Tomás Serrano Avilés

En Pachuca, el agua como recurso vital parece no interesar a nadie. A nivel mundial, la disponibilidad de agua presenta una de las principales preocupaciones de los gobiernos, empresarios, comunidades e individuos. De acuerdo con las diversas problemáticas, el acceso a los recursos hídricos se sitúa como tema prioritario de seguridad y como cuestión clave para garantizar la calidad de vida de la población, la rentabilidad de las actividades económicas y la manutención de los ecosistemas, motivo por lo cual se torna vital su debido uso y gestión.

Los balances hídricos apuntan a que una diminuta fracción de las aguas dulces del planeta se encuentra disponible a todos los usos. Se trata de una porción mínima que solventa todas las actividades vitales y económicas vigentes. A pesar de las constantes alarmas y predicciones acerca del aumento de la demanda y disminución de la oferta por ese recurso, el seguimiento de la concentración urbana y el modelo neoliberal vigentes han acelerado la depredación de los recursos hídricos, tanto por los modos corrientes de producción y de apropiación privada de recursos colectivos como por los elevados niveles de consumo y de contaminación que esos procesos suelen generar. Además, a nivel mundial, sea de manera permanente o en determinadas épocas del año, el escaseo del agua potable tiende a profundizarse por efecto del cambio climático.

En Pachuca, día a día, la ciudad sigue creciendo sin planeación, pues la ciudad se construye encima de las reservas de agua, las que el día que se requieran no se va a poder extraer.

El peligro de desabasto de agua es inminente, previsible en diversas y extensas regiones. De acuerdo con el proceso de urbanización y metropolización en Pachuca, se prevé un incremento de la demanda por el agua potable y un crecimiento sin precedentes de la vulnerabilidad ante el peligro de escasez, particularmente porque en 2020 quién sabe si lloverá, ya que ya viene la siguiente sequía cíclica que se ha demorado un par de años, afectando a las comunidades más pobres asentadas en la periferia.

En fin, la ciudad se expande sin una planeación decisiva, cuyo objetivo central habría sido el bienestar público. La cuenca donde se construye la ciudad de Pachuca debería estar protegida, principalmente como áreas de recarga de acuíferos. Mientras, el agua de desecho, así como el montante recurrente de la pluviosidad, se han exportado a otras partes como la Ciudad de México desde la década de 1980.

El punto crucial indica que en Pachuca nadie se interesa para modificar la construcción de la ciudad sobre las reservas de agua. Hoy hay escasez relativa, con inminente riesgo a que se intensifique el desabasto de agua potable. Con base en diversos estudios, se comprueba que el acuífero Cuautitlán-Pachuca se está secando a la misma velocidad en que se expande la ciudad. A ese efecto hay que agregar la incapacidad del Estado para intentar alcanzar una razonable gobernabilidad de los recursos hídricos.

Comentarios