Sonia tuvo la certeza de no desear ser madre por su situación económica, por diferencias en su matrimonio y por tercera ocasión, luego de investigar los precios de una interrupción de embarazo, que en 2012 variaban desde 4 mil hasta 20 mil pesos, eligió una clínica en la Ciudad de México.

“Mi esposo me acompañó y viajamos en autobús, recuerdo que proyectaban Mi villano favorito, iba tranquila, pero cuando llegamos a la central quizá borré de mi memoria la forma en la que llegué a la clínica, sé que tenía mucho miedo, pensaba en que podía morir o ir a la cárcel y desde entonces desarrollé un cierto temor a estar en lugares cerrados porque siento que me sofoco. Todo es diferente a como lo puedas imaginar.

“Llegué a la cita a las 8:30 de la mañana del 28 de diciembre, había muchas mujeres, la que estaba al lado de mí me preguntó si era mi primera vez, la de atrás iba en compañía de su novio, ambos muy jóvenes. Pasé a un ultrasonido y los médicos me pidieron que lo firmara sin ver la imagen, cuando quise hacerlo me agarraron la mano y me dijeron que estaba prohibido, en ese momento el miedo incrementó.

“Desde la sala de espera vi a una mujer salir del consultorio y a un hombre que la llevaba del brazo, para mí era una lucha interna sobre irme o quedarme. Sinceramente no pensaba en que iba a matar a alguien, pensaba en que no me pasara algo a mí. Cuando fue mi turno me coloqué una bata y me recosté sobre una plancha con sábanas azul rey, solo veía las lámparas en el techo, uno, dos, tres, cuatro, perdí la cuenta y me dormí.

“Cuando desperté estaba boca abajo y no podía abrir los ojos, no sé cuánto tiempo pasó, nada más escuchaba voces diciéndome ‘tienes que despertar’ y a un lado el sonido de una aspiradora. Me llevaron a mi habitación en una silla de ruedas, tenía mucho frío, pero me decían que era normal; me dieron un jugo Boing de guayaba y una pera, querían que me lo comiera para darme de alta, pero tenía muchas náuseas. El médico que me atendió entró y me dijo ‘ya todo está bien, pero para la otra busque un método anticonceptivo porque este no lo es, por eso hay tantas cosas con las que puede evitar llegar aquí’. Los médicos y enfermeras todo el tiempo fueron muy fríos, como si estuvieran enojados y yo me sentía rara porque pensé que serían más amables en un lugar privado y no público, pero no fue así.

“Al salir, los taxis nos negaron el servicio solo porque vieron que salimos de esa clínica, yo no podía caminar, pero tuvimos que avanzar muchas cuadras porque el vigilante nos dijo que ahí nadie nos llevaría; al llegar a la central mi esposo fue a buscar a un médico y yo vomité en un cesto de basura, nunca en mi vida me he sentido como esa vez.”

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El 3 de octubre, el Congreso local (argumentando falta de cuórum) negó votar en el pleno sobre la iniciativa para despenalizar la interrupción del embarazo, lo que convertiría a Hidalgo en la tercera entidad del país en tener acceso al aborto legal, seguro y gratuito, además de la Ciudad de México y recientemente Oaxaca.

“El aborto es un debate que no tiene que ver con las creencias religiosas de cada quien, sino en prevenir acerca de las situaciones que las mujeres pueden vivir para que elijan con conciencia. Por las cosas que yo viví y sentí hoy no votaría por la despenalización, pero esa es mi creencia porque pensar en que maté a mi hijo me llevó a una depresión y a ingerir ansiolíticos, tuve que acudir a una asociación que apoya a quienes han pasado por esta situación.

“Yo sigo sintiendo culpa porque los médicos me dijeron que a las seis semanas es un producto, pero a las seis semanas de embarazo yo escuché el corazón de mi hijo que hoy tiene 18 años. Sin embargo, estoy de acuerdo cuando sé sobre casos de violación, o cuando el bebé viene con malformaciones. Me siento confundida respecto al tema, a una mujer que está a punto de hacerlo le diría que no, pero respetaría su decisión porque es exclusiva de las mujeres, no de la religión ni de la sociedad, es una decisión de la mujer.

“Es conflictuante porque yo digo sí a la vida, pero no estoy cerrada, entiendo la postura de quienes pugnan por la despenalización, lo que sí es necesario en la sociedad es la tolerancia a las diferentes perspectivas, tanto de mujeres como yo que no estamos de acuerdo en la despenalización como aquellas que lo están, entre mujeres debemos apoyarnos, no debemos olvidar que no estamos en contra de las mujeres.

“Lo que quiero expresar es que sí existe el síndrome postaborto y que yo no le deseo a ninguna que sienta lo que yo ese 28 de diciembre, que hay asociaciones donde puedes dar en adopción o buscar otras alternativas, pero definitivamente creo en la libertad de elegir. No es una cuestión de religión, sino de visualizar lo que puede pasar si decides seguir tu embarazo o si decides interrumpirlo, mi testimonio es una de las diversas consecuencias que vive una mujer que tomó la decisión de abortar; yo me arrepiento mucho, pero respeto a quien no se arrepiente.”

Con su historia, Sonia nos abre un panorama sobre el respeto entre mujeres, a quienes compete la decisión de abortar o de no hacerlo, una realidad tanto para quienes apoyan la despenalización como para quienes no lo hacen es que las leyes que permiten el aborto no obligan a la mujer a practicarlo, únicamente emiten una vía segura porque una realidad es que en México las mujeres seguimos siendo víctimas de violaciones a nuestros derechos humanos derivado de una imposición del Estado y de la religión que impide elegir libremente si deseamos ser madres o no. Y que es una obligación del Estado informar y educar sobre la salud sexual y reproductiva.

La despenalización del aborto no será un método anticonceptivo ni generará abortos en masa, sino que es una acción que impedirá que mujeres como Sonia vayan a la cárcel por el solo hecho de no sentirse preparada para ser madre por segunda, tercera o cuarta ocasión. Impedirá que mujeres que no deseen ser madres incluyan a sus hijos en los contextos violentos, marginados y con falta de acceso a la información reproductiva de donde ellas provienen. Y quizá lo más importante: evitará que las mujeres dejen de ser condenadas como homicidas por haber tenido partos fortuitos en los patios o letrinas de su casa y cuyos recién nacidos mueren sin que su madre pueda auxiliarlos porque no está nadie para auxiliarla a ella.

Hoy en este espacio decimos sí a la despenalización del aborto por cada mujer recluida en una celda y por cada
mujer que murió en clínicas clandestinas; decimos sí a la vida por mujeres como Sonia, que cada día llevan heridas en su alma por interrumpir sus embarazos. No existe a favor o en contra del aborto, existe la lucha por el derecho a la libertad de conciencia, por eso la historia de Sonia y la de cada mujer que ha caminado por este sendero nos recuerda que tenemos espíritu, pero necesitamos temple.

“Sí existe el síndrome postaborto y no le deseo a ninguna que sienta lo que yo, pero definitivamente creo en la libertad de elegir”

Claves

En 2019, la mortalidad materna aumentó 40 por ciento en el estado

El 3 de octubre, el Congreso local negó votar en el pleno sobre la iniciativa para despenalizar el aborto

En el país, únicamente la Ciudad de México y Oaxaca permiten la interrupción legal del embarazo antes de las 12 semanas

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